domingo, 11 de agosto de 2019

un largo y tortuoso camino a ningun lado.

un largo y tortuoso camino a ningun lado.

La primera vez que fue a la ginecologa, a escondidas, para corroborar si un atraso menstrual era un incipiente embarazo, no se de quien tuvo la recomendación de que. en ese lugar .la iban a atender sin preguntarle por la madre y así dirigió sus pasos a los Bomberos Voluntarios .

El sitio, cuyo primer piso había sido una enorme sala de baile que había conocido grandes celebraciones de carnaval en otra era glacial, contaba con una sala de primeros auxilios donde todos los niños de la zona recibían  vacunas, los viejos se tomaban la presión y se daban inyecciones. También servia para las dolencias que acarreaban vergüenzas,como en este caso.

Con el afán típico de las sociedades de fomento de la primera mitad del siglo XX, sin animo de lucro, pero si un poquito, algo, que no se notara mucho, los bomberos habían hecho allí unos consultorios básicos -pediatría, clínica y ginecología- para los vecinos que tuvieran demasiado humos  para atenderse en el hospital publico (las estoy contando, cinco cuadras) o demasiada poca suerte como para tener una obra social, con sueldo en blanco.

Ella se dirige sola hacia la ginecóloga, sin turno, porque atiende  por orden de llegada. Es la siesta y es verano: Las chicharras alteran el silencio de la hora. hacen bardo, chillan como poseídas, en la calle no hay nadie y las casas se encierran en si mismas, como si el letargo de la hora las obligara a ser claustro, como si estuviera prohibido asomar la trucha a la calle y solo los incompetentes se le animaran al verano en la siesta.

Cinco cuadras la separan su casa natal,  otro barrio.

Faltando nada, ella reconoce la casa de los De Fasi, el chiquito fue compañero de su propio hermano,y ahi mismo le agarra una parálisis en las piernas.No puede avanzar. Una garrotera como la del Chavo, en las pantorrillas. Se queda dura, se da cuenta que  son los nervios, y no puede dar un paso. Nada que justifique esa contractura que, sin embargo, no es un calambre. Simplemente quiere levantar la pierna para dar un paso y luego otro, y no ha estudiado psicoanálisis , nunca escuchó hablar de las parálisis histéricas pero tiene la comprensión de que eso que le pasa es que el cuerpo dice, a la manera de los mandatos bíblicos: "no darás un paso mas". Un paso mas sería comprender que está embarazada, comprender que no quiere tener hijos, imaginarse un futuro sin ventura.

Como hace calor, no intenta sacarse los zapatos y amasar los pies con la vereda, para ablandarlos, para que de una vez hagan lo que tienen que hacer, para lo que están diseñados: caminar.

Se agacha sobre si misma y se masajea las pantorrillas. No puede llamar a nadie. eso desembocaría en que alguien se comunicaría con sus padres (después de todo es una niña, que otra cosa puede hacerse) y tendría que explicar que hace por esas cuadras, aunque eso es lo de menos, ella es la maldita Ama de las Mentiras, pero no puede ser que no camine. Quiere sentarse, quiere llorar, quiere irse de ahí.quiere no estar embarazada, quiere no tener que ir a la doctora.
Ni siquiera hay sombra, pero en la otra vereda hay un árbol, si llega al árbol no va a parar, no sea que no pueda caminar nunca mas.

En el consultorio de los bomberos no hay aire acondicionado, pero como arriba está el salón y los techos son altísimos, y todo es umbrío, seguro que ese calor pegajoso de su espalda se irá secando.Le dice eso a su pierna tullida.

El olvido se ha llevado la medición del tiempo:  una hora, por ahi no pasó ni un minuto, ella decide como una devota en Lourdes, que tal parálisis no va a llevársela puesta, entonces, como si la virgen le susurrara "avanza hacia mi, que Jesús te hará caminar", sin miedo, se iergue y trata de dar un penoso paso: Se clavan en su pantorrilla mil astillas, la muy hija de puta de la pierna no se mueve, pero el resto del cuerpo la arrastra, como se arrastra a un cadáver de los pelos para sacar a un ahogado del mar.

No hay nadie que le esté mirando. Menos mal, no necesita alguien que venga a preguntarle que le pasa, estatua en la vereda, sin llorar, mas enojada que otra cosa. Esa pierna de títere pinocho, de madera de pino, esa estatua de sal en la pierna, esa pierna que la delata (no puedo dar un paso mas), a una cuadra del consultorio de la ginecóloga que dictaminará su futuro, si se salva o va al matadero.

Se apoya en el pilar de la casa con todo su cuerpo dejando a la pierna idiota colgando, falta que salga el dueño que sin saberlo espía por la ventana y le diga que te pasa nena, buscas algo, para que todo estalle. Ella mira, como si fuera eso el centro de su atención, el jardín con sendas de cemento que se bifurcan en un arabesco pelotudo, en cuyo centro hay un rosal y unos malvones.

El rosal fue podado recientemente, y en sus ramas se ve la jalea del hortal, para que las hormigas no se den un banquete, el hortal como el gas sarin matará todo lo que se le acerque en vez de hacerlos libres. Su pierna tiene un cosquilleo como si el gas sarin la estuviera colonizando.

El sol le revienta la cabeza, el calor hace que sus sobacos inunden la ropa de perfume barato,el talco que se puso en los zapatos se hace cremita.  Se ha bañado antes de ir a los bomberos como hace cualquier mujer de bien antes de ir al médico, poniéndose una bombacha rosa,que tal vez le harán sacar para meterle los dedos y decirle que efectivamente está embarazada. Las ginecólogas mujeres son todas brutas, no saben meter los dedos, le dijo una del colegio, que tiene mas experiencia.

Si no se mueve morirá paralitica e insolada, a solo cien metros del consultorio de los bomberos

Ella piensa: no falta nada, agarra empuje e intenta de nuevo.

1 comentario:

José A. García dijo...

Algunas veces es preferible morir a exponerse.
Una y mil veces.

Saludos,

J.

algo viejo que merece volver a leerse.

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