hacemos lo que podemos

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martes, 17 de agosto de 2010

las fotos.

¿no es bastante siniestro verse en fotos? A me gustan algunas fotos viejas. Para un cumpleaños arme una tarjeta con una foto mia, disfrazada de Hada de la noche, de cuatro o cinco años y me encontré en esa chica que era, en las mejillas redonditas. Tengo una caja de diapositivas esperando su selección para cambiar de formato, pero no me le animo. Digo:no tengo tiempo, pero miento.
¿que ves cuando me ves?
¿que veo cuando me veo?
Recuerdo una pelicula medio maleta (medio si la mirabas con un solo ojo), argentina, con Arturo Puig y una mina que fue una gran actriz de teatro, Inda Ledesma, muy respetada.La pelicula se trataba de un ama de casa que se levanta a un pendejo, y la mirada de él la pone linda. Creo que era un pelicula de Fernando Siro ¡malisima! pero trataba de algo de verdad. De la mirada. Miradas que matan, miradas que curan.
Quiza estoy pensando en esto por un texto de Masotta ¿saben quien es Masotta? Fue un intelectual argentino, un especialista en filosofia, un tipo del DiTella, que fue recontramoderno, tiene un estudio muy famoso sobre las historietas, pero lo mas importante que hizo fue introducir a Lacan en la Argentina. O sea, nuestro país es psicoanaliticamente lacaniano gracias a Masotta, que despues se fue a Europa y se cago muriendo de un cancer todavia muy joven. Yo estudie con una discipula de Masotta, con Rinti Dangelo : Ella me hizo leer un texto donde Masotta hablaba de Arlt. Es un libro bellisimo, que ahora se reedito y se llama Sexo y Traición en Roberto Arlt. Alli Masotta se ve en una foto con un traje carisimo, hecho a la medida, pero a la medida de otro, no era de èl.
A ver
Yo, seguramente un idiota mental, pretendía escribir. Tenía miedo. Ese miedo nunca me ha abandonado. O mejor: el miedo nunca me ha abandonado. Es aquél ese miedo que se reflejaba en una más que sugestiva fotografía de la época. Se ve en ella una cara irregular y un poco mofletuda. La nariz levemente torcida. La frente, sin arrugas, pero con surcos, cae fláccidamente sobre las cejas, las que se juntan a la altura del comienzo de la nariz. La mirada, floja, como incapaz de penetrar nada. Y una mezcla de estupor y de disgusto (de disgusto concreto, como si estuviese frente a un plato de comida un poco repugnante) envuelve la zona de la boca, el labio inferior ancho y un poco caído, una comisura lateral empujando al labio superior hacia arriba. Y como todavía no había aprendido la ventaja que consiste en ocultar el tamaño de las orejas llenando de cabello los costados de la cabeza, las orejas aparecían en su tamaño natural, largas y un poco separadas. Cuando vi por primera vez la foto me acuerdo, me asusté bastante. No era que temiese a mi fealdad: la conocía. Lo que me inquietaba era como la presencia en la foto de algún germen congénito de anormalidad... Esa sensación me acompañó durante mucho tiempo. Aunque sospechaba que lo que temía congénito, no se originaba en la naturaleza ni en la biología, sino en la cultura y en la sociedad. Esa atmósfera vagamente mórbida de mi rostro de aquella fotografía tenía que ver conmigo y con el dinero, con el dinero y con el trabajo, con el trabajo y con el trabajo de mi padre, con el “status” de mi padre, con mi conciencia y con mis deseos. Me basta ahora mirar la parte inferior de la fotografía para cerciorarme de ciertos datos que tienen que ver con el origen de mis “rasgos de carácter” y también de mi temperamento. La ropa que llevaba: un traje cruzado, oscuro, de franela, a rayas blancas. Además, una camisa blanca y una corbata oscura. Se dirá: un conjunto banal, en el cual es posible leer bastante poco. Pero si se mira la  foto con cuidado se puede observar un cierto corte de las solapas, que el saco se estrechaba en el pecho, que “cruzaba” bastante más de lo normal. En verdad —como yo decía—: un saco de corte perfecto. Y lo  era: lo había hecho Anselmo Spinelli. Pero ese sastre no lo había hecho para mí: habrían sido necesarios más de dos sueldos enteros de mi padre para pagarle la hechura. Ese traje, sobre mi cuerpo, era ya una locura sociológica, por decirlo así. Yo lo había comprado —después de rogarle para que me lo vendiera— a un compañero en el servicio militar. El hijo de un juez de la Capital y de una familia dueña de algunos campos en la provincia de Buenos Aires. Pero yo sabía todo esto. Sin embargo, no podía dejar de despreciar a mi padre puesto que “carecía de gusto”. Y efectivamente: se vestía con el gusto mediocre de un bancario. El me contestaba que era cuestión de dinero. Pero yo sabía que no era así, o que era una cuestión de dinero pero no en el sentido que lo entendía mi padre: mi padre ignoraba los principios más generales de un dandismo a la inglesa que yo en cambio me sabía de memoria. Los había aprendido mirando, fascinado, la ropa de Marcelo Sánchez Serondo (lujo) que había sido mi profesor de historia en la escuela secundaria. Yo no sabía entonces quién era en verdad mi profesor de historia. Mientras despreciaba a mi padre. En cuanto a la ropa inglesa, “clásica”, todavía hoy me fascina. Y en cuanto a la época de la foto, es seguro que todo esto no podía no desfigurarme, no enfermarme, a la larga, o en aquel momento, ya, de algún modo...
Masotta estuvo muy loco durante un tiempo. Muy loco de verdad. Lo curó entre otras cosas vivir con un procer, con Pichon Riviere, que era generoso y alcoholico. Y muy autodestructivo tambien.
Yo entiendo lo que dice Masotta, hay fotos que develan lo monstruoso que hay en uno. Y uno no puede sino enfermar.
Como contraconjuro tendriamos que sacarnos fotos que nos sanen.
fotos  que nos quieran bien
para no enfermarnos
para revelar lo bueno y no lo otro.

3 comentarios:

  1. ...o levantate un pendejo que es lo que dejaste en claro con la cita de la película! juaaaaaaaaaaa!

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  2. no me leen pablo. Ud. confunde todo. jajaja.
    Pendejo, ni pagando me daria bola, jajaja.O tendria que pagar mucho y encima, hacer docencia.
    Ademas, ya lo ve, mi problema es con la mirada de las mujeres, no de los varones....No sea maledicente.

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  3. El problema de Uds como género es que aún en una reunión social, en el colectivo, en un bar, en el tren o cualquier situación estan pendientes de la mirada de la competencia! Nosotros no reparamos en detalles, como bien reflejas en tu escrito!

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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