martes, 4 de junio de 2013

algo parecido a la muerte.

He pasado por allí y observé que pusieron un hotel de pasajeros, esos hoteles boutique, y está muy bien aprovechado porque recuerdo  que la casa era un petit hotel.
Es decir una casa de ricos, con muchas habitaciones y salones y baños y dependencias de servicios en el fondo.
Y sobre todo patios, luz, ventanales y enormes maceteros y mosaicos de damero.
Cuando ella estuvo, era un clínica. El dueño, el medico al que aludían los diplomas y cuyo nombre se ha llevado el tiempo, habría viajado mucho, o tal vez heredado esos objetos de lujo y la sala de espera estaba llena de aparadores con escaparates y piezas orientales, budas, dioses de mármol negro, jade. Faltaba una momia para que asemejara a una pequeña salita del museo de La Plata.
La sensaciòn pero no podía ser dicha con palabras. Me quizo explicar dibujando. Una especie de mástil y perpendicular, a la altura de una camilla, un lugar donde estaba acostada inerme y esa maquina, como en un juego de ital park, daba un latigazo de 180 grados y volvía nuevamente a su lugar de origen. Ella estaba acostada pero además, se veía desde arriba.
Y una y otra vez el cuerpo reverberando en el espacio. Una especie de violento semicirculo y un sonido grave, como el de un submarino, con una oquedad y un eco que me hacen poner la carne de gallina con solo tratar de escribirlo.
La anestesia era eficaz : le había incapacitado para sentir dolor, pero no para escuchar, para sentir el aroma del éter, del desinfectante, para verse allí. Desnuda de la cintura para abajo, arriba tenia su ropa de calle. Las tres o cuatro mujeres que daban vuelta alrededor de ella no paraban de hablar de cosas banales, por ejemplo, de su ropa, que linda decían, y hacían su trabajo con la despreocupación de un operario de un montaje en cadena, donde cada uno sabe cuando y como hacer su parte.
Las partes eran pedazos de su cuerpo, una escupidera de metal agarraba la sangre
Y todo eso con ella arriba, escuchando submarinos.
No quería morir, sobre todo porque morir implicaría seguir ahí. dando medias vueltas en la camilla eternamente. Mirá si la muerte es estar atrapada en infinitos pasillos o escaleras que no conducen a ningún lugar. Mirá si la muerte es como estar extraviada.
Todavía hoy en el sueño reinventa la escena y sigue dando medios círculos, agarrada a un mástil, acostada en una camilla perpendicular, sin poder bajarse, con las marinas llenas de olor a operación y atrás acosándola, el oxidado olor de la propia sangre.
bah, mejor escuchar a Pear Jam. Le va a estos cuentos que han venido viajando  años, también extraviados en los pasillos de la mente.








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algo viejo que merece volver a leerse.

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