domingo, 20 de noviembre de 2011

sirena que vuelve.

Sirena que vuelve
Tuvo alguna vez un analista lacaniano. Probó mas tarde con la bioenergía, con una mina que había sido instruida por una machi en la Patagonia, con terapias alternativas.
Hacia yoga, militaba con un colectivo de mujeres, estaba comprometida con varias causas
Con cuarenta , le podían dar treinta (pilates, comida orgánica la mas de las veces)
Como estaba al pedo, y le pagaban una fortuna por trabajar en su casa on line con la oficina, reina del homeworking, había emprendido la tarea de encontrar su ser.
No tenia muy claro (a pesar de haberlo hablado tanto) si estar sola era una elección o un destino.
No daba más.
Parada, esperando que le entregaran el pedido en el take away del restò de comida vietnamita, que habían puesto donde antes había un negocio de arte, y antes una tienda de diseño, y antes, (mucho antes) una verdulería de barrio, tuvo una iluminación.
Un insight, revelación, como quieras llamarlo.
Por eso, ni bien pagó tiró el cartón que semejaba las cajitas del China Town, el legitimo, el de New York, oliendo a salsa teriyaki  y caminó como casi volando a su departamento
Hizo una pila de las cosas innecesarias, que había comprado con unción de creyente, pensando en que ya encontraría forma de venderlas, porque su nueva vida iba a necesitar de grandes decisiones.
 Dejar su trabajo, donde después de todo, nadie la extrañaría
Zapatos altísimos de taco aguja, un vestuario caro e inútil que acá la hacia invisiblemente adecuada, allá llamaría a risa o escarnio.
En un bolso (el de llevar la ropa al laverrap) puso básicos.
Paso por el cajero, retiro tres lucas, paso por el banco -casi cerraban- sacó el resto. Obvió la tentación de llamar un radio taxi, camino cinco cuadras, llego a la Estación Pacifico, tomó  el subte D, hizo la combinación, y sacó pasajes para el bus ( no se llama bus, el nombre correcto era micro) a San Clemente.
En la terminal se compró un matelisto Taragui. No era la herramienta adecuada pero se acercaba
Y en la arena, sentada, sorbiendo  (años que no tomaba). como si el sabor verde fuera la magdalena de proust, mirando a rabiar el mar marrón que ese día  era puro Río de la Plata, en la arena negra, y riéndose de si misma, mientras, además lloraba como un surtidor, supo exactamente quien era.
En la vida del Héroe hay un viaje. Para algunos es traspasar el océano, para  otros se trata de volver. 

5 comentarios:

  1. Immmmpecable, como dicen algunas amigas que,no lo dude Sirena, necesitarían también ellas volver. Y con la frente marchita como Carlitos. ¿Es nesario (ja, link al otro Calllos) decirle que me lo llevo a ese lugar donde a veces la buena gente se reúne a compartir cosas como ésta?

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  2. Con un sabor amargo, no me queda mas remedio que decir: Excelente!!!

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  3. Mucha gente vive engañada. Otra directamente no vive.
    Y yo tengo resaca.

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  4. Ahhhh,las revelaciones!!!!

    "En la vida del Heroe hay un viaje."

    P.D.:Y uno se pone a pensar tantas veces sabiendo que la respuesta no suele estar precisamente dentro de la cabeza sino en ese 'click' existencial... :/

    BESOS Y REGRESOS

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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