miércoles, 22 de diciembre de 2010

Menendez compadre la concha de tu madre, o el peligro del marxismo.

No tengo split, no señores, no tengo split. Soy una mina grande y amargada y estoy esperando que den el veredicto al hijo de una recontracalcada concha de su madre de Benjamin Menendez.
Pienso en el calor, pienso en un cuento de infancia, de esas colecciones para niños muy chicos, ilustradas, muy mal traducidas que venian con juguetito: El doctor Zito, por ej. O la fosforerita, Cuentos siniestros, abominables y terribles.
Busco en internet al negrito Sambo. Solo me acuerdo la version absolutamente discriminatoria que lei ¿que juguetito traeria? ¿Un bonete del kukluxklan?
Mientras puteo porque no puedo con este calor ir a la grafica a llevar a imprimir mi libro (un albur mi libro, se me envejece el deseo de editarlo como una flor en una siesta de Macondo), espero al veredicto
voy a copiarles el terrible cuentito del negrito sambo y se lo voy a dedicar al bloguer Mosterio, de la cueva del Mostro, porque es el unico tipo que conozco que puede leer hasta el final semejante bizarreada.
Y mientras esperamos el veredicto que los haga concha a Menendez y a Videla (como a los nazis -hijos de puta- les va a pasar....)

 temed, argentinos, del peligro del marxismo!!!
Dixit Menendez el gran patriota incomprendido:

 los "guerrilleros abandonaron la lucha armada y se mimetizaron en la sociedad simularndo ser pacíficos civiles, pero no abandonaron sus oscuros propósitos de transformar la sociedad, esta vez al estilo de Gramsci, ocupando las instituciones de la sociedad civil".
Ante eso, dijo, pidió a los argentinos a unirse "para detener esa marcha hacia el abismo".


Mientras espero el veredicto, usted. leease el terrible Negrito Sambo.



image_02


Érase una vez un negrito llamado Sambo que vivía con su madre Mumbo y su padre Jumbo.

image_07
Por su cumpleaños, Mumbo le hizo ella misma un precioso abrigo rojo, y unos pantalones azules.

Jumbo fue al mercado y le compró una sombrilla verde, y unos llamativos zapatos morados con costuras doradas.

Con su ropa nueva el negrito Sambo se sentía en la cima del mundo, así que se puso su nuevo conjunto, y se fue a jugar a la jungla.

Estando solo en la jungla, un enorme tigre apareció de repente y le grito: "¡Negrito Sambo te voy a comer!". Muerto de miedo el negrito Sambo respondió: "Señor tigre, no me coma, a cambio le daré mi chaqueta roja, y será usted el tigre más guapo de la selva". El tigre respondió:"Muy bien, por esta vez no te comeré, pero tienes que darme tu chaqueta roja". Se puso la chaqueta roja del negrito Sambo y se marchó de allí diciendo:"Soy el tigre más grande y guapo de la selva".

image_18
El negrito Sambo siguió su paseo, pero inesperadamente, otro tigre saltó delante suyo y le dijo:"¡Negrito Sambo te voy a comer!". Muerto de miedo el negrito Sambo respondió: "Señor tigre, no me coma, a cambio le daré mis pantalones azules, y será usted el tigre más guapo de la selva". El tigre respondió:"Muy bien, por esta vez no te comeré, pero tienes que darme tus pantalones azules". Se puso los pantalones azules del negrito Sambo y se marchó de allí diciendo:"Soy el tigre más grande y guapo de la selva".









image_23
El negrito Sambo siguió su camino, al poco tiempo, de entre la maleza, salió otro enorme tigre y le dijo:"¡Negrito Sambo te voy a comer!". Muerto de miedo el negrito Sambo respondió: "Señor tigre, no me coma, a cambio le daré mis zapatos morados con costuras doradas, y será usted el tigre más guapo de la selva". El tigre respondió:"¿Para me servirían tus zapatos si tengo 4 pies y tu solo tienes dos zapatos?". Pero el negrito Sambo respondió:"Puede llevarlos en las orejas". Y el tigre, complacido, dijo:"Buena idea, dámelos y por esta vez no te comeré". Se puso los zapatos morados con costuras doradas del negrito Sambo en las orejas y se marchó de allí diciendo:"Soy el tigre más grande y guapo de la selva".




image_27
Volviendo hacia casa, el negrito Sambo se encontró con un cuarto tigre, que le dijo:"¡Negrito Sambo te voy a comer!". Muerto de miedo el negrito Sambo respondió: "Señor tigre, no me coma, a cambio le mi sombrilla verde, y será usted el tigre más guapo de la selva". El tigre respondió:"¿Cómo puedo coger la sombrilla si necesito mis cuatro patas para andar?". Pero el negrito Sambo respondió:"Puede atársela a la cola y llevarla a todas partes". Y el tigre, complacido, dijo:"Buena idea, dámela y por esta vez no te comeré". Se ató la sombrilla verde del negrito Sambo en las cola y se marchó de allí diciendo:"Soy el tigre más grande y guapo de la selva".

El pobre negrito Sambo lloraba desconsolado de camino a casa porque los crueles tigres le habían despojado de toda su ropa nueva.

Entonces, el negrito Sambo oyó unos enormes rugidos que se oían cada vez más fuerte y pensó:"¡Oh Dios mío, los tigres han vuelto para comerme!¿Qué hago?", y se fue corriendo a esconderse tras una palmera.

Desde allí observó como los tigres discutían y peleaban entre ellos quien era el tigre más grande y guapo de la selva. Y se enfadaron tanto, que se quitaron toda la ropa del negrito Sambo y empezaron a morderse y arañarse con sus garras y colmillos.

Se acercaron en medio de la pelea rodando por el suelo justo al lado de la palmera donde se escondía el negrito Sambo. Este saltó de allí y se acercó corriendo a sus ropas, mientras los tigres se mordieron cada uno en la cola del otro formando un círculo alrededor de la palmera.

image_38
Entonces el negrito Sambo desde lejos les gritó:"Señores tigres, ¿Por qué se han quitado mis ropas? ¿Acaso ya no las quieren?". Ninguno de los tigres quería soltar la cola del otro, así que tan solo hubo gruñidos como respuesta. El negrito Sambo dijo entonces:"Si las quieren, díganmelo, o si no me las llevaré". Pero de nuevo, ninguno de los tigres quería dejar escapar al siguiente, y los gruñidos fueron la única respuesta mientras el negrito Sambo se ponía su preciosa chaqueta roja, sus pantalones azules, sus zapatos morados con costuras doradas, y se iba andando bajo su sombrilla verde.

Los tigres se enfadaron más y más, y sin dejar escapar unos a otros, corrían uno tras otro alrededor de la palmera. Y corrían tan rápido que ni siquiera podían ver sus piernas. Y corrieron más y más rápido hasta que se derritieron formando un gran charco de mantequilla a los pies de la palmera.

image_42
Poco después, Jumbo pasaba por allí de vuelta del trabajo con una gran jarra en sus manos, y cuando vio aquel charco de mantequilla pensó:"Mmmm que deliciosa mantequilla derretida. La llevaré a casa y Mumbo la cocinará".

Así que lleno su jarra con ella y se la llevó a Mumbo, que se puso muy contenta y cocinó tortitas para cenar.

Cogió harina, huevos, leche, azúcar y la mantequilla que Jumbo le había traído que era tan amarilla y marrón como los tigres, y hizo un plato enorme de deliciosas tortitas.

Se sentaron todos juntos en la mesa, y Mumbo se comió 27 tortitas, Jumbo se comió 55 tortitas, pero el negrito Sambo se comió 169 tortitas, pues tantos sustos le habían dado mucha hambre.

4 comentarios:

  1. Quiere saber una cosa? Yo tamién lo leí, en una edición más resumida, supongo que para niños más chicos, creo que de SIGMAR. Siempre me quedó la imagen de los tigres transformados en mantequilla. ¡Mantequilla! No manteca. Pobre negro, a la final, tenía una vida de negros, che. (Toy escuchando el veredikto. A saltar a pesar del calor)

    ResponderEliminar
  2. Este también con Gramsci.
    El pobre Antonio se tuvo que tragar tantos años en las cárceles del fascismo. Fue un hombre tan castigado por los hijos de puta.
    Lo habrán leido siquiera?

    En recuerdo de mis amigos desaparecidos; púdranse hijos de puta!

    ResponderEliminar
  3. ejem!!! como se puede juntar en un mismo post al negrito sambo y a menendez y videla. Lo peor es que uds. me hacen la segunda.

    ResponderEliminar

las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

cateterismo

La mañana se desliza entre nescafé y el viaje a la clínica, él manejando con auto mientras el otoño, otro otoño, otro mas, casi rutina y des...