adolescente que mira a una chica piyando.
¿con que material se hace la poesìa? Hablabamos -entre tantas cosas- con Nanda de escribirle a la luna.
Su ¿maestra? ¿facilitadora? de escritura poètica le decía que abandonara el tòpico, por trillado.
Ojala yo pudiera elegir no escribirle a la luna, y cantarle, como Baldomero Fernandez Moreno, a un chico que descubre -maravillado- la belleza de una chica piyando.

Baldomero Fernández Moreno
Revelación
Yendo para una escuela
con las niñas del pueblo
por coger unas moras
nos subimos a un cerco.
Entre la carretera
y el espinoso seto
la cuneta se ahondaba
toda blanda de berros.
Yo no sabía nada,
de saber era tiempo.
Una de ellas, de pronto,
Esperanza, me acuerdo,
púsose de cuclillas
a hacer aguas al viento.
Casi instantáneamente
yo me quité el sombrero
y lo eché cuesta abajo
camino de los berros.
Me lancé presuroso
tras él a recogerlo,
y al instante de alzarlo
miré hacia arriba, trémulo.
Vi una rosa bermeja,
tanto, que daba miedo,
dos pétalos de carne
abiertos, gordezuelos,
y un grueso chorro de oro
rectilíneo, violento,
que levantaba espumas
al chocar contra el suelo.
Yo no sabía nada,
de saber era tiempo.
Su ¿maestra? ¿facilitadora? de escritura poètica le decía que abandonara el tòpico, por trillado.
Ojala yo pudiera elegir no escribirle a la luna, y cantarle, como Baldomero Fernandez Moreno, a un chico que descubre -maravillado- la belleza de una chica piyando.
Baldomero Fernández Moreno
Revelación
Yendo para una escuela
con las niñas del pueblo
por coger unas moras
nos subimos a un cerco.
Entre la carretera
y el espinoso seto
la cuneta se ahondaba
toda blanda de berros.
Yo no sabía nada,
de saber era tiempo.
Una de ellas, de pronto,
Esperanza, me acuerdo,
púsose de cuclillas
a hacer aguas al viento.
Casi instantáneamente
yo me quité el sombrero
y lo eché cuesta abajo
camino de los berros.
Me lancé presuroso
tras él a recogerlo,
y al instante de alzarlo
miré hacia arriba, trémulo.
Vi una rosa bermeja,
tanto, que daba miedo,
dos pétalos de carne
abiertos, gordezuelos,
y un grueso chorro de oro
rectilíneo, violento,
que levantaba espumas
al chocar contra el suelo.
Yo no sabía nada,
de saber era tiempo.
Comentarios
¿por que no a la luna? discriminación pura... besos...
yo también quiero esa imaginación! jajaja
besos! buen fin de semana :)
me encantó el poema y la imagen que en el trasfondo incluye un varón haciendo visible su chorro infinito...sin duda los verdaderos poetas siempre se adelantan a los "científicos"
no quiero ser pesada, de la luna opinaré en otro momento. Saludos!