viernes, 19 de enero de 2018

plein soleil: Remoras de otros veranos.

En mi casa natal, donde viví hasta los 29 años, (los 9 de casada en un departamento separado por un fondo) se sacaba la silla a la puerta. O mejor dicho el banquito.
Cuando nació mi primer hija, todavía mi abuela se sentaba en la puerta, a la hora que el sol ya no asolaba mi vereda. ¿a las seis? Otras personas hacían lo mismo: era para ver pasar la vida.
Entonces bañaba en la pileta de la cocina a Malena y me sentaba, tambien,  con el cochecito de paraguitas y la paseaba de esquina a esquina . En esa vereda estaba "el negocio"de mi padre y él sacaba un banco largo, donde se podían sentar 6 personas cómodas, y alli me quedaba un par de horas, charlando de nada. Estoy hablando del verano. Mi niña estaba vestida de tarde, Yo, el verano que te digo, ya era psicóloga y trabajaba a media maquina, 3 mañanas por semana en el hospital. Julian llego mas tarde.
Mi abuela andaba por los noventa años. Tenia ciertas particularidades, como que no hablaba mal de nadie y tenia opinión de todas las cosas. No hablaba con acento italiano, porque había venido de piba. pero sí nos transmitía algunos dichos en dialecto parmesano.

No se cuando dejé de salir a la vereda, Un par de años después me mude a esta casa que habito ( y pasaron 31 años) y ya no salía, Salvo los dias de año nuevo, que como un ritual, saco la silla o me siento en el piso en el umbral. Este año lo olvidé.
En casa,  mi hija y mi marido suelen atormentarme diciendo que en el barrio no me conoce nadie. Es verdad por un lado que no soy una chica del barrio, pero la antigüedad hace que estos dos advenedizos no sean conocidos como yo. Desde que nací y con continuidad vivo en la misma manzana, donde mi padre y mi marido tuvieron sendos comercios. También dicen que soy antipática (y a esta altura de la cachada ya estoy riendome y con lagrimas en los ojos por que me jode que digan eso). Mi nieta los mira con odio porque me toman el pelo y me pregunta porque tengo lagrimas y me rio.
Claro que no soy antipática.
Ellos agregan: como la abuela (la abuela, en este caso, es mi madre,que tiene muchos meritos pero es muy antipatica)Parecerse a la madre es un destino y algo que ninguna mujer de bien tolera.

El  verano de mas chica era jugar a la escondida en la calle (no en la vereda, en esta calle pasaban pocos autos) y volver de febrero de las vacaciones para preguntar que pasó en el barrio.
Todavía lo pregunto, ni se si me interesa pero vuelvo de las vacaciones y me cuentan.
A veces pienso en mudarme, en ser otra. Si me separara de mi marido, yo abandonaria esta casa. Me iría donde no tuviera rémoras del pasado.
Cuando cierre los ojos, ya es otoño.
Tambien vienen a mi recuerdos de estar en la cama grande, con todos los apuntes de la facultad tirados, estudiando. De vivir sin estufa ni aire acondicionado, de poner una mesa en el patio y comer allí, en la otra casa, donde ninguna de las habitaciones tenia ventana y solo puertas a ese patio.
quien era yo?


5 comentarios:

  1. Se de que hablàs, crecí mas o menos en la misma geografía social.
    Me diste un chirlo de nostalgia.

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  2. Pero, no me separarìa de mi marido, no cuenta en esta ucronía o distopìa mi heterosexualidad.

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  3. no hace falta que lo avise. Todos putos, siempre.

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  4. Nostalgia 10.000 %
    Yo también estuve hasta los 29 en José León Suárez, cuando me mudé hace unos 5 a Tapiales City, encontré en las calles algunos detalles que había perdido un par de décadas antes allá en J.L.S. En la calle, porque me fui a vivir a un departamentito, y perdí muchísimas cosas de adentro de la casa, de patio, de cielo estrellado.
    Algo estoy recuperando ahora, pero la nostalgia va a hacer piantarme un lagrimón.
    Poné un tango y ¡a tu salud!

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  5. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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