hugo pratt

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SOLO SOY CRITICABLE EN EL MARCO DE LA IDEA QUE YO TENGO DE MI MISMO
(Ricardo Piglia)

S I R E N A S
A H O G A D A S
E N V O D K A


sábado, 30 de noviembre de 2013

la puta

Eramos 3, y ella había tenido polio apenas nacida, en el 55. Para el tiempo de este relato ni siquiera nos podíamos llamar adolescentes, eramos puberes que querian crecer, ninguna había conocido varón, pero ganas no nos faltaban. Explorabamos.

A èl lo habiamos hallado mediante un ardid que el tiempo descartó: las bromas telefònicas. Llamabamos a un numero al azar y veìas que pintaba: el tenia 18 y nos habia dado bolilla. O tal vez tenia mas. Diecinueve: un exceso.
Quiero imaginarnos a las tres pasandonos  el telefono (negro, rotundo, con disco), riendonos guarangamente, como solo se rien las mujeres a los 13 años. Y cada una desarrollaria su linea: pagaría  el oro del Perù para ver cual era mi argumento de seducciòn a los trece,  por ese entonces, yo había leído a Kafka -las otras no- y hombre (19 años) tambien.  Tengo un vago recuerdo asociado a Kafka.
El no vivía en el sur, pero accedió a venir a una confiteria a conocernos a las tres.
 Ella, que habia tenido polio y sufria una renguera que la avergonzaba como si tuviera la culpa, no viene. Solo yo y la otra. Llegamos, (en secreto, claro, mi vieja no me hubiera dejado) y hablamos un rato: era demasiado grande para nosotras, no nos gustò demasiado y ese fue el fin del asunto: lo que mas me acuerdo es que yo hablaba de Kafka.
Volvemos encendidas a contarle a la ausente, los detalles (que el tiempo borrò) . Nos recibe la madre, indignada. Me dice "vos sos una puta, le robaste el novio a mi hija". Yo no entiendo nada, salvo el insulto y la injusticia del insulto.
Voy a la casa de la otra, me recibe la madre y me ve llorar: le cuento el suceso y le pido que confirme mi justificación "yo soy buena".

En fin. Hubiera querido que la segunda madre se olvide con los años del suceso. Hace poco -vieja y senil- me vio y me dijo ¿te acordas cuando viniste a casa llorando y me decías "yo soy buena"
Le dije que lo había olvidado. Pero no.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

encontrado adentro de una mochila negra

una rotring, un lapiz, una libreta de anotaciones
una netbook, una calculadora cientifica
un gps, un pen drive con canciones  de talking head.






martes, 26 de noviembre de 2013

el infierno repudia a los que dicen amarse.

Este es el segundo cuento de monjas que tiene este blog. Y tiene moraleja.
El autor es Andrés Neuman.(copy and paste de La Mujer de mi Vida)
Para que te compongas, alma.



Mi único pecado

Por Andrés Neuman

 Cuando conocí a Juana, aunque ya no era sor, me volví loco. O no. Me explico mal: se volvía loca ella, y por lo tanto yo.
Sor Juana abandonó el convento cuando tenía treinta y nueve años. La noche en que la conocí, ella me dijo que todo había sido culpa de la menopausia. ¿Qué dices?, objeté yo, pedante, ¡la menopausia empieza a los cincuenta! Juana se me quedó mirando como esos curas que están a punto de castigarte y deciden absolverte. Se me quedó mirando con una sonrisa helada, invitadora, con esos ojos negros como sus dos pezones, y contestó tranquilamente: ¡Tú qué vas a saber de la menopausia de las monjas! Quince minutos después, Juana pagó las copas. Veintidós minutos después, milagro, encontramos un taxi libre en la Gran Vía. Cuarenta y tres minutos más tarde, ella daba alaridos encima de mí, inmovilizándome las muñecas.
Acostarme con Juana, y no me entiendan mal, fue como recuperar la fe. Gracias a ella encontré la luz, la senda, el gozo divino, más o menos por las mismas razones por las que ella los extravió para siempre. Sospecho que me explico mal. Es lógico: hablar de Juana me trastorna la lengua. Lo que intento decir es que Juana, siempre según su relato, perdió la virginidad con un fraile gordito una semana antes de colgar los hábitos. Para ser precisos, digamos que perdió la virginidad con seis o siete frailes, no todos ellos gorditos, a los treinta y nueve años de edad. Fue, en sus propias palabras, probar apenas uno y ya quererlos todos. Todos. Todos. Todos. Huelga decir que la repetición no es mía, sino de Juana. Así lo contaba ella, con los ojos entrecerrados y las piernas bien abiertas, después de cada orgasmo. Esta imagen me recuerda de inmediato el sexo de Juana: angosto, acogedor, velludo. Procuraré no desviarme demasiado.
En cuanto Juana comprendió que nunca más sería digna a los ojos del Señor, cosa que comprendió rápido, se dejó crecer el cabello, se buscó un trabajo de ayudante en una veterinaria y dedicó todo su tiempo libre (todo, todo, todo) a fornicar con hombres de cualquier aspecto, raza y condición. El único requisito, según contaba Juana, era que no se enamorasen de ella. Y que se lo prometieran desde el primer día. Yo ya he estado casada, les decía (nos decía), con el más grande Él de todo el universo. Viví comprometida con mi Señor desde los dieciocho hasta los treinta y nueve. Y como es imposible aspirar a entregas más altas, yo ahora quiero sexo, sexo, sexo. Aunque sé que por eso me voy a condenar.
Cualquiera que no se haya acostado con Juana, y reconozcamos que esa posibilidad empieza a ser remota en Madrid y alrededores, podría reírse de esa frase suya: sé que por eso me voy a condenar. Y creería quizá que se trataba de una excusa pía, por no decir barata. De un subterfugio para redimir su comportamiento pecaminoso. Pero bastaba una sola noche con ella, por no decir un breve coito, apenas un amago de penetración, para comprender hasta qué punto la afirmación de Juana era severa y transparente.
La vida sexual de Juana era mucho más que eso. Que vida, me refiero. Y de no haber sido tan arrasadora y entusiasta, estaría tentado de decir que se trataba justo de lo contrario: de una muerte sexual. Con sus correspondientes, y absolutamente inevitables, resurrecciones carnales. Puedo imaginar, casi puedo oler los equívocos que esta declaración despertará en las mentes más perversas. Éxtasis espasmódicos. Succiones misteriosas. Burdas acrobacias. Inverosímiles duraciones. Por Dios, por Dios, por Dios. Nada más lejos: lo de Juana era distinto. Más llano. Sin técnicas orientales. Sin posturas incómodas.
Lo de Juana era algo que nuestra civilización casi ha perdido: pura lascivia. Con sus tentaciones irrefrenables, sus remordimientos sinceros y sus reincidencias fatales. Lo increíble era que estos ciclos que a la gente vulgar pueden llevarle días, meses, años, Juana los resumía vertiginosamente en unos minutos: los mismos que durase el sexo. Intentado una aproximación científica, digamos que las mujeres normales experimentan las fases de excitación, meseta, orgasmo y resolución. Juana en cambio padecía rubor, enajenación, arrepentimiento y recaída. Sin parar. Con la naturalidad de una tormenta de verano.
Desde la primera noche que pasé con Juana en su casa, rebotando en el sofá de la salita de estar, asistí boquiabierto a la liturgia que se repetiría siempre. Ella me desnudaba con brutalidad, me mordía con ansia, me rechazaba brevemente, se arrancaba las bragas y me atraía dentro de ella. Entonces daba comienzo la parte más asombrosa, la que terminaba de capturar mis sentidos y que, de alguna forma, terminó por condenarme: Juana hablaba. Hablaba, aullaba, rezaba, suplicaba, lloraba, reía, cantaba, daba gracias. Para hacerla ingresar en aquel trance no hacían falta hazañas físicas. Sólo había que dejarse llevar. Aceptarla. La recompensa era, sin excepción, apabullante. Entre los cientos de obscenidades bíblicas que Juana profería durante el acto, a mí me fascinaban sobre todo las más simples: «me fuerzas a pecar, maldito»; «por tu cuerpo ya no tengo perdón»; «me llevas al infierno». Algún escéptico podrá objetar que eran meras exclamaciones de doctrina. Pero a mí, siendo honesto, esas cosas me conquistaban. Soy un hombre corriente. No suelo despertar grandes pasiones. Y nunca jamás, entiéndanme, había llevado a nadie hasta el infierno.
Mi tragedia era esta: ¿cómo fornicar después de Juana? ¿Valía la pena salir de las voluptuosas llamas del averno para reposar en las mediocres blanduras de un colchón cualquiera? Con Juana cada embate era un acontecimiento. Un placer deplorable. Un acto de maldad trascendente. Con las demás mujeres, en cambio, el sexo sólo era sexo. Mecánica anatómica, deseo satisfecho. Desde que conocí a Juana todas mis amantes ocasionales, y muy especialmente las progresistas, me parecían tibias, previsibles, de una normalidad desesperante. Lo que hacíamos juntos no era terrible, ni atroz, ni imperdonable. Ninguno de los dos perdía sus principios al hacer lo que hacíamos. Con el tiempo fui pasando de la apatía a la fobia, y llegué a detestar los gestos vacíos que intercambiaba con mis amantes. Las pequeñas contracciones. Los grititos moderados. Los tímidos gemidos. Ya no podía estar con nadie que no fuese Juana. Sin ella, el sexo carecía de promesas.
La última noche que vi a Juana, iba vestida como de costumbre: falda ancha y zapatos viejos. Sin maquillar. Un poco despeinada. Y con la carne erizada, temblorosa, como en espera de un terremoto. Cuando ella se arrancó las bragas y contemplé de nuevo su sexo oscuro, no pude evitar besarla y susurrarle al oído: Estoy enamorado. Juana cerró las piernas de inmediato, se ovilló en el sofá, elevó el mentón y dijo: Entonces vete. Lo dijo tan seria que ni siquiera tuve ánimos para insistir. Además, era yo quien había incumplido su promesa. Me vestí avergonzado.
Mientras cruzaba la salita, oí que Juana me chistaba. Me volví hacia ella con la esperanza de que hubiera cambiado de opinión. La vi acercarse desnuda. Caminaba rápido. Se notaba que tenía los pies fríos. Me miró fijo a los ojos con una mezcla de rencor y compasión. No se puede ir al infierno por amor, me dijo. Después se apagó la luz.
Todavía hoy, cada vez que pienso en Juana, se me doblan las rodillas y se me seca la boca. Mi vida, por supuesto, siguió adelante. No me va mal. He vuelto a acostarme con otras mujeres. Yo no me enamoro, ellas no enloquecen. Nos vemos de vez en cuando. Fingimos encontrarnos para cenar. Bromeamos con cortesía. Nos aburrimos gratamente.
A veces me miro al espejo, acerco la boca a la boca y me pregunto qué ha sido de mis infiernos. La respuesta es sencilla: nada. Nunca he tenido un infierno propio, como Juana. Mi único pecado fue perderla.

Andrés Neuman nació en 1977 en Buenos Aires, ciudad donde pasó su infancia. Hijo de una familia de músicos emigrantes, terminó de criarse en Granada, en cuya universidad fue profesor de literatura hispanoamericana. Entre sus libros destacan las novelas @El viajero del siglo@ (Alfaguara), @Bariloche@ y @Una vez Argentina@ (Anagrama), los libros de cuentos @El último minuto@ y @Alumbramiento@ (Páginas de Espuma), la colección de microensayos @El equilibrista@ y el volumen @Década@ (Acantilado), que reúne sus libros de poesía. Ha recibido, entre otros, el Premio Hiperión de Poesía, el Finalista del Premio Herralde y el Premio Alfaguara de Novela. Su página web es www.andresneuman.com. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

En los camalotes cantan las sirenas, pero Ulises camionero no las oye, sólo escucha la radio. Y acà la calandria silba y me encuentra en vela.

VIENTO SUR



No hay túnel que dure cien años, mi vida.
Mirá como se arruga la tiniebla,
la procesión de pálidas se desbarranca,
los funcionarios inauguran ruinas.
Y vos y yo fundamos aires buenos.

Dónde estará la plata de mi río,
sólo barro y olitas de minué.
En los camalotes cantan las sirenas,
pero Ulises camionero no las oye,
sólo escucha la radio.

Llueve liquen en los decrépitos televisores,
buenas noches a todos, mariposas y difuntos.
Transmiten en cadena las cadenas.

El cemento se cansa de ser cobija de la Pampa.
Por los baches asoma la luz mala,
resucitan cardos y maíces,
abran paso a las luciérnagas curiosas que verán.

Viento sur, olor a transparencia,
silbo de la calandria,
madrecita cantora del primer rayo de la aurora.

La sopa de los pobres llega al centro,
y su vapor al reino de los cielos.

Ventolina que barre tormentas,
lavadero del alma, nos deja serenitos,
reciclando la pena en vasto amor.
Silbo de la calandria y vidalita de la esperanza.

Darle cuerda al amanecer, empujar un poco al Sol,
al buen día meterlo en casa.
Silba la calandria y nos sorprende en vela,
amuchados, con ganas de seguir.

Estación claridad, vamos llegando...

sábado, 23 de noviembre de 2013

viernes, 22 de noviembre de 2013

Musica y humor, las dos cosas que mas "molan" en la vida.

Juli, mi hijo,  me había hecho conocer el Cannon y también este video que había olvidado.
Hoy el detective Marlowe, un amigo de la casa, mando un link a una orquestaciòn del cannon y también a este youtube, hermoso, donde no podes mas que sonreír, aunque seas un amargo.
ES QUE HOY ES EL DÍA DE LA MÚSICA,   y la sirena tararea en su charca, hipnotizando a todo lo que pase por allí. Tararea el canon, claro



pd. gracias marlowe

jueves, 21 de noviembre de 2013

¿a quien le amarga un dulce?

Hablaba hoy con Fernanda y me dijo algo que para mi es un axioma. Que un buen piropo te puede levantar el dia, y recordè este post. Tiene tres años...y sigo pensando lo mismo.

martes, 14 de diciembre de 2010


politicamente incorrecta: el caso de los piropos.

Que calor hace en el conurbano, joder!!! Iba yo vestida de negro. Calzas negras, negras sandalias y un vestidito de modal negro arriba de las calzas que me hace lucir moderna pero que tiene el proposito de disimular la zapan.
Nada, olvidable. iba yo por la calle acalorada como una buena menopausica, muy cansada, realmente muy cansada. A contramano un tipo arrastrando un carro. Un cartonero, nos cruzamos, mirada como diciendo que calor hijo de puta, ambos rejuntados en el mismo sentir. El, arrastrando su carro y yo arrastrandome.
Me mira y me dice "mami, vos si que estás linda", y yo le regalo mi mejor sonrisa, como si fuera un galan de telenovela.
Creo que los dos contentos (yo por lo que el tipo dijo, el por mi sonrisa), seguimos nuestro camino. Nadie resulto herido, no hubo acoso ni asco.
Se que las feministas abominan de los piropos, pero no hubo ninguna violencia ni en la mirada del tipo ni en mi sonrisa.
Que digan lo que quieran, a mi me van los piropos... Por ahi porque no estoy en edad de merecer, por ahi porque si un tipo que arrastra un carro con 38 grados a la sombra abre la boca para decir algo, no puedo menos que ponerme feliz de que tenga una mirada amable hacia mi.
tengo poca conciencia de genero, se ve, hermana.
nota de la redacción: la sirena no es linda,ni joven, ni agraciada. Pero es una mina agradecida.

ç

Laura15 de diciembre de 2010 00:28
Piropos para el pueblo!
Responder

Anónimo15 de diciembre de 2010 05:33
a) vos brillas con luz propia
b) me haces tanto bien.
cosas sencillas.
ra.



Responder

Mundo Aquilante15 de diciembre de 2010 10:28
totalmente, si el piropo es con amor y cordialidad (palabra que viene de corazón) adelante pues! el libidinoso no me va para nada y los saco a las verdaderas puteadas como por ejemplo: -No soy tu bebe la concha de tu madre- o (cuando te dicen el gran HOLA libidinoso-¿qué hola? porqu eno te saludas el miembro forro!- En fin, no soy feminista pero no me gustan los pajeros que me ven como un objeto. Ahora las galanterías me encantan, son cariñosas. Ese don nunca te hubiera hecho ningún daño ni nada que vos no quisieras. Los otros putos sí los veo capaces.
Saludos desde Mundo Aquilante!
Saludos desde Mundo Aquilante!
Responder



GABU15 de diciembre de 2010 12:52
Yo tambièn soy un pescaù y pa' colmo cuando algùn señorete confundido en el azar de esta life me tira un piropo,soy capaz de desenfundar un arsenal de puteadas dignamente enviado por cualquier barrabrava del mundo entero!!!
jajajajajajajajajaj

P.D.:Sin ir màs lejos caminaba yo un dìa por la zona portuaria de Puerto Madero acomodàndome la delantera cuando escucho una voz que casi rozàndome el oìdo me dice:"si se unen los mares con los rìos,unamos tu pecho con el mìo" ¿? :S

TODAVÌA ESTOY CAGÀNDOME DE LA RISA!!!
jajajajajaajajajjaj

BESOTES DIOSA DE LOS 7 MARES ;)
Yo tambièn soy un pescaù y pa' colmo cuando algùn señorete confundido en el azar de esta life me tira un piropo,soy capaz de desenfundar un arsenal de puteadas dignamente enviado por cualquier barrabrava del mundo entero!!!
jajajajajajajajajaj
P.D.:Sin ir màs lejos caminaba yo un dìa por la zona portuaria de Puerto Madero acomodàndome la delantera cuando escucho una voz que casi rozàndome el oìdo me dice:"si se unen los mares con los rìos,unamos tu pecho con el mìo" ¿? :S

Responder

Tio Pepe15 de diciembre de 2010 18:44
  1. Totalmente de acuerdo con vos!...por qué no podemos aceptar un piropo oportuno y mejorador del ego? eh!!?? por qué habrían de ser siempre para las jóvenes y agraciadas? Ni siquiera lo aprecian!!!...mi hija es una diosa y se fastidia cuando le dicen algo por la calle...
  2. Usted sabe que voto a dos manos la disposición del piropo diario obligatorio. No hay mejor política sanitaria que el piropo, la palabra amiga, es gratis, no es adictiva y no tiene contraindicaciones.
  3. Prefiero un piropo de obra de construcción (cito últimas versiones: "Con esos jamones tengo para comer bifes de acá hasta que me muera", "Ella toma el yogurcito para sacar cuerpo") al "Boludaa sos una diosa totaal" con tonadita palermeña. Los primeros me sacan sonrisas los segundos nauseas.
  4. Sos una mujeraza inspiradora sirena!

  5. Isaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa NILDIIIIIIIIII!!!!!
  6. Enorme Sirena, enorme!! Aplausos para usted. Que pena no haber sido yo quien la piropeara, porque esa sonrisa de respuesta debió ser un regalo divino. Saludos, y más aplausos !!

martes, 19 de noviembre de 2013

Solo se que no soy yo a quien duerme, nanaranà, nanaranà nararanaaa...................

Justo que pensaba en vos, nene, caí muerta
¿Qué le dio al pequeño dios
del centro gris del abismo? 
Sólo sé que no soy yo a quien duerme
Sólo sé que no soy yo a quien duerme 

Dime nene. dónde ves ahora

algo en mí que no detestes? 
Qué sola y triste voy a estar en este cementerio
Qué calor hará sin vos en verano

lunes, 18 de noviembre de 2013

anti down desde el down

Si me dejo estar en la indolencia, en esta pendiente suave del barranca abajo, con los motores apagados, parece la muerte. Entonces desde el  pozo, planeo ascensos, tallo escalones en el barro, me agarro de las raíces que hacen de ramas, para tomar coraje, para ascender en vuelo.
Arriba hay cielo, pero no el cielo de los justos, sino el cielo soleado de los picnis, de las ganas puras, de las piernas que no pesan, del -como decirlo- alma liviana.
En el pozo la inmovilidad es cómoda, adormecedora, podria acovacharme en esa nada, dejarme estar,morir sin ruido esta alma mía.
Escupo como el veneno que se chupa de una mordedura de serpiente, el anodino malestar de la rutina. No me abandonaré hasta que venga la muerte verdadera,la sin retórica, la que no podré contar.
Me agarro a las raíces que son como ramas y se que todo puede venirse abajo, asciendo despacito y empieza el lunes. Gracias por llenarme de música, vida.

viernes, 15 de noviembre de 2013

¿como te puedes reir hermosa? La sirena Julia que baila con tachos y calles y el mar ¿quien no?



POR PROBAR EL VINO Y EL AGUA SALADA...


Julia que baila con tachos y calles y el mar
ya será, ya será
la prometida del rey de los locos, quizás,
o tal vez partirán en la madrugada
con el nuevo sol en la nariz.
Por probar el vino y el agua salada,
para olvidarse de ser rey y ser feliz.
Los cucús lloran, los diarios no salen jamás,
ya no hay pan, ya no hay sal.
Las niñas han regalado sus piernas al mal,
Satanás volverá
a bien castigarnos
por dudar del rey de este lugar.
Por probar el vino y el agua salada,
por la gente murió nuestro rey en paz.
¿Cómo te puedes reír así, hermosa,
cuando forzaste mi mente?
¿Cómo te puedes reír así, hermosa,
cuando mataste mi gente?
Por probar el vino y la mermelada...
Julia que baila con tachos y calles y el mar,
ya será, ya será
la prometida del rey de los locos, quizás,
o tal vez, partirán en la madrugada
con el nuevo sol en la nariz.
Por probar el vino y el agua salada,
para olvidarse de ser rey, y ser feliz.

lunes, 11 de noviembre de 2013

la travesía

La travesía

Tengo las coordenadas exactas

He calculado estrellas y distancias
destilando la codicia
de un capitán de barco negrero
alucinado
que se larga a la mar
con lo que hay


Utilicé un sextante de bronce antiguo.
Impuse sobre el plano
líneas imaginarias
que me llevaran de aquí para allá
en el espacio eterno del sueño
en el espesor del deseo

He intentado vanamente el rigor
de alternativos replanteos planimétricos

No revisés el proyecto:
te vas a dar cuenta que mis previsiones
no son sustentables,
los instrumentos están descalibrados
que confundo  la latitud con  la  longitud
que no tengo idea de cuales son las ordenadas 
y cuales las abscisas.


Bitácoras de naufragios
han tratado vanamente de advertirme
que mis errores de escala
 los cálculos mal hechos
las imprevisiones, y el fuerte viento
desorientaran  la ruta

Y de llegar a destino,
y ya en la costa,
farallones y bancos de arena
arruinarán la empresa

Que  no es viable
tal travesía
que tratándose de nosotros
no hay conjunto de planos que valga

A despecho de la racionalidad
en mi vigilia
cada  amanecer
llego a tu puerto.

sábado, 9 de noviembre de 2013

aunque estemos hechos concha.

Uno se emociona con cada cosa!
Muchas veces he hablado (ayer con Riqui por ejemplo) si se cambiaba primero de afuera o de adentro. Si los cambios de afuera no eran sustentables sin cambiar nuestra subjetividad.
Yo tengo una linea argumental. Uno cambia desde donde puede, cuando esta hecho concha y necesita hacerlo. De donde sea mas fácil.
La emoción del tipo que vemos en este video es legitima, apuesto mi sello.
No hay que ningunear la estética, que es la que (bueno, dejenme ser lacaniana por un segundo) vela el horror.
A mi, por ej, una sirena desarrapada, un cambio como el del quia del video que les paso a mostrar, me vendría (¡que no!) de periquete. De adentro ando bien. Ja.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

cosas que piensan las sirenas.



La canciòn tiene un origen que no me gusta. Lo rebasa. Es mucho mas que eso.
La cantan un montón de sirenas. He escuchado las versiones de Liliana Vitale, de Eva Aylon, Susana Baca, la de la autora, Chabuca Granda, la de Magdalena Leon

Se le nota algo muy de mina, es preciosa. Me puedo reconocer en esa anticipación, en ese momento previo, en esos calores, en el temor que guarda.

Les cuenta la historia. Parece que Violeta Parra salia con un pibe de 20 a sus cincuenta años. Muy metejoneada, ninguneando que el pibe tenia la edad de ser su hijo mas chico. Salieron un año. El pibe la dejò, se deprimiò y se matò. Antes le contò a Chabuca Granda como se sentia en relaciòn a este amor.
Por supuesto era una muerte anunciada. Las cartas del suicidio estaban jugadas desde antes que su amante naciera.

¿que mina no habrà pensado alguna vez "como serà tu piel junto a mi piel"?
Cosas de las sirenas, que ahogan en vodka.

martes, 5 de noviembre de 2013

cartografia del sueño

En el sueño, una luna marcada en el mapa
como un accidente geográfico
para que la sirena no se pierda
en el camino al barco hundido
Con la bitácora, imposible perderse.
Lo dobla en ocho, lo guarda en el bolsillo
haciendo dedo en la ruta del sueño
para llegar a horario
Cruza en los cielos, mas que el Espacio, el Tiempo
y llega a tiempo 
increiblemente aterriza entre mantas de polar

sin el viento en contra

algo viejo que merece volver a leerse.

cateterismo

La mañana se desliza entre nescafé y el viaje a la clínica, él manejando con auto mientras el otoño, otro otoño, otro mas, casi rutina y des...