martes, 5 de julio de 2011

Las noches blancas de la ciudad de Arcangel.

Si la sirena tuviera que definirse por una pelicula, eligiria The Last Picture Show, si la sirena tuviera que ser conocida por una musica, seria Caetano Veloso cantando Mulheres de Atenas, pero si la apretaran para que un poema hablara de ella, sin dudarlo ni un instante, seria Eugeni Evtushenko y las Noches blancas de la ciudad de Arcangel.
Es que ese poema le perforo el alma cuando tenia 15 y despues lo perdio y creia que habia sido para siempre jamas. Pero la generosidad de Natalia Litvinova,  a quien fuimos a golpearle la puerta,  poeta rusa que vive en Buenos Aires, o tal vez sirena porteña que nacio en Moscu hizo posible que ambas, la sirena y el poema de Evtushenko se encontraran, aunque en su traduccion (la traduccion de una poeta, nada menos) nos cambiara Arcangel por Arjangelsk y un quiza por un puede ser.
Fijesen bien ¿no hay un parentesco entre Tuñon y este poema? Es que las cosas de los puertos, y de las mujeres y hombres que alli pasan se hermanan en la nostalgia tratese de Marsella, Arjangelsk o la improbable Buenos Aires.


LAS NOCHES BLANCAS EN ARJÁNGELSK
 
Las noches blancas, un continuo "puede ser"...
Algo brilla e inquieta extrañamente,
puede ser el sol o puede que sea la luna.
Quizá con tristeza o quizá con alegría,
quizá por Arjángelsk o quizá por Marsella
pasean los novatos marineros.
 
Las camareras abrazadas a ellos,
y bajo las cejas, como botes helados,
balanceándose se mueven los ojos. 
¿Acaso la astucia dictará
y ellas deberán apartar sus labios?
Quizá sea necesario, o quizá no.
 
Las gaviotas chillonas revolotean sobre los mástiles—
quizá lloran o quizá se ríen.
Y en la orilla el marinero al despedirse
le da a la mujer un largo beso en los labios:
«¿Cómo te llamas?» — «Qué importa...»
Quizá así o quizás no.
 
Sube por la escalera al barco:
«¡Te traeré una piel de foca!»
Pero se olvidó que no sabe a dónde.
La mujer se queda en silencio.
Quién sabe, puede que vuelva,
puede que no pero puede que si.
 
Sin querer, en el muelle, me parece que
las gaviotas no son gaviotas ni las olas, olas.
Él y ella no son él y ella:
todo es el reflejo de las noches blancas,
es pleamar y bajamar,
quizá insomnio o quizá un sueño.
 
La sirena suena intensamente, como un adiós.
Él ya no mira con tristeza.
Allí está, aparte, lejano, navegando,
gustoso lanza bromas pesadas,
tal vez en el mar o quizá en el barco,
quizá sea él o puede que no.
 
Anónima, sobre el muelle—
quizá es el fin o quizás el principio —
la mujer del ligero abrigo gris
desaparece lentamente como una cortina de niebla. —
Quizá es Vera, Tamara
o Zoia, o quizá nadie...

1 comentario:

  1. Los puertos creo que igualan aún más que las estaciones terminales de trenes. Hace mucho que no amarro en uno....¿como serán hoy día?
    Un beso.

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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