jueves, 24 de mayo de 2012

yo y el yeti.

los yerpas son oscuros y de mirada huidiza. Ademas no intentan hablar conmigo. Me consideran una forma de sustento, nada mas y se nota. Para ellos soy una cosa.
Me siento sola.
Este viaje consumió los ahorros de una vida, la casa heredada de mis ancestros y el arreglo financiero que hice con la empresa a cambio de renunciar, algo así como quince sueldos de mi puesto gerencial. Suficiente para una jubilación decorosa y no tener que preocuparme por el futuro.
Sin embargo, si logro volver a buenos aires, sera en condiciones de indigencia. No me importa. No hay futuro.
Tres años entrenando en el gimnasio, mapeando rutas, yendo a charlas motivacionales con alpinistas que habían estado aquí, en  el Himalaya, leyendo toda la literatura existente (inclusive del siglo XIX) y con un couch al que le había pagado en un año mas que a mi analista en diez.
Hablando de mi analista, me había pedido que fuera tres veces por semana y yo decidí poner punto final a un tratamiento que de ser exitoso, me hubiera hecho desistir de estar acá y ver este cielo azul y este aire puro, donde nada importa.
Cuando llegamos a la base,  la idea era sumarme a un equipo de acensiòn integrado por ecuatorianos, belgas y franceses, mas un príncipe árabe que tenia el berretin del Nepal.
Todos mis planes cambiaron en un segundo. Un segundo aciago. Por que a poco de subir lo vi al Yeti No debería haber estado allí. Era demasiado bajo, un lugar al que todavía llegaban las mulas con su carga y los yerpas comían con las manos un guiso de color rojo sangre. Inclusive creo -no lo puedo asegurar-que había señal de los teléfonos celulares. Es mi tercer día en la base.
El Yeti habría bajado por sus  cosas, que se yo.¿por que esperan que yo explique su presencia?  La nieve era blanca y  pensé que eran mis ganas de encontrar algo, hacian que lo viera, pero que en realidad era pura alucinacion. Fije los ojos y  tuve que convencerme de la realidad, y la realidad era que mientras estaba en la estación de descanso, el Yeti se hizo presente
Blanco como la nieve, pero con unos ojos de fuego, me miraba. Estaba cansada de que nadie hablara mi  idioma, y había empezado a desilusionarme, a creer que tamaña ingeniería de viaje y tantos preparativos no me iban a hacer el efecto que buscaba
 (yo buscaba algo, siempre fui una gran buscadora, lo que pasa es que no sabia que buscaba y corría el peligro de que si lo encontraba no me diera cuenta de que era eso).
Pero no, no me lo invento, estaba ahí y me quería.
El yeti esta allí, me mira y me llama con la mirada.Nadie parece darse cuenta. No es monstruoso ni atemorizante. Es una especie de peluche blanco azulado, enorme y de ojos negros que prometen cosas. Ojos de perro azul dirìa, pero alguien uso antes esa imagen.
Agarro  mi bitácora y escribo que me voy con el yeti. Pienso que con él no necesitare equipo alguno, y dejo todo.
Y ahora me estoy dirigiendo a su encuentro, me separan tres pasos.
Viene a mi cabeza un viejo dialogo, donde un hombre me dijo que las relaciones que se pueden tener con un yeti son altamente limitadas.
No importa, no tengo nada que perder.
Necesito alguien que me ame.
Western cwm between Everest (left) and Nuptse (right) showing south-vergent folds in the Lhotse calc-silicate bands. Khumbu Himalaya, Nepal

4 comentarios:

  1. Su análisis no estaba terminado: por qué irse tan lejos?

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  2. Mientras te leía me imagné a tu dichoso (?) YETI igualito al peluchón de 'MONSTER INC' creo que se llamaba 'SULLEY'...
    jajajajajajjajajajja

    P.D.:Y me parece que de acuerdo al final,no tendrás que preocuparte por cómo volvés -¡SI ES QUE EL YETI TE DEJA- a BAIRES!!!

    BESOS AZULADOS :)

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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