SIRENAS AHOGADAS EN VODKA
EL BLOG DE NILDA

tomando café.

tomando café.

Marguerite Duras.

El deseo es una actividad latente y en eso se parece a la escritura: se desea como se escribe, siempre."

*Marguerite Duras, entrevista en Le Nouvel Observateur, 14 de noviembre de 1986.-

jueves, 31 de mayo de 2012

concurso de cuentos en honor a Cortazar.

En Lomas de Zamora el municipio largó un concurso de cuentos.
las bases del concurso están acá. Nada me gustaría mas que estar en una antología junto con uds. Los concursos de cuentos me ilusionan y también me agobian: Tengo un cuento perfecto para ese concurso pero es largo. Lo trate de mutilar y pasó lo que tenia que pasar: lo malogré.
Entonces busque otro, mas corto, que estaba en el blog. También era muy cortazariano, No es extraño, sueño a veces con Cortazar. Lo uso para decir mis cosas, para encubrir lo que me pasa. Para acentuar el efecto y engañar a los jurados le puse un epígrafe, parte de un poema. Lo busque con cuidado, no hago las cosas sin ton ni son, aunque pueda dar ese efecto. Luego le saque al texto los errores de ortografía, le cambié una o dos palabras, no mas, y lo imprimí.
Ya estaba publicado en el blog, pero lo pongo de nuevo,porque el blog no me trae suerte pero yo querría que si. Y para compensar la torpeza, la estupidez de volver a colgar el cuento -a quien puede molestarle? - y como novedad, abajo del cuento, el poema de Cortazar, que por otra parte he leído hoy por primera vez.



das narrenschiff.
Ya no hay laberintos
(…)
A nadie tienen que los tema y vocifere,
ningún adolescente de encendida espada
irrumpe de la nave y corre a ellos para morder por fin
el alegre, jugoso durazno de la sangre

Julio Cortazar- Las ruinas de Cnossos



Oxidadas por la sal marina, que no respeta a fierro ninguno, las poltronas gritan  a quien las observe que deberían haberse renovado hace una década. Lona verde y naranja, a rayas horizontales, en una trama que en algún momento fuera clásica pero que ahora, definitivamente está fuera de lugar, puesta por un escenográfo torpe. Las lonas quemadas por el sol, no obstante, resisten el peso de estas mujeres.

Cuando el Río de la Plata se mixtura con el mar, lo marrón persiste un rato largo. El agua carga sangría del Paraná, lleva moléculas de tanta miseria y verdor y tanta tierra roja, ella no entrega así nomás su esencia a la anodina y persistente agua marina.

El mar, desde acá,  parece, mas que agua, un enorme cobija turquesa que dos invisibles deidades sacuden tomada por orillos que no llegamos a apreciar.

Las mujeres recostadas semejan enfermas graves o hombres capturados por la modorra despues de una comida copiosa. Están entregadas.

Un mozo,  viejo, con callos plantales que lo hacen caminar como un contrahecho, calzado con zapatos de cuero lustrados en exceso, con cordones, atraviesa cubierta repartiendo sundaes recubiertos de sirope naranja y azul  .Al derretirse  el helado se forma un reguero de  baba gomosa sobre la popa.  El mar, que es limpio, salpica y la injuria se lava

Las mujeres  permanecen con  los ojos cerrados, envueltas en batas, todas iguales, un poco amarillentas, que supieron de mejores tiempos. Las batas son o fueron de Colmegna, la tradicional casa porteña de baños turcos, un bordado da testimonio.

Este ramillete de mujeres están hermanadas por la mirada perdida y el estigma del desaliento, que les refulge como si fuera una cruz de fuego en la frente..

Al terminar el sundae, se empiezan mover, parece como si estuvieran en una sala de espera de medico y ya pasó demasiado rato y nadie sale a dar explicaciones.

Coloradas por el sol de noviembre, y despeinadas por los vientos que asolaban la planchada, no es necesario una mirada atenta para advertir que ninguna es hermosa, sino todo lo contrario y algunas, como yo, tienen poco pelo .Y como lo tienen largo, parece aun menos pelo. Unas cabelleras lamentables.

Dos horas ha que zarparon de la costa de  Quilmes. El preámbulo fue la subida a un pequeñísimo lanchón donde permanecieron  paradas tal como se hace en un colectivo suburbano o en un ascensor atestado: digo, ignorándose unas a otras

Solo abordaron la nave cuando llegaron a la mitad del río, donde las cartas náuticas indicaban la posibilidad. Me gustaría saber la eslora para explicarles bien.

Puedo decir que ninguna fue obligada. Mansas como corderos. Es que siempre hacemos eso, nos entregamos sin saber (yo hago eso,  me podría haber pasado). 

Las recibió el mismo hombre del sundae con sirope, pero con otro uniforme, asegurándose que no resbalaran en la escalerilla, que llegaran salvas a la planchada, a los deteriorados camarotes del único subsuelo..Ellas no se dieron cuenta lo extraño del asunto, no sabían de rituales de barco, de capitanes, de que -necesariamente-tendrían que haber visto mas gente.

Ahora, mientras la necesidad de dejar testimonio me impulsa a esta crónica, en este preciso momento, una que está a mi lado,  se agarra con el puño su bata de toalla y lo increpa, le pregunta como se llama el barco. Insiste que es hora de develar el destino del premio de la Lotería Turística, no quiere que se note pero está asustada. Yo conozco los signos: está asustada.  El sol la ha puesto como un camarón, el pelo revuelto, la bata abierta que deja ver que abajo continúa (pese a las indicaciones en contrario) vestida con ropa de calle, para irse presta si fuera necesario (ese es el plan)

Inclusive, al levantarse, noto que abajo de la toalla en la que recostaba su cabeza segundos antes, está su bolsito de mano. No se como pudo hacer. A mi me lo retiraron ni bien ingrese al barco.

El mozo de los cayos plantales intenta tranquilizarla. Le dice que la nave es Das Narrenschiff y que el viaje será placentero. Le habla de cartas marinas, del Caribe, inclusive creo que escuché la palabra Mediterráneo.

Ella vuelve a la poltrona, busca su bolso tanteando en la almohada , y por primera vez (es tarde) se da cuenta que en el mar (como en la vida) no hay por donde escapar. Yo cierro los ojos,  intentaré dormir, mientras la nave va.






Las ruinas de Cnossos
Ya no hay laberintos
ni reyes de mirada plana, imprecatorios,
inventando por gestos las leyes de la tierra.
Las calles se repueblan de monstruos cabizbajos
confundidos entre las vendedoras de pasteles y peinetas,
sin decretos ni claustración, caídos
a la irrisión de las miradas que los siguen y enumeran.
Ni prestigio, ni nombres execrados,
ni hermanas lamentándose en los muros.
Envueltos en bufandas se pierden en los huecos del tráfico
con paquetes que llevan a sus casas,
a las pensiones familiares donde comen y duermen.
A nadie tienen que los tema y vocifere,
ningún adolescente de encendida espada
irrumpe de la nave y corre a ellos para morder por fin
el alegre, jugoso durazno de la sangre.

martes, 29 de mayo de 2012

Manucho.

Cuando yo era pendeja, tenia como una fiebre de leer la suma de lo escrito. No llegaba a nada. Sin embargo leía lo que podía mientras hacía una vida común. No era una nerd ni mucho menos.
En esa época fui que llegue a Manucho, que estaba vivo y era un viejito un poco puto (dicho así solo a efectos descriptivos, un hombre bajito y amanerado) que acopiaba en sus relatos marcas de clase. De clase alta.
Mujica Lainez me llenaba de sensaciones y me envolvía en palabras, un poco almibaradas. Me metía en un jarabe espeso, hipnótico.
"Aquí vivieron" y otros libros que ya no recuerdo. Eran como American Psycho en cierto sentido: la monstruosa descripción de objetos. Pero claro, no se trataba de marcas sino de firmas...huevos de faberge, muebles de estilo, alfombras persas... no lo puedo recuperar porque no eran cosas que yo pudiera ver en la realidad. Existían solo en las letras,  simples referencias literarias de un mundo que tenía cosas y al que yo que no pertenecía.
Habia un mundo entonces de Silvinas Bullrichs, de Martas Linch, de Bioy, de las Ocampo. Un mundo de Revista Sur (ya obsoleto) donde Manucho se desenvolvía con la holgura de un patrón de estancia, con pañuelo italiano al cuello, traje de marca y botas de montar.
Yo debería haber tenido los ojos muy grandes, desde mi calle con zanja y amigas a las que iba a buscar golpeando las puertas en  pasillos largos con macetas con malvones, oliendo chanel en libros que devoraba mientras comía mandarinas.
Digo Manuel Mujica Lainez y me veo entonces, queriendo leer la suma de lo escrito, tan verde.
Hoy me encuentro (gracias por las coordenadas) con este cuento de sirenas, con la prosa barroca de Mujica Lainez. Me lo dedico a mi misma, que leia entonces a Kafka, a Corin Tellado, a Arlt y a las selecciones de readers digest, siempre buscando, siempre queriendo mas y mas. Como la sirena.


Corren a lo largo de los grandes ríos, desde las empalizadas de Buenos Aires hasta la casa fuerte de Nuestra Señora de la Asunción, las noticias sobre los hombres blancos, sobre sus victorias y sus desalientos, sus locos viajes y la traidora pasión con que se matan unos a otros. Las conducen los indios en sus canoas y pasan de tribu en tribu, internándose en los bosques, derramándose por las llanuras, desfigurándose, complicándose, abultándose. Las llevan las bestias feroces o curiosas: los jaguares, los pumas, las vizcachas, los quirquinchos, las serpientes pintarrajeadas, los monos, papagayos y picaflores infinitos. Y las transmiten también en su torbellino los vientos contrarios: el del sudeste, que sopla con olor a agua; el polvoriento pampero; el del norte, que empuja las nubes de langostas; el del sur, que tiene la boca dura de escarcha.

La Sirena oyó hablar de ellos hace años, desde que aparecieron asombrando al paisaje fluvial las expediciones de Juan Díaz de Solís y Sebastián Caboto. Por verles abandonó su refugio de la laguna de Itapuá. A todos les ha visto, como vio más tarde a quienes vinieron en la flota magnífica de don Pedro de Mendoza, el fundador. Y ha crecido su inquietud. Sus compañeros la interrogaban, burlones:


-¿Has encontrado? ¿Has encontrado?
Y la Sirena se limitaba a mover la cabeza tristemente.


No, no había encontrado. Se lo dijo al Anta de orejas de mula y hocico de ternera que cría en su seno la misteriosa piedra bezoar; se lo dijo al Carbunclo que ostenta en la frente una brasa; se lo dijo al Gigante que habita cerca de las cataratas estruendosas y que acude a pescar en la Peña Pobre, desnudo. No había encontrado. No había encontrado.

Ya no regresó a la laguna de Itapuá. Nadaba perezosamente, semiescondida por el fleco de los sauces, y los pájaros acallaban el bullicio para oírla cantar.

Va de un extremo al otro de los ríos patriarcales. No teme ni a los remolinos ni a los saltos que levantan cortinas de lluvia transparente; ni al rigor del invierno ni a la llama del estío. El agua juega con sus pechos y con su cabellera; con sus brazos ágiles; con la cola de escamas azules prolongada en tenues aletas caudales color del arco iris. A veces se sumerge durante horas y a veces se tiende en la corriente tranquila y un rayo de sol se acuesta sobre la frescura de su torso. Los yacarés la acompañan un trecho; revolotean en torno suyo los patos y las palomas llamadas apicazú, pero presto se fatigan, y la Sirena continúa su viaje, río abajo, río arriba, enarcada como un cisne, flojos los brazos como trenzas, y hace pensar en ciertas alhajas del Renacimiento, con perlas barrocas, esmaltes y rubíes.


-¿Has encontrado? ¿Has encontrado?
La mofa: ¿Has encontrado?


Suspira porque presiente que nunca hallará. Los hombres blancos son como los aborígenes: sólo hombres. Tienen la piel más fina y más clara, pero son eso: sólo hombres. Y ella no puede amar a un hombre. No puede amar a un hombre que sólo sea hombre, ni a un pez que sea sólo pez.


Ahora nada por el Río de la Plata, rumbo a la aldea de Mendoza. El Gigante le ha referido que unos bergantines descendieron de Asunción, y por los faisanes ha sabido que sus jefes se aprestan a despoblar a Buenos Aires. Precaria fue la vida de la ciudad. Y triste. Apenas han transcurrido cinco años desde que el Adelantado alzó allí las chozas. Y la destruirán.


En la vaguedad del crepúsculo, la Sirena distingue los tres navíos que cabecean en el Riachuelo. Más allá, en la meseta, arden los fuegos del villorrio destinado a morir.


Se aproxima cautelosamente. No ha quedado casi nadie en los bergantines. Eso le permite acercarse. Nunca ha rozado como hoy con el pecho grácil las proas; nunca ha mirado tan vecinas las velas cuadradas que tiemblan al paso de la brisa.


Son unos barcos viejos, mal calafateados. La noche de junio se derrumba sobre ellos. Y la Sirena bracea silenciosamente alrededor de los cascos. En el más grande, en lo alto de la roda, bajo el bauprés, advierte una armada figura, y de inmediato se esconde, temerosa de ser descubierta. Luego reaparece, mojado el cabello negro, goteantes las negras pestañas.


¿Es un hombre? ¿Es un hombre armado de un cuchillo? O no... o no es un hombre... El corazón le brinca. Vuelve a zambullirse. La noche lo cubre todo. Únicamente fulgen en el cielo las estrellas frías y en la aldea las fogaradas de quienes preparan el viaje. Han incendiado la nao que hacía de fortaleza, la capilla, las casas. Hay hombres y mujeres que lloran y se resisten a embarcar, y los vacunos lanzan unos mugidos sonoros, desesperados, que suenan como bocinas melancólicas en la desierta oscuridad.


Al amanecer prosigue la carga de los bergantines.


Partirán hoy. En lo que fue Buenos Aires, sólo queda una carta con instrucciones para quienes arriben al puerto, aconsejándoles cómo precaverse de los indios y prometiéndoles el Paraíso en Asunción, donde los cristianos cuentan con setecientas esclavas para servirles.
Las naos remontan el río, entre las islas del delta. La Sirena las sigue a la distancia, columpiándose en el vaivén de las estelas espumosas.


¿Es un hombre? ¿Es un hombre armado de un cuchillo?
Tuvo que aguardar a la luz indecisa de la tarde para verle. No había abandonado su puesto de vigía. Con un tridente en la derecha y una rodela embrazada, custodiaba el bauprés del cual tironeaban los foques al menor balanceo. No, no era un hombre. Era un ser como ella, de su casta ambigua, hombre hasta la mitad del cuerpo, pues el resto, de la cintura a los pies, se transformaba en una ménsula adherida al barco. Una barba rígida, triangular, le dividía el pecho. Le rodeaba la frente una pequeña corona. Y así, medio hombre y medio capitel, todo él moreno, soleado, estriado por las tormentas, parecía arrastrar el navío al impulso de su torso recio.


La Sirena ahogó un grito. Surgieron en la borda las cabezas de los soldados. Y ella se ocultó. Se sumergió tan hondo que sus manos se enredaron en plantas extrañas, incoloras, y el olear se llenó de burbujas.


La noche arma de nuevo sus tenebrosas tiendas, y la hija del Mar se arriesga a arrimarse a la popa y a deslizarse hasta el bauprés, eludiendo las manchas amarillas de los faroles encendidos. A su claridad el Mascarón es más hermoso. Se le sube la luz por las barbas de dios del Océano hacia los ojos que acechan el horizonte.


La Sirena le llama por lo bajo. Le llama y es tan suave su voz que los animales nocturnos que rugen y ríen en la cercana espesura callan a un tiempo


Pero el Mascarón de afilado tridente no contesta y sólo se escucha el chapotear del agua contra los flancos del bergantín y la salmodia del paje que anuncia la hora junto al reloj de arena.


Entonces la Sirena comienza a cantar para seducir al impasible, y las bordas de los tres navíos se pueblan de cabezas maravilladas. Hasta irrumpe en el puente Domingo Martínez de Irala, el jefe violento. Y todos imaginan que un pájaro está cantando en la floresta y escudriñan la negrura de los árboles. Canta la Sirena y los hombres recuerdan sus caseríos españoles, los ríos familiares que murmuran en las huertas, los cigarrales, las torres de piedra erguidas hacia el vuelo de las golondrinas. Y recuerdan sus amores distantes, sus lejanas juventudes, las mujeres que acariciaron a la sombra de las anchas encinas, cuando sonaban los tamboriles y las flautas y el zumbido de las abejas amodorraba los campos. Huelen el perfume del heno y del vino que se mezcla al rumor de las ruecas veloces. Es como si una gran vaharada del aire de Castilla, de Andalucía, de Extremadura, meciera las velas y los pendones del Rey.


El Mascarón es el único en quien no hace mella esa voz peregrina.


Y los hombres se alejan uno a uno cuando cesa la canción. Se arrojan en sus cujas o sobre los rollos de cuerdas, a soñar. Dijérase que los tres bergantines han florecido de repente, que hay guirnaldas tendidas en los velámenes, de tantos sueños.


La Sirena se estira en el agua quieta. Lentamente, angustiosamente, se enlaza a la vieja proa. Su cola golpea contra las tablas carcomidas. Ayudándose con las uñas y las aletas empieza a ascender hacia el Mascarón que, allá arriba, señala el camino de los tesoros. Ya se ciñe a la ménsula rota. Ya rodea con los brazos la cintura de madera.


Ya aprieta su desesperación contra el tronco insensible.
Le besa los labios esculpidos, los ojos pintados.


Le abraza, le abraza y por sus mejillas ruedan las lágrimas que nunca lloró. Siente un dolor dulcísimo y terrible, porque el corto tridente se le ha clavado en el seno y su sangre pálida mana de la herida sobre el cuerpo esbelto del Mascarón.


Entonces se oye un grito lastimero y la estatua se desgaja del bauprés. Caen al río, estrechados en una sola forma, y se hunden, inseparables, entre la fuga plateada de los pejerreyes, de los sábalos, de los surubíes.


Manuel Mújica Láinez
La sirena en Misteriosa Buenos Aires (Seix Barral)



jueves, 24 de mayo de 2012

yo y el yeti.

los yerpas son oscuros y de mirada huidiza. Ademas no intentan hablar conmigo. Me consideran una forma de sustento, nada mas y se nota. Para ellos soy una cosa.
Me siento sola.
Este viaje consumió los ahorros de una vida, la casa heredada de mis ancestros y el arreglo financiero que hice con la empresa a cambio de renunciar, algo así como quince sueldos de mi puesto gerencial. Suficiente para una jubilación decorosa y no tener que preocuparme por el futuro.
Sin embargo, si logro volver a buenos aires, sera en condiciones de indigencia. No me importa. No hay futuro.
Tres años entrenando en el gimnasio, mapeando rutas, yendo a charlas motivacionales con alpinistas que habían estado aquí, en  el Himalaya, leyendo toda la literatura existente (inclusive del siglo XIX) y con un couch al que le había pagado en un año mas que a mi analista en diez.
Hablando de mi analista, me había pedido que fuera tres veces por semana y yo decidí poner punto final a un tratamiento que de ser exitoso, me hubiera hecho desistir de estar acá y ver este cielo azul y este aire puro, donde nada importa.
Cuando llegamos a la base,  la idea era sumarme a un equipo de acensiòn integrado por ecuatorianos, belgas y franceses, mas un príncipe árabe que tenia el berretin del Nepal.
Todos mis planes cambiaron en un segundo. Un segundo aciago. Por que a poco de subir lo vi al Yeti No debería haber estado allí. Era demasiado bajo, un lugar al que todavía llegaban las mulas con su carga y los yerpas comían con las manos un guiso de color rojo sangre. Inclusive creo -no lo puedo asegurar-que había señal de los teléfonos celulares. Es mi tercer día en la base.
El Yeti habría bajado por sus  cosas, que se yo.¿por que esperan que yo explique su presencia?  La nieve era blanca y  pensé que eran mis ganas de encontrar algo, hacian que lo viera, pero que en realidad era pura alucinacion. Fije los ojos y  tuve que convencerme de la realidad, y la realidad era que mientras estaba en la estación de descanso, el Yeti se hizo presente
Blanco como la nieve, pero con unos ojos de fuego, me miraba. Estaba cansada de que nadie hablara mi  idioma, y había empezado a desilusionarme, a creer que tamaña ingeniería de viaje y tantos preparativos no me iban a hacer el efecto que buscaba
 (yo buscaba algo, siempre fui una gran buscadora, lo que pasa es que no sabia que buscaba y corría el peligro de que si lo encontraba no me diera cuenta de que era eso).
Pero no, no me lo invento, estaba ahí y me quería.
El yeti esta allí, me mira y me llama con la mirada.Nadie parece darse cuenta. No es monstruoso ni atemorizante. Es una especie de peluche blanco azulado, enorme y de ojos negros que prometen cosas. Ojos de perro azul dirìa, pero alguien uso antes esa imagen.
Agarro  mi bitácora y escribo que me voy con el yeti. Pienso que con él no necesitare equipo alguno, y dejo todo.
Y ahora me estoy dirigiendo a su encuentro, me separan tres pasos.
Viene a mi cabeza un viejo dialogo, donde un hombre me dijo que las relaciones que se pueden tener con un yeti son altamente limitadas.
No importa, no tengo nada que perder.
Necesito alguien que me ame.
Western cwm between Everest (left) and Nuptse (right) showing south-vergent folds in the Lhotse calc-silicate bands. Khumbu Himalaya, Nepal

martes, 22 de mayo de 2012

el puto infinito

En el medio de la oscuridad de la noche, en la cama, abrigada y a salvo tuve la intuición de que, como especie, somos decoradores del vacío. Se nos dio por inventar la luz eléctrica y antes las farolas de gas y vaya saber cuantas cosa retrocediendo hasta llegar al fuego.
Es que no soportamos la vastedad de la tierra y decoramos el espacio, y para engañarnos lo acotamos con paredes y bajamos el cielo raso de la inmensidad del infinito con techos de casas o de cuevas.
somos los creadores de paredes, tenemos el mal de la agorafobia.
Somos lo contrario de las manadas que deambulaban por la tierra, nomades.
aves de corral, eso somos.
La lluvia y los truenos y el malo que nos amenaza quedan por fuera de nuestras noches de crucifijo y sabanas de holanda o de polyester.. Eso creemos
La arquitectura es una puesta en escena, estamos en el desierto, como en esas peliculas donde vas por la 66 llegando a la nada.
Yo siento el olor del depredador, pero me doy vuelta en la cama y toco con mi pie el alma que duerme a mi lado, y quiero olvidarme.
Pensar que todo es domestico, que no somos lobos esteparios yirando por la tierra, buscando comida. Pensar en que estamos a salvo, que hicimos ciudades, pasillos, barandas a los rios, a las escaleras, muros, canalizamos la inmensidad para buscarle continente a lo infinito, y no darnos cuentas que nada nos contiene en esta vastedad donde al planeta le sigue el sistema solar y a este una inmensidad que me produce arcadas. Y nosotros, poniendo tejidos en los balcones para no caer..
Las ciudades son una mentira, los poblados, las casas de la playa.
La gran mentira es el dinero. Papel de mierda, no te salva del desamor, del cancer, no te lo podes comer, no sacia tu sed.
Estamos parados sobre salinas, sobre roca dura, sobre tierra mojada por rios subterraneos, y embaldosamos con el unico objetivo de simular que domamos  la realidad.
Sabido es que la ropa nace para hacer algo con nuestra desnudez, pero hay momentos en que sería sabio saber andar desnudos como los alucinados.
En el medio de la nada, en pelotas, silabeando en soledad y entre otros  muñecos de paja, en el decorado de una obra de teatro que a nadie interesa, en un teatro vacio.

lunes, 21 de mayo de 2012

Las cosas no tienen fin, me sopla en el oído Lawrence Ferlinghetti, un poeta de la generacion beat.

La vida sin fin 

No tiene fin
la espléndida vida del mundo
no tiene fin su hermoso vivir
su hermoso respirar
sus hermosas criaturas sensibles
observando escuchando y pensando
riendo y bailando
suspirando y llorando
a través de las tardes sin fin
noches sin fin de amor y éxtasis
alegría y desesperanza
bebiendo y fumando
charlando cantando
en los Amsterdams sin fin
de la existencia
de animadas conversaciones sin fin
y de los cafés sin fin
en los cafés literarios de las mañanas de lluvia
sin fin las películas de la calle que pasan
en los automóviles en los tranvías del deseo
en las inagotables vías de la luz radiante

Sin fin el baile de las melenas
al ritmo sin aliento del punk rock
y de la música disco su aire en la cabeza
a través de las medianoches de la Vía Láctea
hasta los paraísos del amanecer
hablando fumando y pensando
de todo aquello que en la noche no tiene fin
en lo blanco de la noche la luz de la noche
Ah sí el vivir y amar no tienen fin
odiando y amando besando y matando
No tienen fin los latidos la respiración la procreación
la rueda de la vida de carnes
girando constantemente en el tiempo
Vida sin fin muerte sin fin
no tienen fin el aire y la respiración
Mundos sin fin
en los que los días nunca terminan
en las capitales del otoño
sus grandes avenidas de hojas en llamas
Sin fin los sueños y los cuerpos
en los que el sueño desovilla
las mangas tejidas de la ansiedad
los laberintos del pensamiento
las laberínticas ensoñaciones del amor
las espirales del deseo y su exageración
los innumerables finales de lo innombrable
Sin fin los cielos incendiados
sin fin el universo que gira
Mundo sobre una hoguera de hongos
No tiene fin el fuego que respira en nuestros cuerpos
tatuados comedores de fuego bailando en las plazas
tragando el aire incendiado de la gasolina
Valiente el corazón batiente de la vida llameante
sus pulsos compases y llamas apagadas
Sin fin los campos de los sentidos
los olores del deseo del amor
los maullidos de los gatos en celo
el aroma intenso de los sexos
El sonido de los que hacen el amor no tiene fin
el sonido de las camas chirriantes no tiene fin
el gemido de los amantes no tiene fin
escuchado en la noche a través de las paredes
Los gritos del éxtasis inacabables
las voces encendidas
en la última y perdida culminación
el ruido de las máquinas de música saltando
el fluir del jazz del esperma sus ritmos
difunden su energía en el paraíso
Y luego los intentos de fuga no tienen fin
huir de la náusea de Sartre
de las colinas peladas
donde se consumió la sensación
en el lento fuego del tiempo
de la alegría de vivir desesperanzada
de los barcos cargados de ilustración
de los barcos cargados de mierda
que aún flotan
en los infernales ríos de Caronte
codicias histerias paranoias
poluciones y perversiones
Sin fin l’homme revolté
en el anónimo rostro de la muerte
en las huellas del estado monstruo
No tiene fin sus visiones anárquicas
No tiene fin su alienación
No tiene fin su poesía alienada
tábano del estado
portador de la esencia de Eros
No tiene fin el sonido de la vida
del hombre que vive en la tierra
las audiciones radiales sin fin
las transmisiones de tv sin fin
No tienen fin
los rollos de papel en la rotativas
el fluir de las palabras y las imágenes
en las cintas de las máquinas de escribir
escritura automática y garabatos
sin fin los pòemes dictés por lo desconocido
sin fin los llamados telefónicos
hacia los confines de la tierra
y la espera de los amantes en las terminales
y el llanto de los pájaros en las terrazas
y el graznido constante de los cuervos en el cielo
y el multiplicado canto de los grillos
y los mares rugientes y las aguas gimientes
alzándose y cayendo sobre guijarros distantes
y las mareas lamedoras durante los Idus del otoño
beso salitroso de la creación
Infinitas las campanas del mar anunciándose
Más allá de las represas y los diques de la vida
y el repetido llamado de las campanas
en las iglesias vacías
en las torres del tiempo
Infinita la manifestación de calamidades
del barbado hombre santificado
No tiene fin
La cuerda del corazón del mundo
desenroscándose
resplandeciente en el tiempo
brillando a través del espacio
No tienen fin los cruceros turísticos
atravesándola
barquitos pequeños en los canales infinitos
millones de ventanas en llamas en el atardecer
la ciudad quemándose con las sobras de la luz
los distritos de faroles rojos brillan y danzan
con pijas porno pijas de neón
y los vibradores que vibran sin descanso
en las piezas de edificios a medio derruir
Sin fin el movimiento de las mandíbulas
masticando las carnes de los sandwiches del deseo
los jugosos bifes anchos del amor
Sin fin los sueños y los orgasmos
ritos de fertilidad ritos de pasaje
y el vuelo de las aves fértiles
sobre los techos de las casas
y los huevos que caen en los nidos
en las vaginas sin fin
los intentos y tentaciones de la carne
en las habitaciones por hora del amor
donde canta la paloma golpeada
No tiene fin el nacimiento de las criaturas
en los sitios donde el amor y el deseo
han tomado aposento
Sin fin el dulce nacimiento de la conciencia
y sus amargas muertes en vano
Sin fin el marchitamiento
de las pieles las frutas efímeras fugaces
y las sirenas de neón
cantando unas a otras en alguna parte
Sin fin las leves variaciones
de lo absolutamente familiar
los fuegos de la juventud
las brasas de la ancianidad
la furia del poeta renacido
No tiene fin toda creación
en la danza muda de las moléculas
Todo se transmuta todo cae en el silencio
y todo gime llora una y otra vez
Sin fin la espera interminable
Dios y Godot
nunca terminan de llegar
No tienen fin las acciones los planes
los dilemas y las demoras
Absurda la espera que anula la acción
y desea que ya no existan las guerras
y desea la desaparición de los estados
Es inútil la espera que niega la acción
No tiene fin la lucha entre el bien y el mal
las cabriolas del destino los viajes del odio
sin fin la energía nuclear
la energía interna de la tierra
las reacciones en cadena sin fin
del fogonazo final
que fallan en sus intentos
mientras las Blancas Bicicletas de la protesta
circulan lentamente a su alrededor
Pues algún día estos dioses con rostros caninos
que calzan zapatos a la moda escarpines de Gucci
botas tejanas y sombreros de latón
y viven en bunkers
con muchos botones e interruptores
a su alcance
desaparecerán les llegará el fin
Pues lo que nunca tendrá fin
es la esperanzadora posibilidad
de elegir en nuestras encrucijadas
elección que aún no ha sido realizada
elegiremos
la iluminación de las mentes oscuras
los senderos de la gloria
los verdes gigantes de la casualidad
los anzuelos de la esperanza
en los pantanos del desaliento
las colinas en la distancia
los pájaros en los arbustos
los arroyos de la luz oculta
las melodías desconocidas
las sesiones del pensamiento dulce y silencioso
y las muertes felices de los corazones todos los días
y las pijas de barro
y los pies enfundados en zapatillas
recorriendo la bahía
Y es más
son infinitas las puertas
de la percepción que aún deben ser abiertas
y los potentes chorros de luz
en el elevado espíritu del hombre
en el espacio exterior muy dentro nuestro
en el Amsterdam del Ying y del Yang
Sin fin las rubaiatas sin fin las beatitudes
sin fin los shangrilas sin fin los nirvanas
sutras y mantras sin fin
satoris y sensaras sin fin
Bodhiramas y Bodisatvas
Karmas y Karmapas
Sin fin las Shivas cantando danzando
en los humeantes vientres del éxtasis
Brillos trascendencia
penetrando la cristalina noche del tiempo
en el silencio sin fin del alma
en la larga y altisonante historia del hombre
en el sonido y la furia sin fin
significando todo
con sus alucinaciones sin fin
adoraciones e iluminaciones
y destrucción total
y erecciones e exhibiciones
fascismo y machismo
circos de las almas extraviadas
parques de diversión de la imaginación
Coney Islands
del poema sin mente sin fin
dictado por la voz individual
del inconsciente colectivo
ciego en las huellas
del tiempo
En los últimos días de Alejandría
El día que precede a Waterloo
Los bailes prosiguen
En la noche se escuchan
los sonidos de una fiesta bulliciosa
 

domingo, 20 de mayo de 2012

de las infinitas versiones de este tema

hoy comparto esta, de Jerry Garcia, de los Gratefull death. Estamos nosotros golpeando las puertas del cielo .
Ey, puse un contador en el blog. Es que cumplo años, y tambien siento que golpeo alguna puerta.
Knock ...Knock.

viernes, 18 de mayo de 2012

jugamos?

Sonaba Paloma, la cancion de Calamaro,
 vivir así no es vivír, esperando y esperando, porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando
y entonces me enredé  en juegos y palabras.
Saben uds. que los niños no tienen por que responsabilizarse de su decir (son niños) y  la via regia hacia su sufrimiento o (sin ser dramatica) sus interrogantes es el juego.
La pequeña Emma, la nieta de la sirena, que ya acusa 14 meses y aun no habla parodiaba el otro dia con un sumbido y su pequeño dedito en mi nariz el acto infame que su mamá le infiere al sacarle verdes mocos con una especie de nebulizador. Bssssss decia Emma mientras reìa tocandome la nariz
Y los niños que -por una razòn u otra- van al terapeuta, juegan.
Que un niño juegue ya es un logro. Cuando los pibes estan muy perturbados ni siquiera pueden armar una minima secuencia. El juego es una herramienta de liberaciòn.  En tiempos de la muerte masiva de adolescentes en el incendio de Once, se de niños que jugaban a ser rescatados, o a morirse. Jugaban, para escándalo de sus maestras, a los muertos.
No han jugado acaso uds.en la vereda, al policia, al ladron, al vaquero. Siempre la muerte rondaba. Es que necesita simbolizarse tamaña cosa. La muerte, el embarazo de la madre, los secretos familiares. Todo material de juego.
La cuestiòn es que jugar te permite amarrar la angustia en una escena y hacer algo (tramitar, decimos nosotros) eso temido.
Los padres que desprecian el dispositivo psi dicen livianamente, "iba y jugaba", como si se tratara de cualquier cosa.
El calamaro del inicio me lleva a la cuestion de la interrupciòn del jugar
Cuando en la vida o en la terapia (es lo mismo) se interrumpe el juego es por la emergencia de la angustia. No es lo mismo que el juego se vaya agotando, se abandone por desinteres que el abrupto corte.
Todos queremos seguir jugando.
La angustia marca siempre (escuchaste bien, siempre) un lugar de Verdad. Es como un sensor de donde esta la verdad.
Por eso, si se trata de buenos deseos, el mio es "que puedas seguir jugando"


jueves, 17 de mayo de 2012

La idea fija

(..)No hay nada mas bello y perturbador que una idea fija. Inmóvil, detenida, un eje, un polo magnético, un campo de fuerzas psíquico que atrae y devora todo lo que encuentra. ¿Ha visto alguna vez una luz imantada? Se traga todos los insectos que se le acercan, los trata como si fueran de fierro. He visto volar interminablemente a una mariposa en el mismo lugar hasta morir de fatiga.(...) he visto construirse obsesiones como castillos de arena, solo se necesita un acontecimiento que nos altere dràsticamente la vida. Un acontecimiento o una persona, dice mi padre, de los que no podamos discernir si nos ha cambiado la vida para bien o para mal. La estructura de una paradoja, dice Steve, un acontecimiento doble o vacilante en su ser. Nos marca, pero es moralmente ambiguo.(...) La obsesión nos hace perder el sentido del tiempo, uno confunde el pasado con el remordimiento
Ricardo Piglia  (Prisión Perpetua- Cap.1)

miércoles, 16 de mayo de 2012

adios a las armas.

al final, después de tantas vueltas, me dirigí al pañol a entregar las armas.
Las había cuidado con esmero. Esa guerra había concluido, al menos para mi.
Cansada de perder, con heridas que supuraban por todos lados, rengueando, peor -en el cabal sentido de la palabra- de lo que había llegado en aquel septiembre  a la delgada linea roja, (en ese tiempo pensaba que las batallas eran gloriosas y que su gloria no tendría otra opción que empaparme) fui al pañol y entregué mis armas.
No había nadie para recibirlas, a nadie le importaba esos pertrechos inútiles.

Las criaturas que van a la guerra van engañadas  La épica es un relato cojonudo. Pero cuando se pierde la ultima batalla, volvés la vista atrás y tenés el insight de  que la guerra terminó hace mucho. Entonces, dejas los pertrechos de guerra en el mostrador del pañol, intentas recuperar las cosas con las que llegaste allì (nada queda,nada) y te volvés.
Gracias, tango: con la frente marchita.

lunes, 14 de mayo de 2012

Murio el poeta Mario Trejo. Lo recordamos. No hay nada mas honesto que la necesidad.


Orgasmo - Mario Trejo

1
Breve vida feliz
Breve muerte feliz

2
Pasó ya el tiempo de destrucción
atrás quedaron los mordiscos del cáncer
los huesos roídos o furiosos
historia de un momento
de un segundo
de un estrépito
historia de una mujer desnuda lentamente.

Se enciende entonces el primer recuerdo
infancia de cordones arqueológicos
invisibles y vivos
violentas presiones de la luz
escenas resbalosas
recuerdos de mercurio.

Pronto me vi
en medio de los primeros tumultos
adicto ya a al muerte
luto tenaz que nunca me abandona.

Delirio de las familias
bacanal de ciegos en un país de sordos
la consigna es huir
volar hacia el sol de la noche
explosiones de nombres
rasgos risas agujas
crepitaciones olorosas
sílabas cazadas una a una
erecciones viajeras
angurrias cardinales.
Aquí está la clave:
huir.
Regresar es nacer.
(...)
6
La bala contra el búfalo.
Ella
la que quiero
entre el búfalo y la bala.
Ahora todo es puro espacio que cruzará su sombra
su fantasma
su cuerpo real que los buitres comerán más tarde.
Porque búfalo y bala
han llegado juntos a ese cuerpo querido.
Mujer poesía libertad justicia.
ella
mi vida.
Los amigos nos rodean de calibres
los buitres siguen leyendo
y en el planeta sólo retumba mi soledad.

7
Nostalgia de palacio o de caverna.
Allí todo hubiera sido diferente.
No me quejo.
Sólo quiero aclarar.
Quise hacer el primer fuego
y otros lo habían hecho antes.
Quise incendiar los castillos
y solo quedaban las ruinas.
Mi cuerpo acude a la ceremonia.
es lo último que recuerdo.

(...)
9
No hay nada más honesto que la necesidad.

10
Ha llegado la hora.
Confesaré.
Daré datos precisos.
No mentiré.
No caeré en contrabando.
Tomaré todas las drogas.
Acataré lo sagrado y lo profano
su único hijo
nuestro dolor.
No codiciaré la muerte del prójimo.
Me revolcaré sólo de amor.
La noche, sabemos, etcétera, etcétera, etcétera.
El alba ya lo dije es oficio de sobrevivientes.

11
Orgasmo
Breve vida feliz
Breve muerte feliz

En él vengo al mundo
en él soy Dios
el universo me recibe
soy el sol
y soy el relámpago que me mata

Breve vida feliz
Breve muerte feliz


A Fernando Birri

domingo, 13 de mayo de 2012

si hablamos de Varsovia...

crisol de razas, mi barrio. Entre todos había polacos. No se sabe muy bien si esos polacos eran verdaderos polacos, corridos por la guerra, ursos (de la union sovietica) o lituanos. Todos rubios, altos y colorados. Mi bicicletero de la infancia. y los multiples polacos falsos que por ahi eran tanitos rubios.
Un eco de polaquitud me reverbera de la infancia, locos de la guerra,  comidas con chucrut, pepinos. El olor rancio de guisos largos en departamento mal ventilados  y las viejas con chales tejidos a mano de colores opacos. Las polacas mas jovenes, (decian las abuelas tanas) eran mujeres ligeras.
Ligeras, agrego yo, como sirenas. Es que en Varsovia, nadando por el rio Vistula, se demorò una sirena. Las sirenas tienen en su adn el gen de la generosidad, y lo que hacian, cantando, era abrir las redes de los pescadores y que la pesca se soltara. Los pescadores del rio no se enojaban, por que a cambio de perder piezas las escuchaban cantar.
Pero siempre hay ambiciosos y un mercader quiso atrapar a la sirena del rio Vistula y vender su canto, o que se yo, hacer guita a como fuera. Lo consiguiò. Pero por poco tiempo: los pescadores ayudaron a la sirena polaca a huir. Y ella, como premio, se quedó desde entonces para cuidar Varsovia. Las sirenas hacen lo que pueden, fijense que durante el guetto debe haber estado dormida o sin fuerzas. Pobre Varsovia.
Sin embargo, hay una estatua que la recuerda en el medio de la ciudad.Y no lo estoy inventando!.
Un trago de vodka polska en la fria tarde de domingo en que les cuento la historia de la sirena  que nada y canta en el Vistula

viernes, 11 de mayo de 2012

reina lagarta

Hay mañanas ausentes de creatividad propia en que me acuerdo de algo que he posteado y me dan ganas de verlo. Como si mi blog fuera mi biblioteca, y en cierto sentido lo es. Cuando esas ganas superan un standard, como hoy, lo cuelgo nuevamente. No hay nada mas viejo que el papel del diario de ayer. Pero lo alisamos y envolvemos huevos. Acá esta el tema de John Lee Hocker que le diera apodo al famoso Jim Morrison. En los tiempos que Morrison vivia yo era muy chica, ni hablar de cuando se grabó este blues. Pero hay algo mágico en esta musica, me calienta el cuerpo y el alma,  esta mañana fria http://nosoyloquedeberia.blogspot.com.ar/2010/09/blog-post.html

sábado, 5 de mayo de 2012

make a movie

¿quien mueve la camara en los sueños? Quien hace los acercamientos, escribe el guion, decide los actores principales?
El guion de un sueño ¿se escribe a medida que la pelicula transcurre? ¿y la estètica? Quien la elige? Por que los sueños son siempre tan excesivos o tan pueriles
Todos nos hacemos la pelicula.
tengo un par de sueños infantiles que venian a repeticion: uno era el de una mujer anciana que cocinaba  a un niño en un perol enorme. El otro él de los ladrones que salian a la calle cuando sonaba el pito de la fabrica (antes las fabricas tocaban un pito a la hora en que terminaba el turno, yo lo se, yo lo escuche) y la calle entraba en situacion de peligro, en estado de sitio.
Hace unos diez años soñaba que volaba, simplemente abria los brazos en el medio de la calle y levantaba vuelo por la ciudad.
Ahora que tengo insomnio mis sueños son mas fragmentarios, pero me gustaria (si tuviera talento) dibujarlos. El sueño, dice Freud, es la via regia (la entrada principal) del inconciente.
La vida, mes amis, es sueño.
y vos....

¿Quién serás esta noche en el oscuro sueño, del otro lado de su muro?

(jorge luis borges)

jueves, 3 de mayo de 2012

sueño con jaulas

Tenés en un rincón apartado la presa. Te puedo observar con todos los detalles que los sueños permiten. En tu entorno, entre tus cosas, deambulàs olvidado de ella. Hasta en algun momento tu ritmos circadianos, aburrido o hambriento, te hacen oler su presencia.
Y desgarràs su carne, despreocupado, casi feliz. Después te aletargas y hay una larga secuencia donde los visitantes te sacan fotos  jugando como lo hace un perro con huesos ya vacíos para el ojo humano.
No hay crueldad, los peces grandes se alimentan de los peces chicos, no hay crueldad, podrias alegar en tu favor -si fuera necesario, no lo es- en la cadena alimentaria.
Lamès la sangre -siempre hay sangre en lo crudo-   y satisfecho, te dormis.
Yo no despierto
Yo soy la presa.