jueves, 19 de marzo de 2020

work in progress, Intento de escritura genero porno, el sesgo novela de caballeria no era la idea inicial.

Miranda

Para que cuidarse,si en las puertas de la ciudad amenazan los enemigos,
Además necesito desesperadamente hacer cosas heroicas y no soy una guerrera, A las mujeres nos mandan a la macia, a esperar que termine el asedio de la ciudad.
También están éstos, nuestros sirvientes, demasiado viejos o inútiles o descastados para tener el honor de morir por el reino.
En la ultima clase entra el enorme Glauco, creo, no habla nuestra lengua, que fue noble en otro tiempo, lo supongo por sus modales suaves, y por los chimentos de las cocineras: No entiendo como no lo mataron cuando ganamos esa guerra y nunca quise preguntar: Tal vez porque supusieron los hombres que era mas humillante tenerlo de sirviente en palacio que darle una muerte que lo transformaría en bandera para su pueblo. Estoy seguro de que no está en la batalla porque iría mas temprano que tarde a engrosar el numero de los que matan a los nuestros.
Glauco cuida a los animales y según tengo entendido lo hace bien, no hay ira contra los animales pero sus ojos se encienden cuando nos mira, con un odio que traspasa los ojos y se clava, como estaca en el cuerpo de mis familiares.
Sin embargo alguna vez lo vi mirándome. El fuego del odio se transforma en otra cosa: O mejor dicho al odio lo acompaña el deseo. Debe haber tenido mancebas y tal vez se acuerde. O esposas. Nunca una en nuestras tierras, seguro, y acá solo lo acompañan los cerdos, los animales del corral y alguna vez  los caballos.
Posiblemente en sus pesadillas sueña en poseerme y cortar mi cabeza y mandársela a mi esposo como venganza. Tal vez -me gusta pensar eso- solo se extravía en la escena de poseerme y se masturba con fuerza y luego se duerme.
Yo lo miro de lejos (nunca he ido al corral) desde la ventana y alimento su deseo.
Hace unos meses, cuando el ama dejó de acicalarme el pelo y tiró el agua de la tina por la ventana hacia las plantas le pedí que se fuera y cuidadosamente me senté en la ventana a pasarme el peine por la cabellera, desnuda. El calor hacía eso posible y después del baño me sentía  ligera, Hoy hice lo mismo pero ya era invierno y Glauco no estaba, ni el otoño tampoco, a lo lejos se veían chimeneas de humo. Allí estaba la batalla, y el olor de chamusquina venía hasta mis narinas, recordandome que mas allá de mis fantasías, se jugaba el futuro de nosotros, los nobles.
Pero eso era mas allá del pinar, mas allá del río, mas allá de mis preocupaciones.
En mi cabeza, solo me convocaba ver a Glauco, y bañarlo en la tina (que no había sido vaciada) hasta ver que había abajo de esa cochambre de porquería, de mozo de cuadra,  que lo cubría desde hace tanto: Supongo que había un hombre. Ademas yo tenia ocho sirvientas, todas conocidas por mi señor, y muy habladoras y nada de lo que hiciera tenía por seguro que no llegara a oídos de mi valiente esposo
Las noticias de la batalla no eran auspiciosas, sin embargo yo no tenía miedo.
El cardenal llegó hasta mi puerta a pedirme que juntara lo necesario para huir a nuestro palacio de verano, cinco largos días de mula desde allí. Un camino dificil.  Dispuse el viaje y me aseguré que viniera Glauco para cuidar a los animales de carga. Ibamos algunas doncellas nobles y los sirvientes indispensables para atendernos y 20 mulas. Teníamos que cruzar territorio seguro, salvo algún bandido que seguramente no la pasaría bien con nuestra guardia. Eramos lo mas importante para el reino,algunas de las doncellas estaban preñadas y nuestra carga era el futuro.
Ya me las arreglaría yo para lograr estar a solas con  Glauco que a estas alturas estaría preguntandose porque entre todos los sirvientes de la cuadra, fue el elegido para cuidar a las mulas.

Glauco.

Malditos las almas de todos los señores que en este momento están dando batalla y mil veces maldita mi alma ya que que no les he dado muerte por mis manos.
Y ahora tener que huir entre doncellas y nobles y sirvientes como si mi vida fuera la de servicio.
Me han dicho que la señora de la casa ha pedido por mi para cuidar los animales de carga. Para ella no soy mas que una mula mas.
La he visto aburrida y desnuda en su ventana antes que el otoño se transformara en invierno, supongo que pensaba que algún fuego me hacia mirarla. Solo el odio y su fuego bullen en mi cabeza.
Hace cuatro años que tengo por actividad esta indignidad del corral y ahora, huir con las mujeres hacia cierta casa de descanso.
La señora de la casa se debe creer muy dueña, pero de mi no será dueña, antes me emasculo y tiro mi verga a los cerdos del corral  que hacer algun gesto de amor, de pasión ante su desnudez.
La soledad no me sirve de excusa,ya van cuatro años que no tengo mujer alguna, pero en mi tierra yacen los cadáveres putrefactos cubiertos por el polvo de las que fueran mis amantes,saqueadas sus joyas por el enemigo, violados sus cuerpos por el cuerpo del guerrero.
Y asi está el alma mia.
Que la tal Miranda se seque antes de que espere de mi algun fulgor.

El viaje

Estamos a nada de llegar, y ya se ve nuestra casa de veranos en la colina que sigue. Fueron cinco días, tal como lo previsto, aunque hubo muchas cosas que no pudieron ser anticipadas
Un deshielo que nos hizo necesario vadear la creciente de un río, las otras mujeres que querian vaciar sus tripas en el momento menos indicado, el parto prematuro de una de las damas nobles, que mas bien le vale que su esposo muera en batalla por que no va a poder explicar porque de un marido calvo que fuera rubio ha nacido ese bebé negro como el hollín, (cosa que nos dio mucha risa a las demas que ayudabamos en los menesteres, y que apuró la explicación de que estaba tan oscuro por las diligencias del nacimiento), y muchas otras cosas
Lo que tengo que contar es que con la excusa de mirar el paisaje, en una de las paradas, seguí a Glauco a un bosquecito de espinos donde seguramente iba a vaciar su vegiga. Prontamente y de lejos vi sus nalgas flacas por la falta de comida tipica de los sirvientes, pero musculosas por el trabajo al aire libre.Me acerqué mas de lo que la prudencia hubiera marcado y finalmente vi su enorme verga de la que salía un chorro caliente, como solo lo he visto hacer a los caballos.
El sabia, por el ruido inevitable de mis pasos sobre las hojas que lo estaba mirando, y tuvo el descaro de darse vuelta y decir en su lengua bárbara (que yo entendí perfectamente) que mas vale me cuidara porque me iba a hacer comer cada desprecio.
Corrí adonde estaban los demas y pedí ir un tiempo a caballo en vez de estar en la carroza, y para escándalo del ama, monté a la manera de los hombres (lo había aprendido de niña), desfogando en cada salto el efecto de la visión de la masculinidad de Glauco, hasta quedar exahusta. Las demas mujeres, viendo mi cansancio, pidieron a la caravana que parara una vez mas, y me ayudaron a subir a la carroza. Un olor a hembra salia de mis enaguas,
Por suerte apenas llegue a la casa tendré mi bañera preparada con agua de flores.

Maldita mil veces la señora de la casa, pensaba Glauco, mientras su pene cada vez se ponía mas duro, maldita mirona, sabíendo que una palabra de ella bastaría para alejarlo para siempre de la dura vida, sin importar la veracidad de lo dicho.
Su palabra era ley, y no faltaría oportunidad en este viaje para tomar venganza.
Le daba pena que en vez de tramar una vez mas la forma de esta venganza solo pensara en desfogar sus ansias en esas piernas blancas que habían asomado en la ventana el otoño pasado.
Tanto pensó en las piernas de Miranda que finalmente mancho sus pantalones. Solo él se daría cuenta ya que tanta suciedad hacia imposible de ver la trama de ese tejido.
Sin embargo el sintio lo caliente, el sintio ademas de su odio, el dulce olor del semen invadiendo el momento.

1 comentario:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Es un buen ámbito para una historia de deseo, de tensión sexual.
Por alguna razón, me recuerda a la historia de la emperatriz Eudoxia y sus hijas, hechas prisioneras por Genserico, rey de los vándalos. Parece que Eudoxia le escribió una carta a Genserico, para ser rescatada por él.
Es algo que podría darse entre una dama del pueblo vencedor y alguien del pueblo vencido, cuyas amantes han sido asesinadas.
Glauco parece desear a Miranda, a pesar de su odio, de su deseo de no deseo. El odio, el querer vengazse podría ser un elemento del deseo. Podría consumarse, con el deseo impulsado por el dio, con rudeza. Y eso podría ser lo que espera Miranda.

Bien contado.

Saludos.

algo viejo que merece volver a leerse.

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