me fui de vacaciones, hasta la vuelta

vacaciones

vacaciones
hasta la vuelta

Marguerite Duras.

El deseo es una actividad latente y en eso se parece a la escritura: se desea como se escribe, siempre."

*Marguerite Duras, entrevista en Le Nouvel Observateur, 14 de noviembre de 1986.-

viernes, 15 de julio de 2016

un relato para un concurso de relatos de mujeres viajeras

Esta mañana me concentré en achicar un cuento de 2000 palabras para que cupiera (no se dice cabiera, muy señor mio) en 800. Es que quería mandarlo a un concurso con dinero de premio. Al final después de amputar metáfora tras metáfora, de apuñalar personajes... llego al objetivo. Serían las siete y media de la mañana. Reviso las bases del concurso, y veo, con tristeza, que no lo puedo enviar, que no puedo ganar (malhabidamente) esa guita. Es que era para nacidos al lado de una ciudad que tiene un río.
Vuelvo a la pagina de concursos literarios y si, hay uno en el que puedo concursar, solo resta agarrar uno de los relatos de viaje de mi blog y adaptarlo. Una perinola mental, el azar o no se que, me lleva sin dudar a contar del dia que fui sanada en la fe orixa.

Asi quedo el relato: Si gano el concurso,  pasearé por  Portugal


La culpa de que yo sea una viajera la tiene un planeta, Mercurio, que regía  el cosmos todo, aquel día de mayo en que mi madre me dio la luz. Las geminianas tenemos destino de viajeras. Nos apañamos como podemos para cumplir con ese, nuestro destino
 Bien nos gustaría la lentitud de un barco de ultramar, de los de antes y en primera,  escribiendo un libro encuadernado en cuero, de memorias de viaje,  en una  reposera, mientras el personal de a bordo nos  trae frazadas y tragos de colores con paragüitas, y asi deslizarnos por el tiempo y el espacio con leves vestidos de hilo que se azuzan el viento marino, hablando con hombres desconocidos, en un francés sin acento. Un destino de viudas jóvenes y millonarias con baules de ropa de gala para elegir que ponernos la medianoche que el capitán nos convide a su mesa, mientras se cruza la línea del Ecuador. También desearíamos tener la impunidad de los japoneses, que surcan  la tierra de acá para allá, sacando fotos, sin preocuparse por cuantas pesetas cuesta aquel bocadillo.
 Pero sobre todo nos gustaría ser, en rigor, viajeras y no turistas. Nos consuela que –bien mirado- aquellas adocenadas con vouchers de turistas podemos ser(secretamente, sin que nadie lo advierta) viajeras. No importa que el viaje haya sido reservado con la  mas banal de las agencias, no importa siquiera que la ruta no nos lleve a aquellos lugares secretos que nos contaba la enciclopedia que hojeábamos de niñas, que nos rodeen matrimonios para quienes el viaje es una oportunidad pelearse en el aeropuerto por el exceso de equipaje, construido por chucherías made in china compradas  en Sevilla o en Turquía.
No se trata de eso la esencia de la viajera.
Uno se las apaña, y tal vez es la mirada, la escansión del detalle, algo del alma que es difícil apresar en palabras y que emerge, luminoso, aun en el tour multitudinario que cruza los museos vaticanos, mientras la gente apretuja y solo trata de seguir, como zombis idiotas, a la guía con el paraguas. Ella, la viajera, ahí,  atrapa los secretos de los lugares que el tiempo ha guardado solo para los que saben mirar, para los que tienen que cumplir con Mercurio.
Entonces contaré un poquito de  Brasil, una escena,una nada de mi memoria (la de la viajera) de la mas brasilera de las ciudades, donde empezó Brasil:  Bahia, cuyo nombre completo es San Salvador de Bahia de Todos los Santos, la ciudad de la Alegria (plagada de pobreza y olvido) que fundaran los portugueses.
Alli voy,viajera, disfrazada de turista, junto a amigos y  marido. La viajera “simula” que son vacaciones, y no un viaje, es una agente secreta, y todo por culpa de ese planeta que me trazó un mandato.
Desde el bus veo al dique de Tororo con su  enorme estadio de futbol hecho para el mundial. Un estadio de futbol en Brasil equivale a otra iglesia, donde se reza y se pide .En el dique de Tororo hay dioses candomble en el agua. Los orixas. Enormes imágenes  que se parecen mas a guerreros japoneses de siglos remotos que a cualquier Cristo.
La viajera, yo,  fue sanada allí en la fe candomble, porque al bajar del bus en la puerta de Nossa Sehora de Bon Fin, un hombre/mujer, gordo y afeminado, suavizado lo masculino de su ser, pero insistente en sus practica la abaraja: con una rama de laureles sacudiéndole polvos, arroces, pochoclo y sal en la cabeza, marcandole cenizas el pecho y la frente y preguntandole si tenia hijos. Al contestar que si la viajera se liga otra tanda de pochoclo y arroz en la cabeza. La turista hubiera huido, pero la viajera,yo, se quedo a recibir a cambio de un pedido de   reales esa sanación que no buscaba, y se deja hacer, dócil y pasiva, diría entregada a la sanación instantánea ,en  cuatro interminables minutos de ritual candomble, y orixas, pensando que “lo que no mata te fortalece”, sabiendo que no había dinero en la cartera y el ritual for export tal vez, al no mediar dinero lograría su eficacia de sanación o en todo caso quedaría como un recuerdo del viaje, impagable.

En Nossa Sehora, huyendo del sacerdote, la llaman a la viajera unas escaleras que llevan hacia el templo, donde eran sacudidas con viento cálido del nordeste brasilero, miles y miles de cintitas de colores de los promeseros, atadas a cualquier superficie que permitiera una atadura, una iglesia católica donde el sincretismo no es pecado, surge sin violencia…En América, algo del siglo 18 es un escándalo de viejo, y no podemos sino  dejarnos hipnotizar por el tiempo amarrado en los muros.Subí a la iglesia, pase por ella, ate mis cintitas de bon fin pidiendo a los dioses samurais que cumplieran mis vanos deseos y baje por un costado, no sea que el sacerdote del candomble quisiera una libra de mi carne a cambio del baño de sal.  Hacia calor y mucho. Los dioses harán lo que quieran, siempre se caracterizaron por los caprichos, ellos saben de verdad si mi corazón es bueno e inmortal o un cacho de bofe, no se si se me hará el deseo pedido: seguir de viaje, hasta que mi viaje (el de verdad, el que empecé el día que nací) acabe. 

2 comentarios:

  1. Ojalá ganes, el cuento es muy bueno!

    ResponderEliminar
  2. creo que quiero ir a Portugal desde que vos me hablaste de Lisboa. Tambien me imagino vinos dulces de postre ¿oporto? tal vez. Si revisara los relatos antes de mandarlos a concursos por ahi hubiera podido mejorarlo, un 20% (?)

    ResponderEliminar

las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.