Ya no hay hombres.

YA NO HAY HOMBRES
A mí: ¿venir a darme una lista de
vegetales A y vegetales B a mí? ¡Justo a mí! La pelotuda me hablaba como si yo
fuera mogólica, agarrando unos moldecitos para visualizar el tamaño de las
porciones.
Caí en ese consultorio- blanco, minimalista,
de tan minimalista casi kitsch- (cuatrocientos mangos, y minga de usar la obra
social, ni recibo me dió) recomendada
por una clienta de la oficina. Me deje convencer por el “casi una gurú”, por el
“te va a cambiar la vida”.
¿Y quien no quiere cambiar de vida?
La tilinga me llamaba “querida”. ¿Vos me ves carita de ser una persona a la que
una médica que dice querida cada vez que abre la boca, pueda remotamente cambiarle la vida?
Con ese ánimo entré al Martínez, el mío, ese al que voy siempre. Voy
al Martínez como esos gestores
berretas que atienden clientes y cierran
tratos en bares. Está a mitad de camino entre el
departamento y la oficina, pero, por esas falsas casualidades de la sincronía,
que se empeña en morderme los garrones, (o será que vivo atenta a toda
señal) quedaba justo bajo el
consultorio.
Martínez: lemon pie, galletitas de
manteca de cortesía que se derriten cuando se las aplasta con la lengua, con un
dejo a ralladura de verdad, no esencia artificial, que recuerdan cosas de madre, pero de madre
buena. Martínez, chesse cake y tipos. Un
faro siempre, y hoy en particular, un
oasis, para sacarme la vena que me quedó cuando salí de la nutri.
Por mi bien, harían justicia en
prohibirme la entrada, porque por un lado ya
no hay
hombres, y por otro no quiero engañar, justificándome
con que lo frecuento porque me gusta el café de Colombia. Si, voy al Martínez porque el café es buenísimo,
los precios se bancan, me queda de paso,
pero sobre todo porque frente a la ventana, atalaya urbana, esa torre de
cazador de indios onas, me dediqué históricamente a ver venir –con esperanza,
sin ella, con ansia, desanimada,- a los hombres con los que me encontré en
estos últimos tres años de seca de amor verdadero. El lugar me da confianza. Lo
peor que tiene es que las mesas están muy juntas.
Estaba hoy con este ánimo del orto,
sentada, esperando ver venir como en flashbacks de película BAFICI, en blanco y
negro, si querés mas datos, bajo la forma de una panorámica horizontal en
barrido, el fantasma retardado de la treintena de levantes virtuales con los
que me encontré allí. O, para no hacértela dramática, sentada con la finalidad de hacer un bollo con la carpetita de la
nutri (cuatrocientos pesos en quince minutos de escuchar obviedades) y mandarme
una porción (no media porción, sino una entera) de la torta del día.
Pero entonces entraron ellos. Y
como quien larga el aire en una expiración profunda en clase de trabajo
corporal, sacando todo lo malo, me puse a mirarlos. Pensando en sanarme la
malasangre observando la vida de los otros.
Igual, ustedes saben, era inútil
esperar que vengan los fantasmas, quizá
fuera infinitamente mejor su ausencia, porque entre ellos podría reaparecer ese cocinador de conejos que viajó desde Santiago
del Estero y me despelotó el rancho, con llamadas que daban pavura, y te juro
que me arrepentí de todos y cada uno de los mails que mandé en mi vida, hubiera
preferido jamás haberme metido en el juego. Después de hacer el amparo
judicial, con perímetro incluido, bajé la persiana. No más tipos de las redes
sociales. Que si pinta, las compañeras
de la oficina me presenten a algún primo
en
desgracia, a un recién separado que
no esté demasiado melanco, o un soltero
que, por favor Dios, no viva con la madre. Para agarrar viaje me tendrían que
dar pruebas fehacientes de que el
señor no está medicado. Por lo menos no
con antipsicóticos. Yo escarmenté. Y ahora estoy en tiempo de soledad, ya lo dice la Sagrada Biblia , hay
un tiempo de sembrar y uno de tomar café y esperar hasta que escampe.
Me quedó el vicio del Martínez, hoy casi de casualidad, de paso, pero aunque no tenga que esperar
hombres vengo, no quiero confesarlo, quizá sea por el lemon pie, o si dejo delirar mi cabeza,
esperando que alguno de la treintena quiera buscarme allí, como de casualidad.
Alguien, un hombre, que quiera verme, que me extrañe, que me necesite. Pero ese
pensamiento no conduce a nada. Al final, cuando ya no se puede contar con
los hombres te quedan las tortas. No, no
lo digo por las lesbianas, digo las tortas: harina grasa y azúcar, ese paraíso.
Y así estaba yo, discutiendo entre
mis ganas de comer, o darle una oportunidad
a la nutricionista imbécil y pedir un virtuoso cortado doble a secas, cuando
ellos entraron.
Juntos entraron, ya les digo, soy
de estar atenta. Los había visto saludarse en la esquina con esa vacilación de
quienes no saben si dar la mano o un beso, ese gesto de desconocidos que se
miran la ropa, que contrastan la imagen esperada con la verdadera. Los miré
mirarse y eso, me hizo pensar que al mismo tiempo se conocían muchísimo y a la
vez nada: típico de la gente que se levanta por facebook, por blog o por esa
desgracia que es el twitter.
Tendría que sacar una colección en
fascículos alertando mujeres, y podría
ahorrar
muchas lágrimas, pero las
destinatarias de tal publicación son como los bichos que van a las luces. Nada
las detendrá, todos hemos visto documentales con las tortuguitas
recién nacidas en la arena en su
búsqueda del mar. Los bichos que vuelan se las van a comer vivas Así van las
mujeres solas hacia los hombres. Conozco el paño
Mientras ellos se sacaban los
abrigos, yo hacia cálculos de calorías para ver si negociar y pedirme media porción de chesse
cake ligh. Total tengo que volver –si vuelvo- a ver a esta pelotuda recién
dentro de una semana. El verano ya se fue y para la primavera falta un montón y
me anoté en spining para el doblete de matar el tiempo y quemar los rollos Para
cuando acabe el periodo de seca (todo termina, eso me lo enseñó la vida) voy a
haberme sacado de encima los diez que me monté
cuando fue lo del santiagueño. Angustia y cup cakes, pésima junta.
Ellos andarían entre los 45 y los 55, mas para el lado de los 55 pero
resistiendo. Ni desconocidos ni amigos.
Les faltaba un cartel luminoso “primera
cita a ver que pinta” Quiero explicarlo
bien para que no se piense que invento para hacer creíble el cuento: el dialogo
indicaba que sabían bastante uno del otro, que tenían opinión en común sobre ciertos tópicos, y yo estimé que
venían intercambiando data desde hace años. Si uds no son gente de lo
virtual pueden creer que el verosimil del relato se me esta yendo al carajo,
porque ¿Cómo no se van a conocer si intercambian opiniones desde hace mucho?
Denme crédito: eso pasa.
No fue demasiado difícil
encontrarles el target, hablaban de
blogs políticos, él definitivamente era bloguero, ella comentadora nomás, (me
dió que era una comentadora serial, inteligente, incisiva) y del palo del kichnerismo, de la 125, de si Scioli era o no
un buen sucesor de Cristina (coincidieron que no), se rieron de la tintura del
Pollo Sobrero- pero no eran amigos, no se conocían en un sentido fino del
termino, y no estoy hablando del conocimiento bíblico, que implica carne y
humores.
Entonces, mi querido
Watson ¿por qué digo que no eran amigos? Datos empíricos dan
respaldo a mi teoría del
desconocimiento previo. Él le preguntó si fumaba, ella le contó de sus dos hijos, uno en
Barcelona y otro adolescente que vivía con el padre. Denme otro crédito: estos
dos era la primera vez que se veían, a pesar de tanta saraza de “yo se que vos
pensás” o “me hiciste reír tanto cuando” y sobreentendidos que quedaban
flotando como flotaba el humo cuando todavía se podía fumar en los bares. Un
tiempo más feliz, el pasado.
Ella era Eunice –solo al principio el la llamó así, le
dijo “Eunice,¿ que vas a tomar?”.Pero después, mientras me atendían y yo pedía
el colombiano cortado sin lemon pie, me
perdí un pedazo de charla y cuando retomé, ella ya era María del Carmen. Me di
cuenta que venía entregada: hay señales, los tipos no las ven pero cualquiera
que sea del club puede identificarlas, cierto nerviosismo con las manos, el
tocarse el pelo, bah, yo no soy la Cosmopolitan , pero
las señales gritaban que ella abrigaba alguna esperanza con ese encuentro.
Apuesto mi reino que venia bien depilada.
No la juzgo ¿Acaso no todas
esperamos algo? Estaba frente a mi,
aunque no me mirara, ni una vez. Solo mas tarde me miró y quizá fue en
vano. Èl me daba la espalda, pero lo
podía escuchar mejor, hasta me anote en el celular el nombre del blog para
enterarme de mas. El blog se llamaba “La Patria Kirchnerista ”,
María del Carmen lo nombraba “vos”..
Que poca vida que tengo, que en vez de ir a ver una película me
convertía en voyeur de poca monta en un bar de Palermo.
El café colombiano sin torta no es
lo mismo, y empecé a mordisquear esa
maldición de las galletitas mantecositas, y no me daban ganas de irme, una
inercia. Había pasado solo media hora y nada esperaba en casa.
No me vengan con lo de la mascota,
el departamento solo da para gato y no voy a tener
uno por el
riesgo de que termine colgando
fotos de mis gatos en el facebook y que se me nombre en la oficina como “ la
vieja de los gatos”. Ni gatos ni animal print para mi, no les voy a dar la oportunidad
a esas hijas de puta que creen que siempre van a tener veintisiete años. Y ¡el
horror el horror! imaginarme que la reina de las hijas de puta, esa de contaduría que sale con
Alfredo me llame por atrás “la gorda de los gatos”, cuando yo y él sabemos que
fui lo único que tuvo en la época en que
se le murió la hija y la mujer se había vuelto loca. Basta de galletitas. Pura
manteca.
Mejor no pensar, se puede ser feliz
sin pensar, decía ese cuento de Cortazar, que Brindisi dice que esta
sobrevalorado pero a mi me encanta. Entonces me enfoqué, como si lo que pasara
en la otra mesa fuera mi asunto: mejor no pensar. Me puse a escuchar el dialogo
(la opo, 678, Randazzo, Scioli que siempre cae parado, Cristina Cristina
Cristina) escuchaba las risas de ella y
le iba agarrando medio bronca al tipo de La Patria Kirchnerista
porque no acusaba mucho recibo del interés, del esfuerzo, de la garra que le
ponía María del Carmen, nadando en la
melaza del narcisismo masculino
desplegado en bandera. El hacia gala de
sus encantos como si los tuviera, como si fuera el pistolero mas rápido del
oeste, y ella, boluda, le festejaba.
Declamaba un poco, sobreactuaba el compromiso con la “década ganada”. Yo vengo de los setenta , y se, papito, que eso no es una verdadera militancia, pero que me voy a poner a opinar. Si María del Carmen no se lo hacia notar, que tengo que decir yo. Puede ser esa la razón por la cual no me va bien con los hombres, no me entra una. Y a ellos, ya se sabe, les gustan condescendientes, rubias y taradas (y jóvenes y lindas, claro).
Declamaba un poco, sobreactuaba el compromiso con la “década ganada”. Yo vengo de los setenta , y se, papito, que eso no es una verdadera militancia, pero que me voy a poner a opinar. Si María del Carmen no se lo hacia notar, que tengo que decir yo. Puede ser esa la razón por la cual no me va bien con los hombres, no me entra una. Y a ellos, ya se sabe, les gustan condescendientes, rubias y taradas (y jóvenes y lindas, claro).
Afuera la noche cayó, como cae la
noche. Uds. saben, la noche de las
mujeres que vuelven de trabajos infectos o sublimes, todas con su compra, su
bolsita del super, sus
pequeñas vidas. La noche que así
como que te saca una estrella en cielo y en el
suelo trae a los que se acodan en los umbrales para dormir su miseria,
la noche con los apurados que vuelven a la casa y se sentaran alrededor de la
fogata del televisor prendido, la noche que mas tarde invitara a tocarse los pies en la cama grande, la
noche de los alucinados que esperan lo que no va a llegar, de los críos que
quieren quedarse un rato mas a ver a Tinelli Y en el Martínez, la noche azuzaba
y a las mozas que atienden se les empezó a notar las ganas de cerrar. Por esta
parte de Santa Fe, una vez que el comercio se va apagando todo es mas triste
que en un suburbio. Todo se pone triste. En el bar, yo, mi platito de
galletitas amenity vacío, el jarrito de café vacío y ellos hablando, como si no se hubieran dado
cuenta de la noche les pedía que apuraran el trámite.
María del Carmen metió en la
conversación el tema del deseo Dijo María del Carmen, textual: yo tengo el
deseo intacto. Le imaginé una analista lacaniana. Lo dijo fuerte, era su carta, su ancho de
espada. El le dio un vuelco a la cosa, saco un tópico inesperado, como en un
acto de magia donde esperás que el mago pele el ramo de flores de papel crepè,
pero te saca una tabla de planchar.
A veces me equivoco, para mí al
final se iban a ir para el telo. (el Martínez, nada inocentemente, queda a la
vuelta de un albergue) Pero, sin embargo, cuando ella empezó a enunciar que su
deseo estaba intacto como punto culmine de dos horas de charla sin parar, él
dice que tenia que contarle un secreto, porque ella le inspiraba confianza, que
eso le consumía toda la energía. Agucé las antenas, pero no solo a mi me costo
entender de que se trataba. A María del Carmen, también.
Ambas esperábamos un final feliz,
casi saboreabamos la gloria de una revolcada sanitaria, pero entonces él pela esta nueva carta. Los hombres son
asombrosos. El de la
Patria Kirchnerista bajó la voz y
por lo que ella decía, entendí que se lo planteaba como un juego de preguntas y
respuestas. Y ella, pobrecita, tratando de hacer fuerza para dar con la
respuesta correcta. Buena jugadora empezó tanteando si tenía el secreto que ver
con amores clandestinos, con sentimientos, con trabajo, con la familia. A esta
altura yo tenia ganas de sopapearlo por haberle hecho perder a María del Carmen
dos horas de sus casi cincuenta años. Dos horas y plata en la depilación con
cera sistema español, en la manicura,
para no hablar de las ilusiones desperdigadas, que no hay seguro que te las
cubra. Ella seguía concentrada en jugar. Para mi, game over, jaque mate,
volvete a tu casa sola.
No sentimientos, no amores. La miro mirándolo y entonces ella dice ¿timba? El silencio de él fue como el “caliente caliente” en las prendas que se hacen los niños. Cuando ella intento con “conseguiste una forma de ganar en el juego”, el se agranda y le contesta, “no lo dije yo, lo dijiste vos”. Y ¿de que manera? dice ella “la mas habitual”. Entonces yo pienso “la ruleta” al mismo tiempo que ella dice “la ruleta”.
No sentimientos, no amores. La miro mirándolo y entonces ella dice ¿timba? El silencio de él fue como el “caliente caliente” en las prendas que se hacen los niños. Cuando ella intento con “conseguiste una forma de ganar en el juego”, el se agranda y le contesta, “no lo dije yo, lo dijiste vos”. Y ¿de que manera? dice ella “la mas habitual”. Entonces yo pienso “la ruleta” al mismo tiempo que ella dice “la ruleta”.
Se acerca la camarera a mi mesa y
luego a la de ellos, avisando del cierre del local. Ambas como si nos
hubiéramos puesto de acuerdo, pero no, nos dirigimos al baño. Escaleras arriba
y mientras yo entro al sagrado recinto y ella se lava las manos, nos cruzamos
las miradas por vez primera. Yo la miré
y no me entendió. El tipo es un pelotudo le decía yo mandándole mensajes con
los ojos, es uno de esos que cree en
milanesas u ovnis, todo es igual. En un fractal de segundo quise
consolarla “no te hagas problema, no pasa nada, no sos vos, es él” continuaba
mi mensaje encriptado.
Cuando bajé las mozas ya estaban
levantando las mesas, él estaba parado en la puerta ayudándola con el
abrigo y escuche el ultimo pedazo de
dialogo que me fue dado presenciar: “vos no tenés que contar esto, si se sabe
yo puedo estar en peligro, hay mucha gente interesada, yo no te dije nada, pero
algún día, cuando estés por morir te vas a acordar de lo que te dije”.
Me metí en el subte con el animo
raro de quien hizo una cosa bien y una mal. Tenía todavía la carpetita con los
vegetales b y los vegetales a , y queriendo o sin querer le había ganado una
batalla al lemon pie Las galletitas alimonadas, un mal menor.
Me dio lástima por María del Carmen
o acaso por mi.
La noche, como un guante frío y hostil que me
empujó al subte, me hizo sentir que la
entraña caliente de la estación era un consuelo. En dos estaciones llegaría a
casa. Ojala, pensé, den una buena en el cable.
Comentarios
Y hay un detalle, cuando comienza el párrafo "Pero entonces llegaron ellos..." me remitió al nano en "De Cartón Piedra":
www.youtube.com/watch?v=URU0OgJZwDQ&feature=kp
Otra óptica del mismo mambo en la consideración de considerarlo como tal.
Muy bueno Nilda, muy bueno.
qué lindo escribe Nilda !
Y comprenderse no comprendido.
Un beso.