domingo, 15 de febrero de 2015

aquello grasa, aquel derrape que consiste en escribir poesía.

se agradece a un tal Mario, con quien no nos frecuentamos , el envío de esta sirena.
Yo empece a escribir poesía de señora grande. Muy.
Mi primer poema esta fechado y es este. https://elnosoyloquedeberia.wordpress.com/2009/12/13/un-poema-viendote-verme/
A poco de escribirlo, me abrí este blog,  porque me daba vergüenza poner cosas tan intimas en el "mio" (elnosoyloquedeberia.wordpress.com) donde pretendía vanamente hablar de política, o en todo caso, de la realidad.

El Sirenas fue el lugar donde intente  tramitar cosas que (para mi) no cerraban con la imagen pública, con la careta que se suele llamar personalidad, con lo que yo trataba de proyectar hacia el afuera, cosas de la femineidad, del ser una mina grande, y de lo mas grasa del Ser. Una forma de hacerme cargo en la palabra de cosas de las que me cuesta hacerme cargo.

Gran lectora,  no he leído poesía, no mucha y no sistemáticamente. Claro, puedo recitar de memoria a Lorca y a Borges y en los últimos años se ha incrementado mi conocimiento de poetas. Por los blogs,  por la gente que late atrás de los blogs.
Me tocó toparme (uno encuentra lo que busca me decía el que me mandó la imagen)con gente maravillosa, poetas de verdad, como Fernanda Bracco que esta a punto de publicar un libro prologado por Diana Bellesi,  la poeta viva mas importante del país Y con Enrique de Lucio, que tiene publicados libros, fue ministro de cultura de Córdoba, o algo así y al que tengo engañado haciéndole creer que de verdad soy una poeta. Nada menos.

Fernanda escribe y pule cada palabra, cada imagen, como si fuera una pintora de miniaturas. Sabe como se deslizan las gotas por las hojas, sabe como cantan los pájaros, es absolutamente maravillosa.
Ella también cree que soy una poeta, pero es porque me conoce y me quiere. Y así cualquiera.

A  diferencia del bordado de monja de clausura que ella tiene con sus palabras, el respeto infinito a la escritura, yo chamboneo. A mi se me ocurre algo y lo escribo, para sacármelo de encima. A veces, ni les reviso las faltas de ortografía. Tengo una deuda de rigurosidad con mis poemas. No me pasa lo mismo con los cuentos, de los cuales suelo estar muy orgullosa.

Todo esto viene a cuento de que hoy he leído algo de Guillermo Saccomano (para mí uno de los grandes narradores argentinos) que dice de la escritura de la poesía, algo que yo puedo hacer mio y lo comparto.


De hecho, en los últimos años estuve escribiendo bastante poesía, pero lo hago como un ejercicio secreto. Para mí la poesía es un lugar de vuelco, igual que la escritura de diario. Ahí uno se desprende de determinada emocionalidad que está cerca de la impudicia y la grasitud. Eso te permite volver a la escritura, tener un grado mayor de distanciamiento con lo que contás y dejar toda esa parte coqueta y sentimental afuera. Lo poesía tiene que ver con lo sagrado, con la revelación, con la capacidad de un individuo de poder en tres palabras construir una frase, una imagen que te dice a veces mucho más que un ensayo
(de un reportaje extenso de Eterna Cadencia)


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algo viejo que merece volver a leerse.

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