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ulises el impostor, haciendole un feo a las sirenas. (Kafka)

E l silencio de las sirenas Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba: Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría. Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera s...

de marco denevi sobre como tratar a las sirenas.

Sobre las sirenas Ni redes de oro ni arpones de plata. Así no cazarán ninguna sirena. Nada de músicas; el rumor del mar las vuelve sordas a las débiles musiquitas terrestres. Tampoco alhajas: prefieren las madréporas y los corales. ¿Visiones? ¿Dinero? ¡Qué candor! Las Sirenas viven desnudas y, en cuanto al dinero, ¿qué harían con papeles mojados? Monedas, quizá, pero sospecho que las confundirían con joyas y ya les advertí que desprecian las joyas de metal. Para cazar una sirena hay que hundir el barco. Hasta el fondo del mar, si es preciso. Hasta que la quilla repose sobre la negra arena del fondo, en medio de la oscuridad y del silencio. Es riesgoso, lo sé. Se corre el peligro de que el barco no vuelva más a la superficie. Pero si vuelve, en su arboladura, enredada en las jarcias, habrá una sirena. Marco Denevi (Argentina)