los cuentos del Rengo.

No estoy escribiendo mucho, son épocas. Creo que es la "primera època" en que pasa una semana sin que abone la tierra del sirenas con alguna boludez. Le pedí a Fernanda que releyera algunos fragmentos -hay mas- de una saga de relatos que fueron escritos para este blog hace un par de año y darle alguna consistencia (elimine algunos yo y ella me sugirió otro) sobre dos personajes, dos cincuentones algo perdedores que viven solos, unidos por el sexo y el desamor o algo asi. Los quería mandar a un concurso y que no se desaprovecharan . Del empaste de los fragmentos surgió esto:
(los lectores viejos del blog pueden saltearse el post, ya fueron publicados)


Historias de la Sirena y el Rengo
I
 El Rengo es un especialista en lápices. Guardó de su otra vida algunos, los preservó de la caída. Su fetiche es un lápiz 4H, con muchas B, o sea claro y blando, de trazo grueso: esa noche, perdida la Moleskine en el hospital, usa su trabajo de vigilador de noche para ocupar el escritorio de algún cagatintas de la fábrica  y escribir en una libreta  rustica, con  tapas de vinilo simulando telas de arañas,  el nombre secreto de ella. Luego, lentamente y en círculos empieza a manosear el grafito , círculos sucesivos con el pulgar, en círculos allí. Justo allí.  En  el papel, se armaba algo como un embudo, Cada círculo sobre el nombre  borroneaba, difuminaba el gris, le manchaba el pulgar, que se calentaba en el recorrido energético del lápiz sobre el papel.
En otro espacio, lejos de la fábrica, entre el clonazepán  y los círculos del Rengo sobre la mina, insistentes, profundos, lentos, la sirena se duerme, como si el circulo se le trazara allí.

II
Estaban  guardados, y me  había jurado no leer los poemas de rengo, pero  fui a buscarlas. A sus palabras. (no eran en realidad poemas, eran cosas dichas con los dientes apretados, coplitas robadas, sentencias sánscritas, puteadas en lunfardo, era él insultando a la sirena, letritas escritas una abajo de otras, -sabía que el no querá llamarlas poemas-  como pilas de cajones inestables que se movían con magia de pibito de la villa que aprendió malabares, palabras que temblaban  en letra negra de lápiz faber, trazadas con esas minas blandas que uno pasa el dedo y se hacen nubes o sombras, las palabras parecían que se iban a venir abajo en cualquier momento, graciosos elefantes arriba de mosquitos, y yo las sorbía como si fueran delicuescentes jugos dulces. Tengo sed del Rengo.
No llores, decía, biutiful-luser, metejones de vos. El papel tenia el olor al tabaco de hombre que usa, como si fuera un viejo fullero, aunque yo me se que el Rengo no llega a los cincuenta. Es un hombre de cincuenta años, poco menos, buena edad para los tipos. Se vuelven suavecitos, menos pelotudos. Empiezan, quizas, a exorcizar la muerte y se toman la vida en serio, o sea que se vuelven inmortales de a ratos.
Odio revolver el cajón donde están los cosos del rengo y  mis bombachas, y araño los papeles con poemas del rengo. Me agarra como un ansia de hacerle caligramas y pintarle las paredes de la casa donde vive  Con brocha, a la madrugada. Con la palabra metejón. Un caligrama que solo entienda él.  Y que me odien sus exmujeres o la patrona que le alquila llame a la cana, y me retiren con un coche de la policía, como a una loca, y me lleven al psiquiátrico para dejarme en observación, y me metan pastillas e inyecciones hasta dejarme muda. Yo exhalaría el olor a santidad,  que tienen los bebes después de ser amamantados.
Hoy no voy a poder dormir. Empastelarme me anula el conocimiento crítico y  me da ideas que aparto.
No puedo  esta noche dormir  sin leer cuarenta y ocho o tal vez cincuenta y cuatro veces la palabra metejón hablando de mi. ¿Cómo voy a hacer para ir mañana al trabajo? al trabajo. Yo  manejo el horario, pero igual me esperan. Siempre.
El Yuyo me mandó un mail preguntandome un par de cosas sobre la noche del hospital. No se porque, si da lo mismo, quería saber el nombre del Rengo(su amado nombre)  Ni en pedo. Ni en sueños. Hasta cuando duermo me ato- yo- al mástil para no nombrarlo. No es porque alguien me pueda escuchar -vivo sola, soy sola- pero no le permito al señor que escribe los sueños que el Rengo venga y me magree dormida, y yo acabe con él, sin estar ahi. No me voy a hacer eso. Yo, como los árboles de Casona, de pie.

La sirena es un corredor de fondo, espera, y ¿ quien va a decir que la espera valió la pena solo si Él llega? Yo quisiera tener un diez mangos por cada sonrisa que la sirena dibuja en su cara pensando en las cosas que el rengo le dijo y un pañuelo de seda de la China por cada lágrima que le hace llorar (y él sabe). La emoción es puro oro, y si es el oro de los tontos, no tenemos una joyería en la calle Libertad que nos las tase. .Nosotras compramos igual y lucimos nuestra bisutería con orgullo de ricachona nueva.
La sirena no es de esas que se quedan chapaleando. Ella nada. Nada.  La sirena agarró la libreta y se aprendió el poema mas terrible, El poema era un fucking malentendido .Por eso era bello. También le habló por la línea fija para ver como estaba después de la borrachera que lo dejó en hospital. El la ninguneó. Era de esperar.
Guardó la libreta en el cajón de las bombachas, para no verla. Bien al fondo.
Les conte que el Rengo llena libretas, libros, cuadernos, diarios. Siempre lleva algo, debe tener miedo que el tiempo le afane la Memoria, esa con mayúsculas. O querrá dejar testimonio. Se cree gran cosa a veces. Eso es intolerable.
La sirena se tatuó en el tobillo un dibujo que el  Rengo había hecho con un lápiz romo en la libreta ajada. Fue a la bond street y dijo: hagame esto..
Y ya no es una chica. Y el rengo tampoco. Eso es lo realmente maravilloso. Que el puto corazón sigue dando vuelcos, dejando su babita de sangre negra. El puto corazón de la sirena no es una pasa de uva. Esta lleno de linfa, de hemolinfa, de cosas de colores fluorescentes, amarillo y rojo. O rojo y negro como la propaganda de lucky strike.
Eso es una enseñanza para los jovenes: los amores perros no se rinden.
III
Recibí cierta llamada de un hospital. Era un trabajador social de la guardia. Un residente. (por eso llamaba, para cualquier otro no hubiera sido urgente).
El rengo estaba internado, y tenía una pequeña libretita donde decía mi nombre en el renglón "en caso de accidente llamar a".
Pensé en estafas telefónicas, estoy advertida.
Evalué la posibilidad de negarlo, tres veces, decir " no conozco a nadie llamado así" pero no me dio la tripa.
El pibe (tenía voz de pibe) me tranquilizó: no es algo grave, está confuso, la llama, vengasé.
El hospital no era el de mi ciudad, pero yo sabia que él había nacido allí, así que no me extrañó que anduviera por esos pagos. Pero le veía mas sustento a la hipótesis de la estafa que a me llamaran en su nombre.
Tiene familia, entiendo que hay un par de mujeres con las que estuvo casado, y se lleva bien, amigos. Yo lo ando rondando sin éxito, pero no figuro ni a placeé. Ni para la cama le sirvo.
El no me quiere y me lo hace ver.
No me van cagar, pensé al tiempo que  me vestía, agarraba plata para eventuales remedios,  y buscaba en la guía el teléfono. Era una guía vieja pero el hospital tiene mas de cien años.
Habían ingresado un tipo  con el nombre del rengo (su amado nombre). No daban otra data por teléfono.
Junté fuerzas y fui. Cuando llegué todavía no clareaba. Yo amanecida soy mas fea que pegarle a la madre con toalla mojada .Tenia el pelo sucio, y estaba muy asustada. Me daba un poco de pena no ser linda.
Y temblaba.
Hice el gesto inútil de la compra de agua mineral, por llevar algo. Junte coraje y me mandé. Pensé en que cuando lo viera le iba a besar los labios, dulcemente.
El hospital a la madrugada.. Gente acurrucada en bancos, alguno que llora, la puerta solitaria. El olor a hospital, mixturado con olor a ciudad vieja que todavía no se despertó, un vago olor a desinfectante, a lavandina, a cigarrillo. A desamor.(El olor a sexo es como de picantes, el olor a desamor es como a  humedad)
Pregunté por el rengo en informes:  lo tenían en un box. Cuando me vio, pidió que llamara a la agencia de seguridad, porque no había ido a su laburo de sereno. Salvo eso, ni una palabra. Me miraba como por atrás de un vidrio, Por que viniste, parecía decirme, mirándome desde  lejos, los ojos llenos de lágrimas Me llamaron, nada  mas, le conteste a una pregunta que no me hizo. Es que siempre hablo de mas, siempre creo que se lo que el quiere preguntarme. Es una tara que tengo.
De besarlo en los labios, no hubo manera. 
Entra un enfermero marica, le saca la vía, y le dice Guapo, no te quiero ver mas por acá, vos tenés la bebida mala, cortala y ahora que vino tu chica, te podés ir.
El rengo agarra sus cosas, se pone la campera y me deja allí.
Lo veo irse, y  a mi se me van las fuerzas. Yo no lo sigo. Me recuesto en la camilla, tratando de snifar su olor,  de acodarme en el calor que su cuerpo había dejado. Me siento estúpida. Cuantos infelices habrán cagado fuego en ese mismo lugar. Y yo buscando su aura.
A los tres minutos vienen a limpiar el box, me ve la mucama y me pide que me retire. Cuando salgo, sin el agua mineral, me corre un tipo.Dice: " yo hable con ud. por telefono, ud. vino por (acá dice su amado nombre), Si, digo, soy yo. Su novio se olvido ésto, haga que no tome mas alcohol, lo encontraron tirado en la calle, lo trajo la cana, borracho perdido. No paraba de nombrarla. Yo le pregunte quien era ud. Y dijo, mi sirena, llamala.
Trasca, sorpresivamente me abraza y me da una libreta, la libreta  del rengo, con mi nombre. en caso de accidente, y apretada escritura hoja tras hoja  con poemas y  mi nombre por todos lados, manoseados escritos, en lápiz.  con poemas que en la noche de trabajo de sereno me escribe el rengo..Quiero quedarme en ese abrazo, quiero morirme en ese abrazo indispensable, quiero hundirme en un abrazo humano.
No hay buena luz para leer los textos. Me guardo la libreta en el bolsillo trasero del vaquero y salgo. Hay niebla, y el sol que sale es opaco. Son casi las seis.
Me fijo si tengo monedas, busco un locutorio abierto en las cercanías (hay un kiosco con dos pc, una esta ocupada, un tipo mira pornografía) .
Llamo desde de la cabina a la empresa de seguridad, me quedo mirando detrás del vidrio de la cabina la espalda del pajero y en la pantalla una pareja copulando aburridamente, jadeando en ingles. El tipo es negro y tiene una verga insoportablemente larga, y los ojos como si fueran botones. Ella es una joven vieja. Me dan lástima y un poco de nausea. En la pantalla de la pc apagada el vidrio negro  me refleja, y veo que estoy llorando
Y me voy. Hace frío, y hay mucha niebla. Cuando escampe va a ser un día de sol.

IV


El rengo me está matando. Por eso fui a ver a la señora que cura.
Toqué en la puerta de chapa del pasillo y apenas me vio me dijo: yo te voy a curar .
El rengo me ha engualichado de palabras, no con pociones, él es inocente y no es por defenderlo. Pero ya no se me aguanta este malhadoamor y entonces fui a buscar soluciones para poder exorcisar eso que me tiene sin dormir.
Yo no le dije nada del rengo, pero lo vió en la niña de mis ojos.
La señora que cura , cura de verdad porque yo no le hablé del rengo y me dijo algo confuso de su pierna mala. Ella sabe. Me dijo tambien: yo te voy a curar. Me dijo traeme foto, ropa interior, algo de èl.
Yo le quise dar mi corazon, pero eso no servía. Me pedia cosas que no fueran tripas.
Yo tenia unos cuadernos, unas tarjetas, algunas fotos. Cuando toco sus cosas, termino con fiebres.
El rengo no me quiere. Por eso fui a la señora que cura, no quiero lograr su amor(esas son cosas que se arreglan en el cielo y no esta bien que los humanos nos metamos)
Fui para dejar de quererlo.O tal vez para dormir.
La señora que cura uso implementos y accesorios: un péndulo, armo con sal gruesa un camino de sal para que yo pisara, me puso oleo santo de Israel en la frente. Me cocinó una poción de ruda para frotarme el sexo, una pomada blanca con olor a alcanfor para pasarme esta noche en los pechos.
Yo compre todo. Todo. No me importaba el dinero. Accedí a la dieta de limón en ayunas, aceite de uva antes del almuerzo, a lamer lentamente un caramelo con regusto a regaliz sin hincarle el diente.
Camine por la puerta del rengo, cuando nadie me veia, tirando tras mis pasos laurel, para que la victoria viniera tras de mi.
La victoria es el olvido. El amor del rengo arrasaría conmigo, no estoy preparada para arder en sus brazos, me consumiría como un mal fuego.
Al anochecer, para que la curación de la señora que cura no se equivoque de portones llene de banderines su estancia, mientras gritaba para adentro "Haces bien en poner banderines de aviso, en el límite oscuro que relumbra de noche” la  señora que cura no me dijo que recitara a Lorca, pero yo pensé que era un lindo detalle.
Cuando volví a mi cama, cansada de tantos aprontes, embadurnada de pomada, brillante como una esclava, y con el sexo caliente de frotarme con esmero y la mano mojada de agua de ruda, oré las oraciones santas que la señora que cura me dio. Dije su nombre al revés y al derecho para pedirle a la patrona de las desesperadas que me lo sacara de la cabeza.
Sin plata, olorosa y muy caliente, cansada de caminar, me dormi. Crei que la señora que cura me había curado, porque pude dormir.
Mal paso te marcha, rengo perverso, dije entresueños.
y esa noche soñé que el rengo me amaba.

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