SOLO SOY CRITICABLE EN EL MARCO DE LA IDEA QUE YO TENGO DE MI MISMO
(Ricardo Piglia)

S I R E N A S
A H O G A D A S
E N V O D K A


viernes, 9 de septiembre de 2016

un cuento apocaliptico. (completo)

Resultado de imagen para caballos del apocalipsis

A la tarde  había menos niebla y también aminoraba el olor a chamusca. Hacían la rutina las barredoras,  y si algún humano hubiera sobrevivido y escarbara  en las ruinas de supermercados chinos  para llevarse algo (y cuando digo algo, digo comida), la sibilancia agónica de las máquinas lo hubiera obligado a taparse los oídos.
 Pero a excepción de mi misma, encargada de conseguir lo necesario, no había otro ser deambulando en este, nuestro sector.Me había hecho de unos tapones de siliconas en una casa de artículos de natación, antes de que las barredoras arrasaran, dejando ese sector totalmente destruido. Ahora la zona estaba plana, el caucho y la lycra quemados, el acrílico, el vidrio y lo demás hecho polvo o ceniza. Irreconocible.

Los niños,pero te estoy hablando de todos los niños,  habían muerto: Las personas que vi en pié eran mayores de treinta ,como si alguna hormona de la que carecen los pibes les hubiera permitido sobrevivir a la devastación

No puedo asegurarlo,  yo me invento cosas, necesito explicaciones. Si  alguna universidad hubiera quedado en pie, algún académico con posibilidad de hacer una investigación, se me podría refutar. Tal como están las cosas, mi explicación es tan buena como cualquiera.

Ninguno de los sobrevivientes llorabamos los muertos.Se nos habrá encallecido el alma, nadie se enamora, nadie extraña el pasado ni las cosas perdidas. Tal vez en los sueños.

Los que quedamos nos repartimos las tareas, y como náufragos agarrados de nada,  en mar abierto, solo esperábamos algo que cambiara en el horizonte, para ellos la tierra, para nosotros, lo humano en todo su esplendor. O que las maquinas explotaran, dejaran de silbar, se volvieran obsoletas.

 Las maquinas manejando el mundo hacían que nosotros sobráramos.Como una película de clase B en una marquesina antigua: La venganza de las maquinas.

 Para que ellas estuvieran a gusto, algunas de ellas, los robots habían aplastado el barrio, y tal vez el universo todo, Se empeñaban en que dejáramos de ocupar espacio, nosotros, nuestras edificaciones, nuestros fulgores, como si necesariamente hubiera que terminar con cada cosa que hicimos y con nuestros cuerpos.

Ignoro que sería de un mundo sin humanos, pero tengo la certeza de que vamos a dejar una estela, que no puede ser que no queden nuestras marcas, porque estas maquinas fueron creadas por nosotros, tienen la rémora de  nuestros esperanzas y que por lo tanto, portaran el pecado original de nuestra ser Somos sus dioses, no me  da vergüenza decirlo. Sin nuestro soplido serían fierro y cablecitos.

Yo y aquellos que no habíamos sido arreciados por lo que los sobrevivientes llamaron "la ola de nigres",estamos aun buscando salida y no sabemos donde ir.

 Por eso me llaman la deambuladora.  Me había hecho un mapita casero, como una especie de batalla naval del barrio, y cada vez que exploraba una casa, la tachaba.La mayoría murió escapando. Las balas venían de todos lados, pero no salían expertos francotiradores sino de maquinas que randomizaban el espacio.El azar no te permitía prever tiempos ni lugares de escape. No era posible estrategia.

Los humanos son de agruparse cuando la muerte arrecia. Al principio  en este barrio, el único del que puedo hablar, rotas las redes, los satélites, y las comunicaciones en general, tratábamos de de sepultar a todos,  -por las obligaciones de la  piedad, por miedo a la peste  y también por la incapacidad propia de nuestra especie, los que hablan,  de tolerar la visión de la carne humana pudriéndose. Pero después ni eso.

La ola de nigres terminó tan abruptamente como empezó. A mi me agarro escapando. Tres veces me cantaron en los oídos los silbidos de las balas que me hubiera llevado con los míos, a un lugar donde no tuviera este miedo atroz y permanente, a un lugar donde yo no huyera mientras por mis piernas me corrían orines. No había nada, salvo el aullido de las maquinas y después un silencio sin pájaros, sin ruido ambiental, sin nada, un silencio que yo podía olfatear como si con la ultima gran embestida hubiera desarrollados órganos sensoriales que antes no tenía.

Cuando no hubo mas balas matando todo lo que estaba alrededor (perros, personas, matando gritos que dejaban de ser gritados,) busque un rincón y me quedé dormida, Olí un lugar seguro: Antes allí había una tintorería, y abajo de un chapon, todavía envueltos en nylon, encontré unos cuantos cobertores con el olor típico de la limpieza a seco. Me parece que no me desperté en mucho tiempo. Y una vez que lo hice, y carroñé restos de comida en una heladera rota, me puse a buscar personas,
Mi barrio no parecía el de blade runner. Parecía mas bien esas zonas que demuelen porque va a pasar una autopista, o tal vez van a inundar para hacer una represa.

Vi pasar un robot, pero no sabía muy bien si era un robot o una máquina que manejaba otra persona, pero decidí que era un robot aunque no tenía cabeza ni brazos ni piernas,. Yo los llamo robots porque en mi grupo de resistencia los llaman asi, pero mas que robot era una cosa, una maquina desprovista de sentido.  No eran humanos, no eran inanimados, no tenían cabeza, no tenían Tiempo, el de las mayúsculas, Se portaban, nuestros verdugos, nuestros asesinos, como si ellas fueran los dioses, en una película berreta de ciencia ficción. Pero nada de lo que yo veía encajaba en algo que hubiera podido verse en el cine. Era mi barrio, aquel que estaba tirado ahi, era el árbol que tenía una copa grande, bajo el cual estacionaba el auto el tipo de la fabrica de enfrente. Nadie habla en castellano neutro, todos los de la resistencia pronunciamos como se pronuncia acá "yuvia"decimos.

La niebla dejaba una capa de ceniza en todos lados. Lo bueno es que sobre los cadáveres esparcidos en este sector se había formado una cubierta que los hacía menos siniestros, menos olorosos y mas soportables, incluso a los cadáveres de niños.Yo igual los buscaba con la vista, trataba de no pisarlos cuando corría por la calle vacía, cada vez que salía a hacer mi trabajo de buscar comida.

Claro que tengo un grupo de resistencia.Sabía que todavía no nos habían matado a todos, incluso había evitado encontrarme con  humanos que vi a dos o tres cuadras de distancia, cuando todavía estaba sola, Me pareció incluso ver a una mujer.Cuando me di cuenta que sola no iba a poder resistir me acerque a estos.  No se porque en mi grupo eramos seis hombres y solo yo. Es una teoría, las madres se quedaban al lado de sus hijos muertos, dejándose morir de hambre, de sed, pero sobre todo de tristeza.
Los míos vivían en España, y no sabía nada de ellos, pero me los imaginaba a salvo, por que ademas eran grandes. Eramos ocho, pero Felicetti salio con el objetivo de encontrar otros grupos de resistencia y tal vez lo mataron o no pudo volver o encontró algo que hizo innecesario su vuelta. Yo no creo que lo mataran, Felicetti era joven, se llevo comida para 10 dias y a mi no me digas que acá a dos horas de camino no se iba a encontrar con otros como nosotros: pero ¿para que volver? Nadie se conocía de antes, y estas fidelidades son muy frágiles.


Con el grupo, armamos una rutina. De los seis, cuatro eramos universitarios y sabíamos como las rutinas facilitan la vida. Ya no era posible bañarse, ni nada de eso, no era posible desayunar en una mesa, pero seguíamos diciendo buenos días, e incluso -a falta de los celulares a los que todos estábamos acostumbrados- jugábamos al ajedrez (las piezas que faltaban las reemplazamos con cosas) y a una hora del día cantábamos canciones. Yo había pelado un repertorio de tangos y milongas y canciones de los setenta, Silvio Rodriguez, esa onda.

Los robots no tenían orejas, así que no escuchaban, creo que no les importabamos como enemigo, como cuando uno va a sacar piedras de un terreno: No les importa que piensan las piedras, su naturaleza, simplemente las hace de lado
Hacen un ruido imposible de soportar para el oido humano, y monitorean el barrio. Si bien son todos iguales los empezamos a distinguir. El de la mancha de brea, el que tiene una luz que titila y el siniestro.

Esta mañana Solano encontró uno roto. Lo arrastramos a la gruta y los varones decian de hacerle una autopsia, como si fuera un animal o una persona.Yo me desentendí. ni sabía ni manejar un auto, para mi eran todas placas como las que hay adentro de una computadora,
Pero me asomé cuando estuvo destripado, cuando lo abrieron,y  le vomite la carcaza. Fue la única vez que vomite en todo el tiempo posapocaliptico (y creo que van como dos meses) y lo que me salió de adentro no era naranja ni amarronado. Era violeta como si hubiera comido solo remolachas viejas. No era lo que comí, sin embargo.

Solano y Michetti dicen que encontraron la cabeza de la maquina adentro de ese cuerpo compacto: Me resistí. para mi eran los robots sin cabeza, los que nos habían mando los nigres, los que habían matado a nuestros niños.

Solano trabajaba en el Banco Patagonia, no era un experto en maquinas, pero descubrió algo raro, en la autopsia.No quise que me explicara, porque la niebla se me había metido en la naríz en mi incursión del dia. Ellos me dijeron que me quedara tranquila, que yo ya había hecho mi trabajo, ninguno me miraba como una mujer, era la que salía, era la deambuladora. Si hubiera muerto, hubieran agarrado mi mapa de casas saqueadas y alguno hubiera retomado la tarea.

Estábamos en el subsuelo (una gruta diría con mayor precisión) de la que había sido la iglesia de Santa Teresa, la mas vieja de Lanús. Se ve que en los tiempos de su construcción las iglesias tenían necesariamente subsuelos. El grupo de resistencia se había mudado -por mis indicaciones- como tres veces en el mes que estábamos juntos. Ese sótano era ideal. Para mi, este era el lugar definitivo: si demolían la superficie, a nosotros no nos hubiera llegado otra cosa que el ruido atronador y sibilante de las maquinas haciendo su trabajo:
 Dos tramos de escaleras nos separaban de la planta baja. Ademas había buena ventilación y corría un desagüe en el cuartito de deposito contiguo. Ahí hacíamos nuestras necesidades: La gruta tenia velas de iglesia, enormes, como de metro y medio, acopiadas y había una pequeña bodega de vino de misa.

 La comida que yo había guardado (cada dia traia latas y envasados, algunos vencidos, pero a quien le importaba) alcanzaría para dar de comer a veinte, por diez meses. Y yo seguía trayendo.

Sin embargo, esa noche, cuando me dormí, ellos, los varones, seguían hablando de la cabeza adentro de la maquina, a mi me pareció que estaban haciendo un plan, pero también que íbamos al zoológico de Palermo, que había muchos chicos en un mcdonald, que tenia cuatro años y estaba en San Clemente.Había también una escena donde yo bailaba vestida de blanco en una terraza, y un viento limpio me daba repelús.  Me di cuenta que estaba soñando.
Cuando me desperté ellos se habían ido, faltaban velas, comida (una estantería completa de lo mejor) y escrito en la ceniza, perdón, esperamos te arregles sola.

Mientras lloraba, dejando que ríos de mugre de ceniza se sacudieran con mis sacudidas de llanto y temor, sentí el terremoto que la otra vez había anunciado la ola de nigris.

Mal dia, pensé, para andar por la calle: Y me sentí peor con mi mala fe, por el destino incierto de mis compañeros ante la posibilidad de cruzarse con los robots sin cabeza.

Fui al reclinatorio de la gruta, Había una biblia. Busque, con dificultad, la parte de los Jinetes del Apocalipsis, para ver que me esperaba
A ver. caballos blanco, rojo, negro y uno bayi. La peste, la guerra , el hambre y la muerte ya habían acontecido.Solo quedaba delante de mi, la posibilidad de la redención, de que algún dios me viniera a buscar, para estar con los míos. Yo creo que siempre fui  una buena mujer.

Solo me resta confiar. Cuando la máquina entre a la gruta,me paro y pongo el pecho. Las formas en que aparece Dios, dicen que son infinitas, por ahi el robot sin cabeza es Dios, me pongo a repetir muchas veces "el señor es mi pastor", mientras me desnudo: he perdido el pudor, y las ropas que llevo estan rotas y sucias
Voy hacia algo que no entiendo.









11 comentarios:

  1. Que bien lo escribiste. Hiciste que pareciera verosimil ese futuro apocaliptico, que pareciera como un registro de algo muy real. Y dejaste intriga.
    Saludos.

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  2. Lo termine, Demiurgo, como pude. Para ud. y para Rio que me dijeron que se podia hacer algo con la idea de robots sin cabeza. Una mierda, pero puse my best.
    quien me manda a meterme con el cuento fantastico apocaliptico ¿guien so, lavecraf?

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  3. Me encantó. Esto da para más. Otros sobrevivientes. El antes.

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  4. creo que da para mas. Ir mechando los jinetes antes, no como un deus ex machina, un chirimbolo para salir del paso. (vino peron y arregló todo)
    pero no me da el cuero.

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  5. A mí me pareció muy logrado, Sirena (no te tires munición pesada e injustificada). Es más, quedé con ganas de continuación por parte de otros personajes (por caso, el grupo que abandonó a una mujer que vomitaba... violeta... mmm...). Ahí también hay otro puntito interesante, un grupo de varones que ya ni siquiera atina a dominar a la única hembra, simplemente, la desechan... ¡eso sí que es apocalipsis, doña!. La buena ciencia ficción no es la que recrea patrones culturales contemporáneos y los inserta antes o después en el Tiempo; la lograda, es la que no extrapola cosmovisión y, en ese sentido, tu grupete de prescindentes (si es que ella ES el otro género y no otra cosa), ya es originalidad antropológica.
    Las referencias geográficas, el barrio, resultan totalmente coherentes. Y sos muy buena diseminando intrigas. Le das laburo interesante al lector. Porque a los lectores nos gusta laburar en las posibilidades y también dejar nuestros propios "asuntos sin resolver", diseminando nuestros propios misterios al recrear a mansalva - pobres autores, en fin, es su destino sufrir las interpretaciones -.
    Bueno, a esperar el próximo cuento apocalíptico, para cuando tengas deseos (tampoco seamos tiranos imponiendo tópicos). Saludos desde el Ordovícico (en verdad, felicito que tu creatividad me pasee desde conurbanos íntimos a sótanos robóticos, de un tirón y sin aviso).

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  6. Muy bueno, pero muy bueno, espero que la protagonista no fume porque toda esa ansiedad y no tener chupete de nicotina te la regalo.

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  7. yo no fumo, entonces las protagonistas de mis cuentos, que no son yo, creo que ninguna fuma. jajajjajajajja
    Mi protagonista tal vez se comería todas las provisiones (especialmente si encontro cosas tilingas como salmon ahumado) Igual tiene una biblia, que es para acallar la angustia, funcionó durante siglos, porque no va a seguir funcionando en contextos extremos.
    Como estas, Alejandro, ¡¿como pasa la vida eh?

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  8. Y ahora que lo terminaste me recuerda a un cuento llamado No tengo boca y quiero gritar, en que una inteligencia artificial desata la guerra nuclear, exterminando a la humanidad. Excepto a uno sobrevivientes, a quienes atormenta. Deber estar muy mal esa humanidad sobreviviente para no ver a la protagonista como mujer. Y abandonarla sin recursos.
    Muy bien contado.

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  9. Espectacular. A lo Bradbury, Huxley o Cormac McCarthy, pero con supermercados chinos, San Clemente y hasta Silvio Rodríguez. Me hace pensar en el Eternauta.
    Creo también que debería continuar.

    Un beso!

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  10. son todos tan generosos!!! el argumento es remanido "fin del mundo.las maquinas gobiernan.grupo de resistencia, miembro del grupo que se vuelve loco" (o tal vez viene dios, no se)
    pero escribir "literatura de género" esta bueno para los que no tenemos ideas originales. No le saco merito: hay que conocer el genero para remedarlo. Y he ahi mi fortaleza. He leido a bradbury, a huxley y a Cormac Mc. Carthy, y por su boca, hablo.

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  11. Muy bueno, Nilda,claro que da para más, pero a mi me gusta así, lleno de interrogantes! Cariños.

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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