domingo, 4 de abril de 2010

relato erotico pascual. Hoy colabora Andy Pecas.

Andy la de las Pecas cumple con todos los requisitos. Es nena, no escribe erotismo (con lo cual es proba y decente) y usa saquito con mangas y pollera abajo de la rodilla. Hoy se levanto tratando de decidir que hacer, si ir al cinerama gaumont frente a la plaza del congreso a ver "la historia mas maravillosa jamas contada", recorrer 9 iglesias para ver si consigue novio, y luego ir a tomar el te a la confiteria del Molino. O finalmente entregar el relato erotico encargado por esta amanuense. Como donde estaba el gaumont se encontro que estaba el cine INCAA, las iglesias quedaban lejos unas de otras, los mejores hombres ya se los habian llevado unas turras que ni siquiera se los merecian -y ahi ni cristo resucitado te ayuda con el requecho que queda- y la confiteria del Molino se esta cayendo como Macondo en la ultima pagina, la mujer se decidio por la pornografia pascual, mientras se comia un huevo Kinder
Otras que han tomado mi santo nombre en vano tendrian que aprender. Promesas, promesas... y ay, esta noche no te lo escribo por que me duele la cabeza, ay, no estoy inspirada. Asi nos va en la vida, nunca terminamos de acabar ....
Basta de preambulos y lo de la sirena no es sacrilegio, porque ella cree en Neptuno, y todo el mundo sabe que el dia de Neptuno es el dia de las playas, que por lo menos en uruguay se festeja el 8 de diciembre.
Va el relato de Andy Pecas, gracias Andy. LLuvia Erotica


La lluvia....
La lluvia siempre me pareció algo molesto y , sobre todo, mojado.
Sólo una vez me gustó la lluvia .
Era un sábado. Uno de esos sábados perdedores donde el azar del chat me llevó directo a tomar un café con un desconocido a San Telmo.

La lluvia no estaba pronosticada. El aburrimiento que me produjo el encuentro con ese tipo, tampoco.

Decidí volver a casa, con una excusa más o menos ridícula pero bastante eficaz.

Al salir del bar, la lluvia inundaba Buenos Aires. Yo no tenía ni piloto ni paraguas ni ganas de seguir en esa cita, así que, caminé bajo el aguacero como si fuera un día soleado y ví que mi partenaire seguía detrás de mí, convenciéndome de tomar otro café.
Al llegar a Independencia, me subí al primer 86 que ví y dejé al muchacho, mojado, enojado y sofocado mientras yo metía las monedas en la máquina, tan satisfecha.

Estaba hecha sopa. Literalmente.

Ni siquiera sabía donde me dejaría ese colectivo. Felizmente, me dejó en la esquina de Alberdi y Pergamino. Desde allí podría tomar un taxi para casa.

Eran las cuatro de la mañana y ahí estaba yo, maquillaje lavado por la lluvia, los pelos pegados a la cara, chorreando agua, con la noche arruinada y sin un bendito taxi a la vista.

Unos segundos después un muchacho estaba en la misma posición que yo. Salvo que él no tenía corrido el maquillaje.... Intercambiamos miradas, sonrisas y al cabo de unos minutos, nos pusimos de acuerdo para compartir el taxi , si, milagrosamente venía alguno.

Charlamos, nos reímos...Era realmente bonito y yo maldecía la lluvia que había hecho de mí el estropajo que yo era y que me restaba bastante puntos para intentar siquiera un mínimo levante.

La lluvia se acentuó y nos acercamos un poco...De repente, su boca estaba en la mía, me puso contra la pared y me dió el mejor beso inesperado que hubiera podido imaginar....Uno de esos besos que hacen agradecer con todo tu cuerpo que se hayan inventado esos besos. Me tomó firmemente por la cintura. Su lengua era una invitación al dejar hacer y al no pensar. De repente su mano estaba dentro de mi escote de la manera más deliciosamente natural que haya podido imaginarse. No conocía su nombre y sin embargo, su mano condujo a la mía hacia su sólida virilidad. ¡Vaya si era sólida! No pudimos ver si pasaban los taxis, nuestros cuerpos (húmedos por fuera y por dentro) se negaban a separarse y nuestras manos hacían juegos prestidigitadores encantadores.

Los taxis comenzaron a circular, pero simulamos no verlos...De pronto, pensamos que no podíamos subir tan mojados a un vehículo y buscamos un hotel donde secarnos (por dentro y por fuera).

Corrimos bajo la lluvia, urgentes. No me pregunten como era ese cuarto de hotel. Nosotros no lo vimos, solo veíamos las ganas de vernos, de fundirnos en un hoy sin nombres ni promesas.

Su mano sujetaba efizcamente mis cabellos y yo sabía perfectamente que hacer para satisfacer sus demandas. Era fascinante ser guiada por ese hombre seguro, erecto donde cupiere y deseoso de gozar y ser gozado.

Sorpresivamente, me deslizó en la cama y comenzó a desvestirme, con una sola mano, viril, segura, acostumbrada a las trabas de las ropas femeninas.

Cuando estuvimos los dos despojados de toda ropa y vergüenza, entro en mí de una manera firme, cálida. Sabía exactamente qué hacer para volverme loca. Golpeaba suavemente mis nalgas y le imprimía al vaivén del evento, su sello personal.

Era como estar en la ruleta rusa de las humedades. La gloria del olfato.

Cuando terminamos (varias veces) dejamos que nos iluminara la luz de su cigarrillo. Fumé unas pitadas para seguir teniendo su gusto, de alguna manera, en mi boca.

El teléfono nos sacudió con su horrible chillido. Fin del turno. Fin de la aventura.

Estábamos secos.

Jamás volvimos a vernos.

Sin embargo, cada vez que llueve y yo estoy sola, o cada vez que paso por esa esquina de Alberdi y la veterinaria, cierro los ojos y deseo que la lluvia me traiga otra vez una aventura así de anónima y memorable.

3 comentarios:

  1. Me dejó epsitado. Grande la Pecas!

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  2. no, muy señor mio, los relatos de estas probas mujeres no son para que ud. haga el farolito chino en el pantalon, muy señor mio, no venga mas aca, porqueria.
    acabaramos.

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  3. Bueno, si, está bien, que se yo... perdón... snif...

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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