SOLO SOY CRITICABLE EN EL MARCO DE LA IDEA QUE YO TENGO DE MI MISMO
(Ricardo Piglia)

S I R E N A S
A H O G A D A S
E N V O D K A


lunes, 5 de abril de 2010

vino safo y dejo cuento erotico. La lujuria nos agarra desprevenidas.

A esta altura de los acontecimientos puedo hacer un analisis cientifico de la fantasia erotica de la escritora casual de cuentos lascivos.
La lujuria las agarra desprevenidas. Iban a otra cosa, en viaje, al cine, a la playa a charlar con amigas, a dormir tranquilas a su cama.
Y de repente les agarra la lust.
Aca un cuento de tortilleras, que nos trae zafo (ups, conte el final). Esta bien escrito. Ud. la viera, tan modosita, tan señora, ¿como le va señora¿ la familia bien??? Escribiendo semejantes porquerias.

Hoy Safo, zafó de mis quejas de incumplimiento y me trajo su gracia.
va cuento, para que uds. juzguen por si mismos la negrura del alma de esta mujer argentina.

el cuento, segun dice su autora, es mitad mentira mitad verdad. Borgianamente podria decir "hay una cosa que no existe, es la verdad" o tal vez "hay una cosa que no existe, es la mentira". Demasiada introduccion para pura pornografia de playas.
Todavia estais a tiempo, arrepentiros....y ved a un blog evangelico, que vendra el dia en que el señor separara la mala hierba de la buena... y. 
Yo les avise.
ARENA QUE LA VIDA ME LLEVO.


La  conocimos a la gorda Susana en nuestro segundo año de universidad. La ubicó, en una clase de Latín II, la Gorriona. Y me la señaló, mirándola con esos ojitos chiquitos marrones, marcándola con el índice finito que parecía, justamente, la punta del ala de un gorrión.
              La gorda Susana venía de Buenos Aires, había sido habitué del café La Paz y lo conocía a Abelardo Castillo, escritor ignoto para nosotras dos, digo, la Gorriona y yo. La escuchábamos a veces con la boca abierta. No nos podíamos creer tanta experiencia, tanta sabiduría, tanta cita culta en la boca de la gorda.
              Pero también la escuchábamos con los ojos como huevo frito y las piernas apretadas cuando nos contaba sus historias de encuentros en hoteles, paseos en autos nuevos, regalos inalcanzables. Porque la gorda era así: nunca un compañero de estudio o de militancia, nunca. Siempre merodeando en ese universo de tipos casados-separados-desilusionados de la vida y de sus legales mujeres. Que la llevaban al Maison Sur por unas horas y la llenaban de esos perfumes que sólo veíamos en los escaparates inalcanzables de Galerías Plaza.
              Una vez nos invitó  a mí y a la Colorada a cenar en una parrilla de la calle Donado. Compartimos las achuras con la gorda y su amante de turno, un fotógrafo de familia muy reconocido en la ciudad, por supuesto casado, por supuesto ahogado en sus problemas de pareja. Comimos como buitras, y esa salida nos valió días después una reprimenda fenomenal del Tribunal Revolucionario Cuidabraguetas ajenas de la Fede por haber aceptado asistir a tamaño cónclave con dos infieles. La Gorriona no había ido. Y se quedó con las ganas.
              En el verano del 73, antes de las elecciones, nos fuimos con la gorda y la Gorriona a una playa cercana. La Gorriona no tenía ni una mísera malla enteriza, así que la gorda, que también se las rebuscaba para eso, cachó un Burda, algunos trapos, y le hizo una bikini a la Gorriona, que era culona como ánfora etrusca. La parte de abajo más se parecía a un bombachudo de la década del 40, pero peor es nada. Y la Gorriona estaba más que feliz con su bikini ad hoc.
              Estaba buena la playa, y estaban buenas las charlas entre las tres, en las que la gorda Susana ponía el tema, yo acompañaba y la Gorriona metía uno que otro bocadito, bien dicho, bocadito, con esa boquita como el piquito de un pájaro.
              Temas varios, temas amplios, desde la conveniencia de hacer una película con el recientemente leído Boquitas Pintadas, hasta la Alianza Popular Revolucionaria del viejo Bisonte Allende. Temas tan varios, mechados con las conquistas amorosas de la gorda, y la enumeración precisa de los avatares amatorios.
              Estábamos sentadas en la lonita al atardecer. La gorda Susana se acordó de los primeros versos de La Cautiva al ver el sol desapareciendo entre los médanos: “…Era la tarde y la hora/ en que el sol la cresta dora/ de los Andes…” Pie partido, dije yo, o algo así. Nos quedamos mirando, y ahí nomás la gorda se acordó del tipo aquel que la llevaba a la playa en un Fairlaine blanco (o era un Falcon, no me acuerdo). Y nos empezó a contar cuando cogieron en esa misma playa donde teníamos asentados nuestros culos helados ya por la humedad.
              No fue un cuento más. Se ve que la gorda estaba inspirada, porque de la exposición teórica pasó a la práctica, en la que ella venía a ser él, y yo venía a ser la gorda. La Gorriona miraba , y me pareció que se le agrandaban los ojos.
              -Porque el tipo lo primero que hizo fue bajarme la malla hasta la cintura-  dijo la gorda, y procedió. Conmigo.
              -Y con el pulgar y el índice me masajeaba los pezones…
              - Y mientras tanto me sacaba completamente la malla para chuparme toda.
              La gorda Susana se había calentado. Era él, haciéndomelo a mí. Era yo la gorda sintiendo los dedos de él pellizcándome las tetas, la lengua de él allá abajo,  húmedo, húmedo. Era la Gorriona, espectadora privilegiada de dos cuerpos que empezaban a sacudirse al unísono, porque yo le había metido la mano a la gorda, y le estaba acariciando cada vez más fuerte el clítoris.
              La Gorriona se arrancó de una sola vez el corpiño y el bombachón patético de su bikini, y quedó con ese cuerpito de pajarito culón arrodillado en la arena, con sus manitos tocándose, tocándose.
              El sol ya se había ido y no doraba ni la cresta ni el orto de los Andes. Pero la cosa seguía y seguía. Sordas, gimiendo, gozando, las tres acabamos apoteóticamente: la gorda y yo en un beso de lengua descomunal que selló el orgasmo, y la Gorriona tirada en la arena sin poder creer que era esto, sí era esto lo que ella había soñado.
              Estaba subiendo la humedad del mar…Nos sentamos sobre la lonita pedorra, buscamos los puchos en la mochila mugrienta, y la gorda Susana, sabia, mirándonos a la Gorriona y a mí, mientras le daba al  Dupont para prender el L&M, nos dijo con su voz más profunda:
              -Flor de paja nos hicimos, chicas…


6 comentarios:

  1. No es de lo mejor...
    Pero el final es apoteótico
    JAJAJAJA

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  2. MIRE HUGO ALBERTO, NO CRITIQUE.
    las sirenas no son profesionales, son escritoras vocacionales, y ponen lo mejor de si mismas para que ud. venga a criticar, lo quiero ver a ud. en ese brete.

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  3. Sra. "Sirena varada", si no hay critica, esta sirena escritora, se va a quedar varada como Ud. Si se adula a una sirena, cuando no se lo merece y solo por compensarla, solo se le tiene lastima.
    Y precisamente por ser vocacionales, que hay que marcarles los yerros.
    Aparte no le dí con un "palo", le ponderé el final No quiero imaginar si ponía algo más fuerte, que dicho sea de paso, me reprimí en el "cuento erótico" anterior de Andy

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  4. Esto é una asquerosidá. Me pongo la camperita de banlon y me voy a leer algo como la gente. ¡Habrase visto!

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  5. Ya va siendo hora de que entre amigas podamos hacernos pajas juntas, alentándolas y disfrutándolas como las de este cuento. Sinceramente, nunca hice nada parecido, y es una lástima.

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  6. dra. Yvonne, una profesional como ud. experta en el mal de amores ha venido a esta humilde morada. Por ahora no la puedo convidar a lo que ud.sugiere, pero si la invito a escribir cuento.La consigna era cuento erotico escrito por chica que no escribe cuento erotico. Si ud. es una profesional del cuento erotico, ay! no puede participar, pero si es vocacional como las degeneradas amigas aca presentes, no le faltara un espacio en el sirenas.
    En cuanto a lo otro, yo le dejo a Keith, y ud. dejeme a mick.

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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