solo algunas noches.

Monica me contó que su hermano, que es profesor, pero hizo la secundaria en la cárcel, sale este año. Le dije que va a encontrar el barrio cambiado. Son 6 años, ni guasap había entonces.
Miré mirando que cosas habían cambiado.

Conocí Centenario en otra glaciación, cuando atras de Camino Negro, solo campo hasta el camino de Cintura. Viven muchisimos alli, casi todos pobres y algunos que hicieron guita con la falopa. Solo estaba, Marsella al fondo, el hotel por horas Acapulco. Despues  nada.Ni siquiera recuerdo que esa calle tuviera nombre.
Fui de la terminal de La Noria a Centenario con el 318. El colectivo iba por colectora y a la derecha no vez ninguna casa precaria de carton o chapa, donde alguien levanta una pared y deja alrededor espacio para, en los veranos torridos, salir a tomar un vino, con un sifón, mientras los mosquitos pican y el olor a mugre de la basura campea y un enjambre de chicos se encuentran en esa tierra de nadie que es la vereda
Solo había casas en losas. Muchas losas, y los ladrillos huecos tapiando las intimidades. Uno, dos, tres pisos y casi todas sin revocar . Me dio lastima que no dejen espacio para tender la ropa en la fresca, el cielo no se ve desde adentro de una casa encerrada en una losa. Los pobres, como los ricos, tienen miedo de que los roben, y nadie quiere que el vecino lo mire entonces todos son inexpugnables castillos hechos de losa y ladrillo sapo. 

Antes no había vendedores de tortilla al rescoldo que hacen su parrilla con un medio tambor, y ahora a las cuatro salen mujeres y hombres que estiran en una mesa ese amasijo de harina grasa y salmuera y el fuego mata todo y que bueno el olor noble de la grasa quemandose, dorandose en el fuego quedo. Y los viajeros por trabajo llegando a casa con el oloroso paquete, para cebar el mate y contar el día. 

Tampoco había murales de chicos muertos. En lomas hace ya décadas que mueren chicos, una mala noche -veni a verme cuando salgas, me dijo el turco, comes todos los dias y  no hay problemas de laburo, solo algunas noche, venis a trabajar-. Pero ahora florece arte callejero nombrandolos. Y son muchos.
Esta mañana, cuando volvía, entre el olor hipnotico de las tortillas al recoldo, las losas de dos pisos con ladrillo sapo sin revocar y el muro del camino negro, le saque la foto a este. Uno entre tantos.

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