sábado, 16 de diciembre de 2017

los espantadores de elefantes.

Ayer escuché por primera vez del Espantador de Elefantes de Manhatan.
Y entonces me ocupé de averiguar quien realizaba tan necesaria función en la ciudad de Buenos Aires.

Resulta que un joven de La Matanza heredó de su padre (que a su vez la había heredado de su abuelo gallego) el cargo. Al norte, es inútil que el gobierno nombre un Espantador de Elefantes, porque como todos sabemos está el Río de la Plata y por ahí pueden ingresar uruguayos, yararaes, y monos tití  arriba de camalotes,que bajan de los ríos,  pero no elefantes. Los elefantes no nadan y solo usan el agua para regarse la cabeza graciosamente.  Sin embargo cada gobierno destina una partida que va a parar al bolsillo de algún sobrino tololo de funcionario corrupto, que, sin embargo solo pasa a retirar el sobre, sin contra prestación.

En cuanto a la frontera sur digamos, Avellaneda, les sorprenderá saber que ese indispensable y meritorio y por que no dificil trabajo lo desempeña una mujer. Su padre, el viejo Espantador de Elefantes del Sur, vivía en Barracas y su mujer solo parió nenas. Es por ello que don Riquelme (no de ningún otro hablo, el famoso espantador de Elefantes a quien Borges le dedicó una cuarteta) desoyendo las costumbres ancestrales, le enseño a su hija el arte. Eso prueba que, con adecuado entrenamiento, las mujeres pueden hacer otras cosas que las labores destinadas al sexo tradicionalmente.

Los dos espantadores de elefantes de nuestro tiempo no pueden ser criticados No sabemos cuantas noches en vela, cuantos esfuerzos, cuantos sinsabores los acosan, pero nadie ha visto ingresar en la ciudad a los enormes paquidermos del color de la tierra gris. Yo voy a proponer que les aumenten el jornal ¿que sería de nosotros si ellos decidieran abandonar la tarea y ponerse un kiosko o comprar lebacks?

Por lo que a mi respecta y en el estado actual del asunto, Buenos Aires puede dormir tranquila, los espantadores de Elefantes son probos y eficaces. A las pruebas me remito.

Resultado de imagen para elefantes zoologico de buenos aires

4 comentarios:

  1. Alá nunca olvida a las curadoras de empacho.

    ResponderEliminar
  2. Larga vida a ellos, los espantadores y/o espantadoras de paquidermos.

    Saludos,

    J.

    ResponderEliminar
  3. "Odiosos, babosos, ya no queremos... elefantes". No rima pero tu entrada hace juego con aquel capítulo de Los Simpson de la Patrulla anti-osos. O cuando Lisa le vendía a Homero una piedra para espantar tigres. A las pruebas también se remitía.
    Y me recordó a varios funcionarios de la Antigua China que tenían trabajos como ese, que describió y recopiló el amigo Georgito Louis.
    Me acordé también de las fotos viejas de Buenos Aires cuando se fundó el zoo y hacían llegar a los animales por las calles. Hay fotos muy buenas del primer elefante por las calles... pero no las puedo encontrar.

    En Ciudad Oculta se encuentra aún el Elefante Blanco, lo más pancho. Ese se les escapó, tal vez por eso no les garpan bien.

    Beso!

    ResponderEliminar
  4. Argumento irrefutable por reducción al absurdo, muy usado en religión.

    ResponderEliminar

las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

cateterismo

La mañana se desliza entre nescafé y el viaje a la clínica, él manejando con auto mientras el otoño, otro otoño, otro mas, casi rutina y des...