sábado, 17 de agosto de 2019

rest in pace.


                                              Se puede ser feliz sin pensar
                                              Julio Cortazar -Casa Tomada.



Los parques temáticos solo eran posibles en clave de farsa.
Éste se había levantado en el mismo sitio donde estuvo el Ital Park, solo que la escultura de Botero había quedado como señal de que nada podía ser como había sido.
Animatronics descartados de Disney Tokio fueron comprados por nuestro gobierno cuyo Ministerio de Cultura promovía la visita al lugar, mientras hologramas de apoyo al presidente y al intendente fingían darte la bienvenida.
Entre las atracciones menos visitadas, oculta tras los baños públicos, incluso vecino a  la primer cerca (pasada la cual había una electrificada) que hacía imposible que los habitantes de la villa cortaran camino, pues entre ellos y el parque no solo estaba el ferrocarril sino 5 cercas electrificadas, ahi, despues de todo, estaba el sillón matero.
Poco atractivo, un sillón matero, cuyo ingreso costaba mas de diez ingresos a la montaña rusa, y que nadie usaba. "Descanse de sus pensamientos" era el nombre en alemán. Un idioma que pocos conocen en este país sin destino.
Incluso de saberlo ¿quien querría descansar de sus pensamientos, pagando un dineral, en un lugar donde todo era estímulo virtual?
Ella, la de los ojos verdes con pintitas marrones, había topado con esa atracción casi de casualidad, quería ver si desde la cerca se veía el horizonte, tal vez el río.
No digamos que era atractiva o joven o de alguna manera visible, porque no lo era. Solo una mujer mayor deambulando entre los trastos de atrás de los baños, los cajones de plástico donde había habido latas y un poco de mugre.
Pero había sacado plata del cajero para sentarse en el sillon matero del parque de atracciones irónico.
Si una cosa le atraía era ese "descanse de sus pensamientos", sin siquiera saber el significado del texto que orlaba la entrada al sillón,  porque el alemán era una cosa lejana, deseada e imposible.
Incluso acceder a la atracción era dificultoso porque no había un cast member de la organización, ni lugar donde pasar la tarjeta y si un instructivo (en ingles) que decia el impagable precio y directivas para  encaminarse a la entrada del parque (cruzando muchas cuadras) y comprar el ticket en la casilla 11.
Con el empecinamiento de un vasco hizo todo ello y dejó un cuarto de jubilación en la casilla 11 y se dirigió al sillón matero, que la esperaba bajo el sol tibio de un agosto que no había superado el invierno. Puso la ficha dorada (todos los tickets eran de cartón, este era de metal)
y se sentó en el sillo, cruzando las abrazaderas, quedando atrapada como dentro de una madre en el sillón.
Así fue que este, propulsado por alguna tecnología invisible, al tenerla bien agarrada, empezó a subir, y ella vio el parque a la altura que permiten las montañas rusas, siguió subiendo y  vio Retiro todo, la ciudad como tantas veces desde el avion llegando a aeroparque y luego, ya atrapada vio mas, vio las nubes, vio el país y vio como su ropa iba incendiándose y se vio a si misma (ya no estaba en su cuerpo) hecha una antorcha y por fin entendió que descansaba de sus pensamientos.


domingo, 11 de agosto de 2019

un largo y tortuoso camino a ningun lado.

un largo y tortuoso camino a ningun lado.

La primera vez que fue a la ginecologa, a escondidas, para corroborar si un atraso menstrual era un incipiente embarazo, no se de quien tuvo la recomendación de que. en ese lugar .la iban a atender sin preguntarle por la madre y así dirigió sus pasos a los Bomberos Voluntarios .

El sitio, cuyo primer piso había sido una enorme sala de baile que había conocido grandes celebraciones de carnaval en otra era glacial, contaba con una sala de primeros auxilios donde todos los niños de la zona recibían  vacunas, los viejos se tomaban la presión y se daban inyecciones. También servia para las dolencias que acarreaban vergüenzas,como en este caso.

Con el afán típico de las sociedades de fomento de la primera mitad del siglo XX, sin animo de lucro, pero si un poquito, algo, que no se notara mucho, los bomberos habían hecho allí unos consultorios básicos -pediatría, clínica y ginecología- para los vecinos que tuvieran demasiado humos  para atenderse en el hospital publico (las estoy contando, cinco cuadras) o demasiada poca suerte como para tener una obra social, con sueldo en blanco.

Ella se dirige sola hacia la ginecóloga, sin turno, porque atiende  por orden de llegada. Es la siesta y es verano: Las chicharras alteran el silencio de la hora. hacen bardo, chillan como poseídas, en la calle no hay nadie y las casas se encierran en si mismas, como si el letargo de la hora las obligara a ser claustro, como si estuviera prohibido asomar la trucha a la calle y solo los incompetentes se le animaran al verano en la siesta.

Cinco cuadras la separan su casa natal,  otro barrio.

Faltando nada, ella reconoce la casa de los De Fasi, el chiquito fue compañero de su propio hermano,y ahi mismo le agarra una parálisis en las piernas.No puede avanzar. Una garrotera como la del Chavo, en las pantorrillas. Se queda dura, se da cuenta que  son los nervios, y no puede dar un paso. Nada que justifique esa contractura que, sin embargo, no es un calambre. Simplemente quiere levantar la pierna para dar un paso y luego otro, y no ha estudiado psicoanálisis , nunca escuchó hablar de las parálisis histéricas pero tiene la comprensión de que eso que le pasa es que el cuerpo dice, a la manera de los mandatos bíblicos: "no darás un paso mas". Un paso mas sería comprender que está embarazada, comprender que no quiere tener hijos, imaginarse un futuro sin ventura.

Como hace calor, no intenta sacarse los zapatos y amasar los pies con la vereda, para ablandarlos, para que de una vez hagan lo que tienen que hacer, para lo que están diseñados: caminar.

Se agacha sobre si misma y se masajea las pantorrillas. No puede llamar a nadie. eso desembocaría en que alguien se comunicaría con sus padres (después de todo es una niña, que otra cosa puede hacerse) y tendría que explicar que hace por esas cuadras, aunque eso es lo de menos, ella es la maldita Ama de las Mentiras, pero no puede ser que no camine. Quiere sentarse, quiere llorar, quiere irse de ahí.quiere no estar embarazada, quiere no tener que ir a la doctora.
Ni siquiera hay sombra, pero en la otra vereda hay un árbol, si llega al árbol no va a parar, no sea que no pueda caminar nunca mas.

En el consultorio de los bomberos no hay aire acondicionado, pero como arriba está el salón y los techos son altísimos, y todo es umbrío, seguro que ese calor pegajoso de su espalda se irá secando.Le dice eso a su pierna tullida.

El olvido se ha llevado la medición del tiempo:  una hora, por ahi no pasó ni un minuto, ella decide como una devota en Lourdes, que tal parálisis no va a llevársela puesta, entonces, como si la virgen le susurrara "avanza hacia mi, que Jesús te hará caminar", sin miedo, se iergue y trata de dar un penoso paso: Se clavan en su pantorrilla mil astillas, la muy hija de puta de la pierna no se mueve, pero el resto del cuerpo la arrastra, como se arrastra a un cadáver de los pelos para sacar a un ahogado del mar.

No hay nadie que le esté mirando. Menos mal, no necesita alguien que venga a preguntarle que le pasa, estatua en la vereda, sin llorar, mas enojada que otra cosa. Esa pierna de títere pinocho, de madera de pino, esa estatua de sal en la pierna, esa pierna que la delata (no puedo dar un paso mas), a una cuadra del consultorio de la ginecóloga que dictaminará su futuro, si se salva o va al matadero.

Se apoya en el pilar de la casa con todo su cuerpo dejando a la pierna idiota colgando, falta que salga el dueño que sin saberlo espía por la ventana y le diga que te pasa nena, buscas algo, para que todo estalle. Ella mira, como si fuera eso el centro de su atención, el jardín con sendas de cemento que se bifurcan en un arabesco pelotudo, en cuyo centro hay un rosal y unos malvones.

El rosal fue podado recientemente, y en sus ramas se ve la jalea del hortal, para que las hormigas no se den un banquete, el hortal como el gas sarin matará todo lo que se le acerque en vez de hacerlos libres. Su pierna tiene un cosquilleo como si el gas sarin la estuviera colonizando.

El sol le revienta la cabeza, el calor hace que sus sobacos inunden la ropa de perfume barato,el talco que se puso en los zapatos se hace cremita.  Se ha bañado antes de ir a los bomberos como hace cualquier mujer de bien antes de ir al médico, poniéndose una bombacha rosa,que tal vez le harán sacar para meterle los dedos y decirle que efectivamente está embarazada. Las ginecólogas mujeres son todas brutas, no saben meter los dedos, le dijo una del colegio, que tiene mas experiencia.

Si no se mueve morirá paralitica e insolada, a solo cien metros del consultorio de los bomberos

Ella piensa: no falta nada, agarra empuje e intenta de nuevo.

jueves, 8 de agosto de 2019

UN CUENTO VIEJO ARREGLADO PARA MANDAR A UN CONCURSO


Titulo: Mon Revé  Seudónimo VODKA.

Si se lo cuento a los viejos, ellos le echaran la culpa de lo que me pasa al viento. Las sierras, cuando el viento aúlla, y los espinillos se mecen sobre los caminos de tierra y arañan las pircas y los faroles bailan en los cruces de manzanas, en tardes tormentosas como las de hoy, extraño la ciudad, todo se me vuelve un lugar extraño.

¡Después de tantos años! Y me pregunto qué hago yo acá.

Llegué a la villa cuando el único negocio decente era El Caballito Blanco, el almacén de Ramos Generales, mezcla de ferretería, bazar y mercado, donde conseguías desde aspirinas hasta palas de punta y forraje para las gallinas y también leche en polvo. Cualquier cosa que te ahorrara el viaje a Jesús María. También había algunas despensas desperdigadas donde comprar kerosén, cosas básicas (harina, azúcar, fideos, que se yo, nada extravagante) y una estafeta postal abajo, en la ruta. La Gladys hacia de estafetera, vendedora de pasajes, y peluquera. Los que tenían vacas te llevaban la leche a domicilio. Esos eran nacidos y criados y los más pobres de todos. Si no me equivoco el apellido (entonces) era Almazán, y los chicos todos subnormales. Creo que por culpa de la pobreza. Pero te estoy hablando de mil años atrás: O cuarenta, es lo mismo.

Antes de eso, pensiones de Palermo y de Congreso, y un montón de casas de tránsito. Pensar que ahora, tantos años después la gente cree que soy de aquí, criada en estas sierras. Pero yo fui carne urbana cuando viví en Buenos Aires: Limpie oficinas en el microcentro, fui telefonista -con una centralita con clavijas, que ahora debe ser pieza de museo-, ayudante en una casa de modas de la calle Florida. Y lo otro. Esa pasión. Ya no se cómo nombrarlo. De tanto silenciarlo me quede sin las palabras que lo cercan

Cuando caminaba renga, un amigo de un amigo de un amigo (el tiempo, que es piadoso, borró los nombres) me consiguió este lugar, y vine como enfermera sin título. Para cuidar a una alemana vieja que tenía Alzheimer (justicia poética: una alemana tenía una enfermedad que graciosamente llaman "el alemán"), cuya hija buscaba a alguien que no fuera una negra, Y yo, blanca de linaje de gallego, renga y todo, le vine bien. Poliomielitis dije y no le extrañó. Vivían en un frasco en este pueblo, y eso que tenían a Córdoba, la revoltosa, a una hora de Ablo. Pensé para mí: tres, quizás cuatro meses. Hasta que las cosas se tranquilicen. Recomendada por la alemana no necesite otra carta de presentación.

Y los años pasaron: casera, cuidadora de alemanes, trabajé en la estafeta cuando la Gladys paró para criar al Santiago, (fue como un hijo) que ahora anda por los treinta y hace como diez que no viene a la villa. Una de las familias que me quisieron como si fuera de su sangre ,los Acevedo Gómez- él había sido cardiólogo en Córdoba-, me dejaron con escribano y todo, esta casa, arriba del camino de Urdiña (así le dicen por que el vasco Urdiña fue el primero que tuvo una casa, y abrió el camino). Me la gané a fuerza de no hacerle asco a las escaras y pañales. Sin pensar. Y acá estoy vendiendo tortas, hongos de pino, artesanías que hacen las chicas de la cooperativa, y tes de higo: esas cosas que le gustan a los veraneantes del balneario, las gentes de la ciudad. Además estoy cobrando una pensión, que me tramitó el intendente peronista, ni se la pedí, ni la esperaba, en pago tardío por que hice por la madre con un cáncer de colon lo que ni él ni su esposa hicieron, en el hospital de Jesús María, el Vicente Agüero, en tiempos de Menem.

Nadie me conoce familia. Deben creer que nací de una higuera. Ningún novio. Tuve amoríos, como cualquiera, pero no fui el festín de ningún chimento, y no les conté nada. Tampoco cartas. Y los que me preguntan, ningún dato. Aprendí el arte de callarme la boca. Y deje de tener opiniones Y en el trámite dejé de tener sueños. Y de celebrar fechas, recordar el tiempo, hasta te diría, de tener opiniones. Como si hubiera nacido cuidando alemanas, como si aquella tarde también me hubieran matado a mi. En realidad, ellos no lo saben, pero al matarlos me mataron.

Hoy estaba mirando el diario de ayer y la fecha me empezó a molestar, Yo pensé que me molestaba el viento, pero al rato, mirando fijamente el diario, caí en la cuenta de que ayer cumplí setenta años. Se me secaron los pechos sin dar de mamar, se me enfriaron las entrañas, se me olvido la pasión por las ideas.

La casa tiene un nombre, que yo no le puse. Mon Revé. Setenta años. Es decir, soy una vieja. Tengo el pelo largo y canoso, y los músculos fibrosos de tanto subir y bajar la sierra. Una crema Pons es mi único cosmético para cuando tengo las manos tan secas como el corazón. Y me visto con la misma ropa y para trabajar me pongo este delantal de tul arriba de lo negro y cuando me miro en el espejo, con el pelo atado y el delantal de tul y una torta alemana de manzanas y stroisse no se quién es esa.
Desde que caí en que tengo setenta años empecé a añorar Buenos Aires.
Cuando  veo Buenos Aires en los noticieros y no me daba nostalgia. Pero esto es otra cosa. Yo no soy una alemana, no soy de las sierras. ¿Acaso no nací en la maternidad Sarda, no fui al colegio en Flores?

Este viento viene del norte y me altera las ideas. Me hace mal. Me dio ganas de buscar la valija vieja que tengo en el altillo, que esta zunchada, y que no he vuelto a abrir, aunque hasta que termine en Mon Revé, fue y vino conmigo por toda la villa. La valija de la ropa, y esta, la zunchada. Voy a agarrar la escalera y ya.

Puff, con esta linterna no importa que la lamparita no ande y lo mejor es que no entra el viento pero hay olor a viejo. Un día, hace como cinco años tire las cosas del doctor, papeles sobre todo, que estaban acá, y acomode la valija.

Yo guardo poco, porque tuve que aprender a andar ligera de equipaje, pero nunca me deshice de esto. No se si la puedo bajar. La tiro y ya está. Ya está. El ruido a fierro atraviesa los papeles de diarios y los trapos con los que envolví las cosas.
Este suncho de hilo de nylon no se corta así nomás.

Lastima que acá abajo se escucha el soplido del viento. Los vecinos se meten adentro. No te cruzas con nadie. Así que puedo agarrar el cuchillo y ver los fierros

¿Será  como un regalo de cumpleaños tardío? Acá esta el fusil acá los tres revólveres calibre 32, la pistola 22. Y son como todo lo que tengo en la vida. Un hilo de tanza que me lleva al pasado. Atrás de la mina de negro con delantal de tul que sirve el té en el saloncito de adelante de Mon Revé. Ahí estoy yo. La otra que soy yo.

Acá está el trapo con sangre, es como una bandera, una forma de la identidad, reliquia, dinosaurio, recuerdo u olvido de esa otra. Pero lo guarde, envuelto en diario y en trapo (en otro trapo) como si fuera una bandera. La sangre parece pintura antioxidante y los fierros están tan cual. Aceitaditos no se oxidaron.. Los fierros los voy a enterrar, dicen que cuando el hierro se oxida es bueno para las plantas.

Y en cuanto al trapo, ya vamos a pensar. Dicen que no hay que negociar la sangre derramada y eso debe incluir la propia..
Montoneros, carajo.


lunes, 5 de agosto de 2019

asuntos inmobiliarios.

Me ofreciste tu casa para pasar la noche El rescoldo de tu hogar para calentarme del frio y yo entré confiada y me apoyé en tus labios humedos y generosos
Tal vez buscaba posadero, un techo, un reparo. O vos una inquilina temporal y sellamos el contrato
poniendo el cuerpo

sábado, 3 de agosto de 2019

el narrador deficiente.

Los viernes voy al taller de cuento y leemos unos cuentos preciosos. En este caso uno de Rulfo, del que no leí nada. Me quedo tranquila porque al final escribió tan poco que tengo disculpas: Solo El llano en llamas (unos cuentos) y Pedro Páramo, del que sabía que era una novela fundamental (y yo no la leí) de la literatura americana.
Del cuento sacamos la idea del narrador deficiente, en el cuento un loquito, alguien que sabe menos que nosotros. Y la consigna de hacer un cuento con un narrador deficiente. Entonces se me ocurrió Ninina y lo voy a llevar el viernes próximo. Me debo a mis lectores, es decir a uds.


 Ninina, Ninina, vení a ver, la pigmea puso huevos y uno es grande como un melón. Mamá era tan exagerada que siempre había que dividir por tres para saber la verdad. Yo me llamo Antonia, como ella, pero los cercanos me dicen Nina. Solo  Pedro me decía Ninina y  los chicos cuando me querían sacar algo me decían Ninina,  no entiendo porque esta señorita me dice Ninina.
Por ahí la conozco porque la cabeza no me da mucho. Dicen los demás, porque les juro que me puedo acordar con detalle el nombre secreto de cada pigmea. Esa se llamaba Emilia.  Eran nombres que le ponía a las gallinas, y mamá no sabía, en eso era inflexible: no tenían que tener nombre porque después nos las íbamos a  comer.
En mi infancia escuchábamos misa en latín , no como después que le pusieron guitarreada y parecía una fiesta  y la gente dejo de tener miedo y andaban pecando por ahí, total, era igual. Nadie va a misa ahora, pero la “Antonia grande” como decían mis tios, me llevaba cada domingo, porque casi  fue monja antes de venirse en la tercera del Comte Grande ,y me hacia rezar el rosario en latín. Cuando llegó a la Argentina lo conoció a papá y tuvieron seis hijos y yo era la mayor, y la única que sabía seguir la misa en latín. y  eso cuenta como ser la preferida . Por eso cuando yo me comía a las gallinas pensaba que estaba bien que tuvieran nombre y les decía para adentro “ora pro nobis. Emilia”, como cuando te tragas la hostia, te comés el cuerpo de Cristo, ahora en la forma de gallina.

Y esta tipa que me viene a ver, una negrita cabeza chiquita, me viene a llamar Ninina. No le retruco porque por ahí la conozco y me olvidé, como cuando para mi cumpleaños cayó mi nuera, la segunda esposa de Mariano y yo no me acordaba y estuvo una hora explicándome quien era y me decía ¿no se acuerda de Mariano? Mirá si no voy a acordarme de mi hijo que estuve como doce horas de parto y el doctor ese que me decía hace fuerza y me desgarré toda, tan tolola no estoy, que se cree, pero en la cabeza se me hizo que todavía estaba con Paula y esta nueva se me confundía. Hasta que me acordé y le dije “ah, vos sos la que reemplazó a Paula” y todos se miraron con caras, especialmente Mariano, que para mi todavía la quiere a la Paula.

Si estuviera Pedro por ahí no me sentiría tan preocupada, él siempre sabía lo que había que hacer, pero yo no se, desde que murió estoy un poco mareada. Entonces  me callo y veo que pasa.

 Este lugar no me gusta, tiene olor, como a acaroína, como cuando bañábamos al León, el perro que trajo Ricardo y al final se quedó hasta que lo pisó la chata del sodero,  pero no es exactamente eso.  Fuerte como a pis tapado con desodorante Poet  que compro suelto.

El otro día vinieron mis dos nueras a limpiar la casa porque dicen que había olor. La nariz  es como la cabeza, a veces parece que funciona y otras veces parece que no me funciona, pero me funciona, porque el olor de esta confitería si que lo siento.

No estaba muy de acuerdo con que vinieran a limpiar mi casa, no soy una sucia, yo la limpio sola. Y menos de acuerdo con que tiraran cosas sin que yo pudiera mirar.  Por ahí tiraban algo que yo usaba, como esas sabanas que tenía con florcitas de alelí. Seguro las tiraron o Paula se la robó, pero no puede ser porque Paula se separó de Mariano antes de que Pedro se muriera en el hospital. No sé. La cuestión es que vinieron a limpiar y me pusieron a ver la televisión  y al rato me trajeron un mate cocido y me dormí en el sillón y cuando me desperté estaban los chicos, mis varones, y habían traído empanadas y comimos todos juntos como cuando vivía Pedro y había como media docena de bolsas de consorcio negro en el pasillo, que se llevaron y cuando pregunté no me dijeron nada.Comé esta de verdura que te hace bien y no la vas a repetir, dijo Ricardo.
La otra nuera, me dijo Nina no se haga problema por nada, nosotros nos ocupamos, después mire que lindas sabanas limpias le pusimos y la vamos a llevar a un lugar donde siempre va a estar limpio. Eso me pareció raro y entonces Mariano le dijo cállate y a mí no me anda bien la cabeza y le pregunté si me iban a matar y el Ricardo, que nunca habla, dijo Mamá como se te ocurre, y la mujer dijo enseguida el sábado la venimos a buscar y la vamos a llevar a tomar el té a una confitería.
A mi me sonó raro por la diabetis, yo no puedo comer dulce, pero tampoco tomo la metformina porque las pastillas son grandes y se me atragantan, pero como me dijo de las masas finas y soy muy golosa, esta semana me tomé todos los días la pastilla, la partí y me la tragué.
 Así que cuando hoy vinieron todos Ricardo, Mariano, y  la nueva y la otra, la gorda, de Ricardo, que ahora no me sale el nombre para llevarme a la confitería, solo me extrañó que me quisieran bañar y me sacaran el medallón que es la Virgen de los Milagros que me regaló Pedro cuando éramos novios .La gorda dijo yo se lo guardo y cuando quiera se lo pongo, otro día.  Yo dije que me bañaba sola, y lo único que logré es que se quedaran en el baño las mujeres hablando entre ellas, por miedo a que me cayera o algo así, que estúpidas. Cuando estaba Pedro él me bañaba porque una vez no supe salir de la ducha pero fue una vez sola, y a mi me gustaba que estuviera Pedro, porque era mi marido y cuando me bañaba me tocaba.
Así que fuimos en el auto de Ricardo la gorda, el y yo y pararon en Las flores Porteñas a comprar masas. Son muy ricas las masas de ahí, hay unos merenguitos chiquitos y unas que tienen como bizcochuelo abajo y una cremita de limón, pero donde se vio que uno tenga que llevar masitas cuando se va a una confitería a tomar el té. Cuando estacionamos estaba la nueva Paula y Mariano y yo dije esto no es una confitería, pero decía Residencial y me pareció que sí. 
Estas cosas modernas yo ya no las entiendo. Mi nieta me dijo que en la facultad hay un baño donde van las mujeres, los varones y los maricones, todos juntos.  Así que vinimos a esta confitería y tenía un jardín donde había puras viejas, muchas en sillas de ruedas, no como yo, que ni uso bastón y gente. La negrita dijo que es porque es sábado y claro, ya se sabe,  los sábados y los domingos la gente rica va a tomar el té afuera.  Adentro hay este olor, pero había menos en el comedor donde en una mesa nos sentamos todos: Y vino un señor y dijo “hola Ninina” y a mí no me gustó nada. La gorda le dijo “ella va a estar muy bien acá” y Ricardo y  Mariano medio lloraban,  eran medio dramáticos como mi mamá, cuando hablaba de cuando casi era monja y yo no entendía y en un momento el señor me presentó a la negrita, me dijo como se llamaba pero ya me olvidé, y ella me llevó a una pieza y cuando volví ya no estaban mis hijos y me dijo todo va a estar muy bien, su dormitorio tiene vista al jardín, es de los buenos y para usted sola. 
Se fue y me dejó el paquete de las masitas, pura porquería había quedado, bombitas húmedas que seguro se las metieron sin que se dieran cuenta. Pero igual me las comí, porque había tomado la pastilla.

Ahora estoy en a esta pieza, se fueron todos  y había preguntado cuando me vienen a llevar mis hijos, que quiero ir a mi casa y de nuevo “Ninina, quédese tranquila, ahora esta es su casa” y yo pienso que no entiendo nada como hacen las cosas ahora, me quedo quieta y recuerdo  cuando me comía a cada pigmea y todos los nombres: Concheta, Fabricia, Feliciana, Emilia, todas pigmeas; “Ora pro nobis.Adore te devote” no me acuerdo mas, pero seguro que despees si. Ah, la gorda se llama Mabel, ¿viste?.Va y viene.
Cuando venga la negra esa pata sucia le voy a decir dígame Antonia y después me callo y me quedo quieta hasta que me vengan a buscar.
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sábado, 27 de julio de 2019

en que ando

Ando planeando un viaje muy lejos con mis nietos y mi hija para enero: Quiero que me recuerden, si me muero, como estoy ahora, planeando viajes lindos.
Ando dando un final de Filosofia Medieval, mas bien, ya lo dí y me saqué un siete y entendí lo básico: dios es lo uno que se derrama (proodos) por que lo bueno es difusivo y luego se forman las cosas del mundo, y luego esto vuelve sobre dios (epistrophe) y basicamente todos los ñatos en el medioevo, incluidos los arabes se preocupaban de como habían advenidos las cosas.
Ando haciendo un taller de cuentos los viernes,  con Luciano Lamberti: El viernes que viene llevo un cuento de acá.
Pero lo mas bueno de todo es que conozco otros cuentos y tengo para contarles. Hoy
Como vuelvo, de Hebe Ubhart, les va a encantar. Denme pelota


Yo no soy muy suelta de lengua y no crea que lo que le cuento a usted lo puedo decir por ahí, y menos en mi pueblo: se lo cuento a usted porque es una desconocida; si le contara a alguien de allá, en dos minutos estoy perdida. Yo vivo en una calle que da a la ruta; allí, mi marido y yo tenemos una estación de servicio; va bien, gracias a Dios; él es un buen hombre y no me deja faltar nada: tengo mi heladera, mi televisión y un cochecito usado: lo movemos poco. Los chicos se fueron a vivir a Venado Tuerto, para estudiar el secundario. Entre mi marido y yo atendemos la estación de servicio. Yo también atiendo la escuela: vengo a ser maestra, directora y portera, tengo en total diez alumnos. Donde vivo, son cuatro cuadras con casas; en invierno a las ocho de la noche están todos adentro. Y ahora que estoy lejos y lo veo desde acá, no me explico cómo pude vivir veinte años en ese lugar. Yo no tendría que extrañar, porque nací en un lugar parecido, cerca de la ruta; pasaban y pasaban los autos por la ruta y yo los miraba parada en una tranquerita, y deseaba tanto -inconsciencia de criatura- que algún auto me llevara. Yo no pensaba en ningún lado especial: cualquiera. Me paraba en la tranquera para que me vieran, y decía: «Alguien me va a mirar». Los autos pasaban como una exhalación y yo tardé mucho en darme cuenta de que nadie me miraba ni me iba a mirar, y cuando me sentí ahí plantada, sola, era como una especie de desilusión. Por eso, yo ya debía de haber estado curtida, pero al principio, cuando me casé, también me resentí. Me acuerdo que al principio un día pensé: «¿Y si se incendia la estación de servicio? Un incendio grande, digamos. Necesariamente tendremos que ir a vivir a otro lado». Pero yo ya era grande y una entra en razones, sabe que son malos pensamientos, los sabe apartar. Nunca le dije eso a mi marido: él tiene otro ánimo, es más parejo, siempre está conforme y eso que no tiene vicios. Pero últimamente, después de tantos años de estar ahí, me volvió un poco de esa tristeza de cuando me casé, y en invierno a la noche miro afuera; no hay un alma y me da un no sé qué. Por eso cuando llegó la carta donde nos decía que habíamos sido sorteados para ir a Embalse -yo y los chicos de la escuela- tardé un poco en mostrársela a mi marido, en parte porque estaba tan confundida que no creía que fuera cierto. El me reprochó después por qué no se lo dije enseguida. Y yo hice ver como que no me importaba mucho, no fuera que si hacía ver que me importaba mucho se arruinara el viaje. Aparte a mí me gusta la gente ubicada, sensata, tranquila: hasta por televisión se da cuenta una de cómo es la gente: miro a los actores y a los artistas y ya veo si son personas confiables, responsables o, hablando mal y pronto, si son un tiro al aire. En la carta decía que había que llevar ropa deportiva, pero yo pensé que debía llevar un vestido, y como hubo que preparar la ropa de los chicos de la escuela, me traje un vestido ni fu ni fa. Como usted ve, tengo la cara curtida por el viento; no, las manos están así de lavar. Cuando viene la noche y yo ya terminé de hacer todo, antes de ver televisión me pongo a lavar. Allá al atardecer es tan triste que yo a veces quisiera apurar al tiempo, que se haga de noche de una vez. Entonces digo: «Tengo que hacer algo útil». Y me pongo a lavar o a ordenar. Al atardecer me vienen esos pensamientos tristes que ni me distrae la televisión. Bueno, cuando llegué acá a Embalse, nunca hubiera supuesto que en el mundo había una cosa así. Yo acá en Embalse viviría toda la vida: no volvería más. El primer día que llegué me encontré perdida en esta planicie llena de gente. No hablamos con nadie, pero supimos que había porteños, entrerrianos, salteños, chaqueños y de tantos otros lugares. Recorrimos todo el lugar para ver dónde se compraban los alfajores y las postales -no como el negocio de allá, acá son negocios y negocios todos juntos-, hileras de burros y caballos con sus cuidadores, llenas las hamacas y los subibajas y todos los grupos haciendo gimnasia.
Después hablé con los maestros chaqueños; ellos se acercaron a hablar y me dijeron que para ellos era una delicia estar ahí porque les servían de comer y aparte no tenían que ir a la escuela; ellos hacían tres horas a pie de ida y tres de vuelta; por el camino paraban y tomaban mate, y también hacían sus necesidades. «Tranquilos -me dijeron-, no como esos porteños», y señalaron a la coordinadora del grupo de la Capital, «que van siempre apurados». Yo ya me había fijado en esa coordinadora, que de lejos me pareció una jovencita y de cerca vi que podía tener mi edad; eso sí, con las manos de una criatura y el pelo largo. Ella se mueve como si nadie la fuera a mirar y como si no le importara de nada, anda en subibaja y no come toda la comida que le dan en el comedor, come de una bolsa propia. A ella yo le oí decir al pasar, como si fuera algo malo: «Esa gente que tiene el televisor todo el día prendido en la casa», y yo pensé: yo lo tengo prendido todo el día, pero es para compañía. Aunque a veces no lo apago porque pienso: «Ahora va a venir algo hermoso, no sea que lo pierda». Y los chicos porteños que lleva ella, ellos inventaron un sistema para comunicarse de cuarto a cuarto; desde el primer día ellos fueron solos a comprar alfajores y ellos mismos hablaban con el cuidador para andar a caballo y le pagaban. Yo les decía a los chicos míos: «No se alejen». Ni falta que hacía, porque al principio no hicieron más que mirar, como yo. También, con todo lo que hay, esos concursos de juegos; no sé si usted estuvo en la guitarreada al aire libre que hicieron los maestros de Mendoza; yo estaba tan contenta y por otro lado me agarraba una tristeza al pensar «¿cómo fue que yo no sabía que había una cosa así?». Me agarró tristeza por los años perdidos. Bueno, hace tres noches, usted no se debe haber enterado porque no la vi, había una guitarreada en el café, con vino y empanadas. Dejé a los chicos al cuidado de Aníbal, el mayor, y me fui con los otros maestros al café. Fueron también las instructoras de los chicos de la villa, que no sé cómo los aguantan, pobres: ellas pasaron agachadas a la altura del dormitorio de los chicos y uno las reconoció: enseguida todos gritaron desde la ventana del dormitorio: «Putas, putas». Y pensar que esas chicas los instruyen por idealismo. Yo me fui con el vestido y después me sentí un poco desubicada: todos fueron de jogging y zapatillas. ¡Cuánta juventud! Toda con guitarra y con canciones nuevas y viejas, tanto ponían un bolero como esas canciones de a desalambrar, a desalambrar. Yo me puse a conversar con un profesor de gimnasia, más joven que yo. Yo no sé hasta el día de hoy cómo fue que me acosté con él. Nunca en veinte años de casada le fui infiel a mi marido, nunca conocí a otro hombre. Y yo quiero que me comprenda bien: yo no soy ninguna descocada ni tampoco una mujer desubicada; le tengo gran estima a mi marido y por suerte nunca va a enterar de lo que pasó: pero yo con el profesor de gimnasia conocí otra cosa, como si se me hubiera abierto la cabeza, como si hubiera entrado en otra dimensión. Estaba él con su jogging azul -ni siquiera le podría decir si él era lindo o no; recuerdo que me dijo que era una mujer interesante, cosa que no creí- y por lo poco que sé de la vida, siempre me di cuenta de que era una aventura y nada más. Entiéndame: no me enamoré ni cabe enamorarse a mi edad, y además, mirándolo fríamente a mi profesor de gimnasia, hasta podría ser que tuviera pinta de haragán. Jamás me casaría con un hombre así. Después él me buscó y yo no quise saber nada de él: ya tenía suficiente para pensar. ¿Sabe en lo que yo pienso? En cómo vuelvo yo a mi pueblo. Estoy acá, hablo con los maestros salteños, que me cuentan su pobre vida de allá, más pobre que la mía; escucho el altavoz y pienso que si en este lugar hay un mundo cuánto más habrá más allá, en todos lados, y ahora que estamos por volver, no hago más que preguntarme: ¿cómo vuelvo yo a mi pueblo?

miércoles, 24 de julio de 2019

fui una de las diez finalistas de un concurso de cuentos municipal de Lanús por el 75 aniversario del municipio.

el premio es 20 libros de la antología donde figura mi cuento
Me convocó un poco saber que uno de los jurados era Sergio Olguin, un escritor que no solo era editor de revistas de cultura (V. de Vian y creo que tambien La mujer de mi vida) y que a mi no me conoce ni mongocho y que la única manera de validar mi escritura y que circule es presentarme en algun concurso.
 Bueno, estoy contenta, siempre me pone muy contenta este tipo de cosas.
La entrega de premios sera a fin de septiembre, falta mucho
'¿el cuento? está acá en el Sirenas,  Tal vez alguno de uds. lo leyó, seguro mis lectores que yo identifico como cuatro Alejandro, El Demiurgo, Jose Garcia y Frodo.
También a veces entra Gustavo del sur  que jamas deja un mensaje . Tal vez Rafael ? Ni se. y creo que casi nadie mas.
Soy horrible para cerrar cosas, por eso tal vez no cierro el blog.
Le tengo un gran cariño. y soltar no está en mi naturaleza

https://sirenasahogadasenvodka.blogspot.com/2016/09/como-no-hago-mas-que-quejarme-y.html (por ahi le arregle algo antes de mandarlo, pero si lo hice fue minimo. Basicamente es esto.




algo viejo que merece volver a leerse.

cateterismo

La mañana se desliza entre nescafé y el viaje a la clínica, él manejando con auto mientras el otoño, otro otoño, otro mas, casi rutina y des...