miércoles, 27 de noviembre de 2019

mar bravío.

Falta un par de semanas para que empezara a correr el tren con horario de temporada alta, pero la lluvia en la rambla te hacía pensar en hogares a leña, comida de olla, y sobre todo en estar a resguardo abajo de un techo.
La rambla hacía largo un trecho que, cortando camino por adentro, se hubiera transitado en la mitad del tiempo. No taxis, no el colectivo 221, (en ese tenias que pagar con cambio, la sube era inutil) y los dos se cansaron de esperar en un refugio,tres vidrios que sacudían como si del mar viniera una tromba,y se largaron por la rambla, ahi por la Av. Peralta Ramos.
En cada vuelta que daba la rambla, el viento se embolsaba y ella se apretaba la campera marrón a la le faltaba un botón, por eso ella sostenia los dos bordes con las manos, apretando el nylon contra su cuerpo para no mojarse el vestidito.
Él insistía en cortar camino por adentro y ella insistía en la rambla. En otros tiempos uno de los dos hubiera cedido No este día, en que ellos defendían su postura, como si se jugara algo importante, una final de la Libertadores, algo así.
Igual sentir el viento era un poco como sentirse vivo, la llovizna agitándose en el rostro como pequeños vidrios, las zapatillas empapadas y el mar chocando una y otra vez contra las piedras, abajo
Como no pensar en la muerte. Como no pensar.

2 comentarios:

Frodo dijo...

Mardel, siempre bravío.
Dejé varios quilombitos allá. Algún día haceme acordar y te cuento... cagado a piñas en un show de Los Piojos en el patinódromo, enamorado en un canto bar de la AV: Colón y desenamorado en la misma noche, buscado por la policía y amigos durante todo un día, nadando a las 5 AM... vida de cualquier adolescente...tranqui

vodka dijo...

a ud. le pasan cosas interesantes. No se por que no las cuenta en el blog.

algo viejo que merece volver a leerse.

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