martes, 4 de mayo de 2021

vivora

 

Desde que salí del Morra estoy viviendo en la casa de mi hermana. No sé porque no volví a mi casa, pero parece que mi marido se desentendió de mi. Casi mejor, era un animal de cuidado. Ocupo una piecita donde estaba la máquina de coser en vida de mi madre, y me acomodaron, da al jardín. Me asusta ver en la ventana, avanzada la noche, a la víbora enroscada en el ciruelo. Se lo dije a mi hermana y aumento por su cuenta la dosis del haloperidol, por lo que estoy todo el día masticando en falso. Igual a la víbora la veo, giro y miro contra la pared, con el temor permanente de un ataque por la espalda, aunque el vidrio está cerrado. Son animales muy inteligentes y tal vez, como la cucarachas, pueda pasar entre  la luz minima que deja la persiana al cerrarse.Siempre estoy alerta, incluso de espaldas.

La víbora supo que estuve internada (creo que todo el barrio lo sabe) y un día me paró (yo iba al chino a comprar huevos) y antes de que se me enroscara por el cuello, cruce la calle,sin mirar, medio atontada por los remedios. Después le dijo a Clara que se me veía perturbada, que ella me quería preguntar como andaba. Y que me esperó un largo rato, pero yo di vuelta la manzana, porque no quería enfrentarme a su lengua partida en dos.

Le tengo miedo a su ponzoña, se arrastra la panza contra el piso del techo de la casa, es ancha como una avenida y percibo sus movimientos reptantes desde el piso de abajo  y se que de repente se encrespa y te seduce y te atrapa y te traga y yo no voy a permitir que nadie me haga eso, lo hable con la psicóloga, que me preguntó si la víbora era una persona y yo me la quede mirando: Claro que es una persona y una víbora .

No se lo que comen pero ésta en particular debe comerse ratas, que le trae su marido para mantenerla a raya, ya se sabe se atiborran de comida y duermen debajo de las piedras en verano. Puedo ver sus ojos atrás de las persianas cerradas, hipnóticos,  tratando de atrapar algo o, mucho peor, que yo me descuide.

Mi hermana tuvo que bañarme, y me limpia con un pañuelo de tela, cuando babeo.Me dice que deje de masticar, pero no se como hacerlo. Se que es la medicación y ella me promete que si me porto normal y dejo de pensar locuras me va a dar menos remedios. Que haga lo que quiera.

 No se como este barrio puede tolerarla, le tengo miedo a su tacto húmedo, a su lengua partida en dos, le tengo miedo a su maledicencia. La enfermedad (no se como llamar a este estado de alerta) me hace ver cosas que otros no ven, no hay halopidol que obnubile esta lucidez.  Y no sirve que Clara me diga “son cosas que vos te imaginas”, cuando intuyo a la víbora un repelús me recorre desde el rabo a la cabeza, me agarro las rodillas y me escondo, el otro dia me sente adentro de la bañadera, y mi sobrino entro a piyar y yo me quede inmóvil para que no se diera cuenta.

Anoche se escuchaba cumbia, y yo me asusté mucho porque atrás de la raspa, de los teclados, del acordeon, yo escuchaba claramente el cascabel de la sierpe, que me llamaba, que me decía veni y contame, y me metí en la cama y no quise comer, pero mi hermana la Clara vino y me hizo tragar cucharadas de sopa.

Esto no puede de  ninguna manera terminar así, me guarde sin que nadie lo viera una pala de punta con la que mi cuñado arregla el jardín, y cuando se me acerque la voy a partir en dos, la tengo debajo de la cama, y le dije a mi hermana que el dormitorio me lo arreglo yo.Se puso contenta.


Pd: quise poner una ilustracion de una vivora pero me dieron ellas (las ilustraciones) un asco terrible.

1 comentario:

José A. García dijo...

Excelente relato, se siente la confusión del personaje y los medicamentos, eso no siempre es fácil de lograr. Muy bueno.

Saludos!

J.

algo viejo que merece volver a leerse.

cateterismo

La mañana se desliza entre nescafé y el viaje a la clínica, él manejando con auto mientras el otoño, otro otoño, otro mas, casi rutina y des...