SOLO SOY CRITICABLE EN EL MARCO DE LA IDEA QUE YO TENGO DE MI MISMO
(Ricardo Piglia)

S I R E N A S
A H O G A D A S
E N V O D K A


viernes, 9 de enero de 2015

la paranoia de Anastasia Riquelme; un cuento de ministerios (dos post en un dia!! jodeme!)

Yo sabia que la señorita Riquelme se llamaba Anastasia, pero las compañeras viejas del Ministerio la llamaban Ana, y en el sello medalla figuraba A. Riquelme, Ingreso, Subsecretaria de Juventud. Solo por atrás, algunas pibas del sector la llamaban Anastasia, como si fuera intrínsecamente mas ridiculo que Nadine o Francisca.

Era su jefe,  me había conseguido un acomodo gracias a la Campora, para ser mas preciso se lo debìa a  una minita preciosa, soldado de Cristina, que quería algo de mi, y a la que yo no le iba a dar nunca, porque a mi el kirchnerismo me duraba poco y no tenia el suficiente énfasis para hacerla orgasmear nombrando a Nestor. Sin embargo le estaría eternamente agradecido, la vida es dura para los egresado de sociales, y ya habían pasado dos años en el cargo, en el curso de los cuales la minita en cuestión se había ido a vivir con otro.

Es sabido que de cada voltereta  política quedan,en las dependencias publicas, o mejor dicho quedamos, como peces fósiles, una espesura de contratos y nombramientos que se van acumulando. Capas geológicas presupuestarias, sedimentos que les dan a las oficinas una patina ecléctica populista, cierta ideología acomodaticia de conventillo, donde debemos limar asperezas ideológicas -a menos que seas o te hagas el trosko- , donde a fuer de callar se deja de saber que se piensa, o se disimula. Siempre y cuando no seas un  parvenú, uno de los que ingresaron con el ultimo, con el que está en la cresta antes del derrumbe, el aquietamiento o el traslado.

No supe y eso que intente averiguarlo el día después, por quien había sido acomodada Ana. La de Impresos suponia que por la antiguedad, venia del tiempo prehistórico de Matilde Menendez pero lo cierto es que estaba en edad de jubilarse. 
Ella oreando los 60 y yo estrenando mis treinta. Mis jóvenes treinta. mis exitosos treinta, con departamento propio, auto en cuotas, titulo de sociólogo de la UBA, cursando en Flacso,  y que si eso no es éxito, simulemos, para que nadie se de cuenta.

El ministerio te suele transformar:La gente pasa, las escobas nuevas no barren bien, la cultura del zafar, del cuidarse el culo, son moneda corriente.  entras joven, con ganas y con planes y a medida que pasan los años te vas quedando gris, o tal vez beige, las paredes te chupan la luz, algo asi. Nunca me podre imaginar que A. Riquelme tuvo luz,  era fea, mezquina, vacia.


Ella estaba agarrada al escritorio, atornillada, ni siquiera hacia el semblante de ser necesaria, tenia prepotencia de permanencia. 
Comia yogurt con cereales y galletitas de leche, fragiles y delgadas, con las que no convidaba jamas.Como una ratita, medio escondiendolas en la mano concava.  Para mi era  un paraguero, una pila de carpetas rotuladas. como las que iban de su escritorio al mio.
Ana para las viejas compañeras, y la Srta. Riquelme para mi, anotaba en un cuaderno y les daba curso. Tenia que recurrir a ella cuando se trataba de reclamos de arriba por expedientes que no se habian resuelto. Su cuaderno era una garantía a pesar de que en estos tiempos todo esta virtualizado.  Me hubiera encantado un gran incendio, muy grande, que quemara todo, para que nos diéramos cuenta de que la vida pasa muy afuera de esta oficina de mierda, que no hacemos nada, que somos inútiles, que somos aquello que temimos ser, aquello que detestabamos.Será por la desforestaciòn del Amazonas, la cosa es que el microcentro es un horno convector y tendríamos que ir a trabajar en  cuero y ojotas. El aire acondicionado es malo en mi sector, pero se banca. Lo que no se banca es la opresión de tanto papel. Somos como acumuladores ordenados, somos la nada misma.
  Un día uno se tiro al vació.


La tarde antes yo la vi en un bar, lejos del trabajo. Sorbía un licuado de banana con pajita, en el bochorno del diciembre,  torrido y tropical. 
Hacete una composición de lugar, un bar en la concha de la lora, dos mesas ocupadas, en una yo, en otra la Señorita Riquelmel que chupaba de esa pajita un licuado espeso, que requeria un sorber con energia, encorvada sobre el vaso que transpiraba, un vaso de cristal grueso, antiguo. ¿Acaso es normal pedir un licuado en bares? 

Cuando se paró me vio. Yo me hacia el pelotudo con la tablet, pero ella se acerco y me dijo Miguel que haces acá, con una mirada de loca, como si yo la hubiera seguido. 
Primero simulé confusiòn, luego me confundì realmente ¿que esperaba que le dijera? Le dije la verdad, o parte de la verdad: dije que no la había visto y que casualidad.

Ella supuso que la había seguido, se sentó y me pregunto con vos quebrada cuando la iban a dejar en paz, cuando. Supuso ademas que yo le iba a pedir que dejara el trabajo, que la trasladaría que ya estaba a la firma su retiro- Se fue poniendo cada vez mas ansiosa y temí que empezara a llorar. No me aguanto cuando llora una pendeja imaginate tener que aguantarme una vieja llorando. No me salia ni una broma, y ademas estaba capturado por un pelo en la barbilla, largo y afilado, como hipnotico. 

Intente tranquilizarla, con razones mas que valederas, le dije que de ninguna manera la hubiera seguido para algo del ambito laboral, que nada mas lejos de mi que firmar su retiro o su pase, que no sabia de donde habia sacado esas historias.
El  pelo largo ese se enderezaba o vibraba junto con el temblor de su barbilla. Era grueso, casi un pendejo, solitario que le daba un aspecto patetico. Le hice un chiste, sobre que pensarian Fernanda o Nadine si nos veia juntos, hasta le dije si nos sacabamos una selfie. Nada. Ella seguia en su angustia inmotivada.

Al rato simule urgencias, junte todo, pague lo suyo y lo mio -nobleza obliga- y me fui, rapido. Pasaba por allì el 165 que me trae a Lanus, a la casa de mis viejos, pero me subi a un taxi y pedi que me llevara a casa. En el trayecto, como siempre, saque el celular. Y lo vi.

Un guasap, del director. Me decia que me iba a mandar un memo con el pase a retiro de la Anastasia Riquelme para que le diera curso a la mañana siguiente.

1 comentario:

  1. redondito, me gustó...... 2 en un día, no está mal je...

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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