viernes, 4 de enero de 2019

ensayando escrituras alternativas.

Me quedé muy fascinada con una cuenta de twitter que se llama literatura berreta. Ahi se da cuenta de los lugares comunes a los que acudimos quienes escriben: Detectarlos es una cosa (yo lo hago, alguna vez fueron recursos legítimos, como las enumeraciones de Borges) y no usarlos es otra cosa.
La cuestión es que le escribí al responsable -era una chica, y seguramente es una chique- y armamos un taller.
Creo que mucho no me leyó  pero se dio cuenta que caigo en el recurso de la literatura del yo, de contar cosas que mis yoes han hecho o eventualmente podrían hacer,como dejar que un niño se ahogue sin hacer nada. Es joda, ninguno de mis yoes haría eso, ni los mas canallas.
Me instó a hacer un cuento de hadas, con lenguaje neutro. Cada día lo mejoro o lo empeoro, trabajo en él como una mujer en su jardín: Rápidamente le pedí a uno de uds que lo lea y no me dijo nada, simplemente me señaló un error freudiano en los nombres: una de las hadas malas primero tenia un nombre y luego el de mi madre. No creo que le haya gustado porque ese asunto no fue mencionado.
La verdad es que lo leí veinte veces y perdí perspectiva. Tómenlo como un ejercicio, que traté de hacer con cierto celo.
y si quieren digan algo de él. A mi me sirve todo
¿saben que cuando mi autocorrector lee freudiano quiere sustituirlo por euclidiano? Faltaba mas.

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Hadas en la Marinera

En el centro de La Marinera hay una fuente, graciosa y enorme. Tiene una gigantesca Atalanta sosteniendo una concha en una mano, mientras que en la otra remeda en piedra una maqueta de la expedición de los Argonautas.

Arriba de la concha, juguetean entre sí tres criaturas con alas y cola de pescado.  Ellas están como acostadas en la cavidad de mármol, y si uno se acercara con una lupa, con cualquier instrumento de precisión que nos permitiera visualizar en primer plano cada una de las caras, se vería que están llorando. Eso no tiene explicación conocida. Podemos suponer que se mandaron una muy mala y que un ser maligno las confinó a la piedra, pero eso supone que los pecados acarrean castigos  terribles y no podríamos afirmarlo con total precisión. De cosas que tengan que ver con griegos se puede esperar cualquier cosa, porque ese Olimpo solía ser muy caprichoso.

No se sabe a ciencia cierta si el nombre que les dan los pobladores de La Marinera a las sirenas aladas es verdadero porque no existen registros escrito que puedan rectificar o ratificarlos.La que está totalmente desnuda y con el vello púbico largo y enrulado, mezclado en su vulva de pescado es llamada Hilda,La que tiene el pelo corto y revuelto, Norma y la que toma por la mano a las otras dos, Susana.

Es considerado de mala práctica ponerle a las niñas estos nombres. Abundan las registradas como Casandra, Hipatia o Artemisa, pero ninguna Hilda, ninguna Norma y ninguna Susana. Parece que  hace como tres generaciones atrás, a las nuevas madres, a fuer de querer ser originales, se les ocurrió utilizar los nombres de las sirenas y eso trajo consecuencias funestas. Ninguna niña sobrevivió, sucumbiendo todas a la escarlatina, los accidentes domésticos o simplemente el ahogo en el mar. Hubo una profusión de varones, lo que tuvo impacto quince años después con el aumento de la intención de viajar extramuros, con el aliciente de buscar doncellas.,

Es habitual que los párvulos de La Marinera se metan en la enorme fuente donde está parada Atalanta y retocen cada vez que la temperatura sube a mas de venticinco grados.No tema el lector que los niños se electrocuten, porque aún no ha llegado el gran invento del fluído eléctrico a esta población. Tres lunas en burro toma llegar a un pequeño pueblo, y otras cinco lunas de marcha  por una ruta de tierra y piedras sueltas nos llevarían a la ciudad capital. La empresa se ve dificultada porque hay que cruzar bosques cerrados, precipicios y páramos sin agua para ir de un lado al otro.  Algunos hacen este trayecto, una vez en la vida, a la manera de una peregrinación y traen novedades como el fonógrafo o las estampillas con héroes o los cuadernos rayados, pero podríamos decir que La Marinera básicamente ha quedado dejada de la mano de Dios y del Estado y se va arreglando como puede.

No llegan siquiera los emisarios del presidente, ni las noticias de las revoluciones, sino cuando el poder ya está en manos de otro, y sus ciento noventa y cuatro habitantes no generan interés en los cobradores de impuestos que recorren el país buscando engrosar las arcas de los funcionarios,cuando cada año, tratan de aumentarse la dieta, tal como escuchan que hacen los de todos los países llamados civilizados. El rédito no condice con el esfuerzo, entonces los funcionarios no mandan a nadie.

En un poblado sin iglesia, ni Estado,   estas tres criaturas con aleta caudal, y alas son las encargadas de cuidar de que La Marinera no sucumba al pecado que hicieran que Sodoma y Gomorra desaparecieran de la faz de la tierra y sirvieran de escarnio por los siglos de los siglos.

Cuentan las personas viejas, los curanderos y las mujeres que ayudan en las pariciones que las sirenas hadas (de eso se trata, de sirenas hadas) velan por la honra de cada uno de los pueblerinos. No dejan que las mujeres tengan hijos frutos de infidelidades con los vendedores que traen productos estacionales al mercado, ni que se den el gusto los viejos que corretean detrás de las vírgenes para birlarles su virtud y chuparles las energías, a falta de otra potencia sexual que valga la pena.

 Muchos, a lo largo de la historia de La Marinera han tratado de ir en contra de estos preceptos morales básicos pero ha sido en vano. Los coitos extramaritales no generan embarazos escandalosos y los viejos suelen caer en desgracia cada vez que han intentado usurpar la virtud de las niñas. Por ejemplo se rompen las piernas en pozos que surgen sorpresivamente en los caminos, pozos sin fondo, o se mueren por diabetes o reciben  la visita inesperada de sus biznietos en cada ocasión que el pecado estaba a punto de concretarse.

Es importante que entienda el lector que,no obstante,  La Marinera no es una comunidad más virtuosa que cualquier otra. Hay cada tanto crímenes horrendos generados por las pasiones que despierta la codicia, envidias que ponen las caras verdosas y arrugadas,  y jóvenes que piensan en emigrar a cada primavera y que desisten por las complicaciones del viaje y por el pecado de Pereza.La cobardía, la impiedad, incluso la gula y la soberbia están a la orden del día.

Las personas que afirman que las sirenas hadas regulan la moral son vistas como atrasadas, mitómanas o simplemente con gente de  pensamiento simple, son criticados por ilusos.. Pero son muchos los que haciéndose  los desentendidos merodean la fuente a la hora del crepúsculo, tratando de tirar papelitos con pedidos o promesas en la concha donde ellas moran, mientras el pueblo enciende las farolas de las puertas de las casas, y se sacan a la vereda abanicos hechos de caña de bambú y encajes, con los que varones y mujeres se espantan los calores, intercambiando chimentos y consejos.A esa hora todos se ponen las mejores ropas, y se miran los abanicos con ridicula competencia. El que tiene mas alamares o mas incrustaciones es el mas comentado, pero a veces hay abanicos hechos con papel plegado que dan un viento que los pesados quisieran tener.

Cuando se apaga la última farola -todas alimentadas por esperma de ballena, lo que hace que su luz deje a las estrellas en vergüenza y a la vez exige  de los lugareños que se cuide el recurso, porque que conseguir esperma de ballena no es coser y cantar- algo pasa.

Algo mágico: reverbera la luna en el agua de la fuente, la sacude (es cosa científica que la luna regula las mareas, pero no así el agua de las fuentes) y el agua empieza a salpicar la mano de la Atalanta y sube más aún. Sube tanto que si alguien  observara no podría sino suponer un prodigio. El agua de la fuente termina cobijandose en la concha donde están las sirenas hadas. Y esto las vuelve del mármol a la vida.  Y se dice que se deslizan por el mojado lecho de la fuente, como por un caminito,  hasta salir de ella e ir volando y hacer sus prodigios, que son muchos más de los que este relato puede enumerar. Por ej. consiguen que las ballenas eyaculen, con artes de madamas,  para que el pueblo siempre esté iluminado a horas dignas. Y también que no falte el romero en las laderas y que los jóvenes no se vayan, para que La Marinera no se despueble  al ritmo de otras comunidades dejadas de la mano de dios, como aquellas donde hubo ferrocarriles que no corren ya, donde solo quedan tres tristes viejos jugando al tute y alguna mujer discapacitada.

 Antes de la primer luz, antes de que se vayan todas las estrellas, vuelven las hadas a la fuente y se aposentan en ella, fingiendo que todo sigue igual. Y aquí no ha pasado, salvo que las infieles menstruan y los viejos se miran el pene con tristeza a la madrugada.  Claramente ellas no buscan fama. En cuanto a  los papelitos que le tiran, la magia de su naturaleza hace que sepan los deseos y los secretos de cada uno.No necesitan su lectura La omnisapiencia es su marca,como la de todo ser sobrenatural que se precie, a excepción de los calamares gigantes que son muy fáciles de engañar.

El pueblo está hecho de construcciones bajas Linda a un lado con la salida al camino antes mencionado, y al sur y al norte con enormes macizos de piedra infranqueables y de nieves eternas, en la base de cuyas laderas crece el romero.  Al oeste está el mar, y cuando uno intenta buscar un límite del otro lado, un horizonte, no hay nada sino la línea levemente curva que da cuenta de la soledad más absoluta. Es aterrador.

Nadie nunca llegó a La Marinera por el mar. Los botes que salen son de pesca y vuelven en el día. Los  jóvenes alocados que no han conseguido establecerse en un oficio decente como zapateros, tenderos o albañiles, jóvenes que generalmente aprendieron a tocar el acordeón a piano, y que sueñan con lugares donde no hay mar y muchachas que no conocen, tratan de huir por el oeste, donde en otros lugares el océano se llama Pacífico
En cada generación desde hace doscientos años los jóvenes alocados han construido botes cuyo fin no es la pesca de anchoas doradas y pejerreyes del color de la plata coloidal o azulejos tornasolados hermosos pero de carne muy sosa para escapar del tedio.

En estos asuntos también en esto intervienen las sirenas hadas. O los dejan ir hasta que vuelven solos agobiados por no encontrar otra cosa más que más mar y sol y soledad , y ni siquiera una margen o una isla. después de días y días de navegación. Los que vuelven aprenden un oficio rápidamente, se casan aunque sea con la mas fea o insulsa, pero se instalan en la adultez sin cuestionar ya nada. Otros simplemente desaparecen y  terminan recordándolos solo sus tías y novias abandonadas, que tratan de duelarlos vistiéndose de negro o armando altares con velitas y flores amarillas,  y que, por consejo de los sanadores de almas,  para tramitar el olvido, enjuagan sus pañuelos llenos de lágrimas en la fuente del centro del pueblo y después, cuando el prodigio está hecho,resulta que  nadie los recuerda fehacientemente y se empiezan a confundir sus nombres y sus cara y hasta el viaje parece un cuento. .

Todo parece que está a punto de cambiar. Estamos en un punto de inflexión en la vida de los ciudadanos de La Marinera, tanto es así que uno de los viejos se animó a pedir la mano de una quinceañera a sus padres en el último festejo del pueblo.
Los padres de la niña no contestaron y pospusieron la decisión ya que, de aceptarla, se irían de los bajos inundables donde se anegan los dormitorios en cada lluvia, hacia la parte de la ciudad donde viven los ricos, aquella desde donde el mar es paisaje y no peligro.  Pero temen la ira de Hilda, Norma o Susana.

Hay registros de nuevos pájaros que vienen del este, lo cual es raro porque tienen que atravesar un desierto donde no hay agua. No se explica..Un vendedor de trastos de cocina que ha llegado del este,  cuenta que ciertos japoneses (señores de color  amarillo con ojos al revés) dicen que La Marinera está asentada sobre una mina de cadmio.
Nadie sabe para qué sirve el cadmio ,y además nadie lo vio nunca, no se conocen sus propiedades organolépticas. Algunos creen que el cadmio es el romero.
Los japoneses  sostendrían económicamente la empresa de sustracción del cadmio de las entrañas de las montañas que rodean La marinera. De ahí en más nada será como era.

Si esto fuera verdad se multiplicaría el número de habitantes, las niñas inocentes se contratarían en los nacientes lupanares y habría lugares abiertos veinticuatro horas por día donde vender bocadillos y sidra y condones (los viajeros son muy lascivos, dicen las historias), para no hablar de hoteles de estadías cortas y peluquerías donde los visitantes puedan arreglarse la barba a la manera caribeña. Florecerían academias de baile y panaderías. Los jóvenes no tendrían porque aventurarse por la mar y todos los acordeones a piano del lugar serían desempolvados para improvisar juergas y alegrías en riñas de gallo o carreras de galgos o de los perros del lugar que se parecen más a hirsutas comadrejas que a galgos, en realidad.

Una señal inequívoca de que todo está en peligro es la barriga creciente, en forma de luna llena,  de la hija del sastre. Ella se ha casado con un mozo que solía despinar atunes y venderlos en la playa. Sus horarios matrimoniales están regidos por las mareas. Entre marea y marea la hija del sastre acostumbraba recibir la visita de un montañés que bajaba al mercado a vender arroces y a sacarle sonrisas de la peor manera. Dicen los que saben,  que el mozo atunero tuvo paperas de chico y es estéril. Y esa panza de la hija del sastre no está hinchada por gases. Las viejas se asombran y hay consenso de que las sirenas hadas solo pudieron dejar pasar este asunto por estar concentradas en cosas de más trascendencia para La Marinera.

¿Pero si las hadas no hacen lo que están destinadas a hacer, y se ocupan en otras cosas que será del destino de los mortales? Habría que apelar a una instancia superior, no se sabe si la Atalante que ha sobrevivido a la excursión de los Argonautas en busca del Vellocino de Oro es algo mas que una bloque de mármol. . ¿O a quien?, un Neptuno, una deidad femenina que venga a poner orden porque así ya no se puede vivir. Que nos queda, dicen las viejas,¿ que el mundo gire para el otro lado, que el tiempo se vaya para atrás?

El pueblo se ha dividido en dos: unos quieren que vengan los señores de los ojos puestos al revés a sacar todo el romero de las montañas, otros tiran papelitos a las conchas pidiendo que nada cambie. Lo llaman la grieta.

Hilda, Norma y Susana siguen jugando el juego de los seres eternos, descuidadas del destino de los mortales.

1 comentario:

  1. Tengo admiración por la obra de Lola Mora, quien recibió muy poco reconocimiento.
    Me gusta que Hipatia sea un nombre muy usado. También tengo admiración por la filosofa de Alejandría. Podría mencionar que demoré en ver Agora, por la indignación que sabía que me despertaría.

    Esas sirenas hadas tienen rasgos un tanto molestos.
    Tu relato está bien. Me gusta.

    Saludos.

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

cateterismo