SIRENAS AHOGADAS EN VODKA
EL BLOG DE NILDA

tomando café.

tomando café.

Marguerite Duras.

El deseo es una actividad latente y en eso se parece a la escritura: se desea como se escribe, siempre."

*Marguerite Duras, entrevista en Le Nouvel Observateur, 14 de noviembre de 1986.-

domingo, 28 de noviembre de 2010

Psicologia evolutiva: LO QUE GANE CON EL TIEMPO.


por via del surfeo de twitter me encuentro con los tuiteos de una joven pilla. Todo lo que decia era ocurrente, zarpado, fresco. Inimputable. La piba por la foto debia andar en esa edad entre que dejaste el secundario y te juntas por primera vez. Esa edad donde la inseguridad se tapa con desfachatez y haces semblante de liberada, aunque te mantenga tu vieja. Esa edad donde los otros (vos sabes que no es asi) creen que volteas muñeco tras muñeco, y no te imaginas al lado de un tipo para mucho tiempo, en las dulzuras de la crianza de un niño, o haciendole el disfraz de zanahoria para la fiesta del jardín.
A mi me gustaba lo que tuiteaba, pero si con la uña del meñique del pensamiento raspaba ese decir me daba cuenta de que en  unos años todo eso tan piyo, tan atrevido, y fresco seria realmente una sarta de tonterias.
Por ej. celebraba el colmo de lo grasa que es colgar fotos de los quince en el facebook
Despues con el tiempo  ya no importa si algo es grasa o no, deja de tener importancia, es una categoria intrascendente. Lo grasa se licua y te importan otras dimensiones. Colgar fotos de los quince en el facebook podria ser una forma de la ternura. Si yo tuviera en digital fotos de los quince las colgaria en el facebook. Es imposible, porque no tengo facebook y no tuve fiesta de quince ¡por que era grasa!!!.
No importan las marcas, no importa si no te bañabas todos los dias, o que parecieras una huerfanita y pronunciabas mal los nombres de los artistas de jolivud, quedaras pagando cuando alguien nombrara a un autor que deberias (deberias) haber leido, o hablaran de musica  y vos garpando ignorancia como una gila.
Lo mejor de venirse grande es que te volves como el abuelo Simpson... podes decir lo que pensas y te chupa un soberano huevo lo que piensen los otros de tu ignorancia o tu belleza. Vos sabes, cuando pasa el tiempo, quien sos. Conoces el territorio de tus miserias, conoces tus glorias, sabes de tu generosidad, de tus agachadas. No te buscas en la aprobacion del semejante.. No tenes miedo de parecer patetica, porque no te importa parecer patetica. Entendiste claramente, iluminadamente, que te podes reir de vos, que hay vuelta del ridiculo, que no hay manera de transitar la vida sin mancharse del barro del existir. No tenes miedo que te lastimen porque ya estas hecha fruta. Y no tenes que esforzarte por parecerte a lo que desearias ser, porque en un sentido lograste ser lo que querias, o te reconciliaste con lo que sos. Estas mas cerca de tus ideales, o bajaste tus ideales a tu altura. Y disfrutas de lo que sos, y te reis de vos, pero no tenes que mostrar que sos pilla, porque ya sos pilla...
Me he hecho tanto problema por boludeces, que estoy inmunizada. Que la ropa no es la adecuada? Que pensaran de mi? No estarè meando afuera del tarro? Nada de  eso me perturba. Puedo dar todo mi amor a cucharadas colmadas y se que no me voy a quedar vacia. Puedo reirme de las miserias de los otros porque tengo bien contadas las mias.

Que liviandad eso, que fuerza te da para volar.... te sacaste de encima la necesidad de aprobacion de los otros,sos el abuelo simpson, y esta bien. Està muy bien.

sábado, 27 de noviembre de 2010

LA OCASION LO AMERITA. UN CUENTO SOBRE LOS PROBLEMAS QUE PUEDE CONLLEVAR EL INTERCAMBIO DE CORRESPONDENCIA

Cual es el mejor regalo de cumpleaños para alguien que no esta acá? La memoria, el recuerdo.
Leí en el blog de Tommy Muller que ayer era el dia que habia nacido Fontanarrosa. Ud. cree que el murio? Y si se murió porque me hace reir ¿eh, eh? Porque de alguna manera no murio. Està este cuento que lo corrobora


CARTAS PARA ANNIE por Roberto Fontanarrosa



Rosario, 3 de agosto de 1987.     Estimada señorita Finnegan:     No puede usted siquiera imaginar la profunda emoción que me embargó al recibir, esta mañana, su carta. En rigor de verdad, señorita Finnegan, guardaba muy pocas esperanzas de recibir una respuesta suya, máxime que mi petición de correspondencia epistolar fue lanzada al azar, globalmente, sin apuntar a una persona física determinada. Le confieso que dudé mucho antes de escribir a la sección "Correo del Mundo" de la revista de la Unesco, ya que consideraba eso algo propio de la gente joven, de muchachos implusivos con deseo de contactarse. Y además, porque temía que no la publicasen, como no publicaron mis ocho misivas anteriores. Por eso, le reitero, señorita Finnegan, jamás me atreví a suponer que alguien como usted, una joven británica, sujeta a una educación real, forjada y modelada en costumbres sin duda victorianas, se haya tomado la molestia de responder a la invitación al diálogo por parte de un desconocido, habitante de un remoto ámbito del globo. De allí, también, mi emoción, que ojalá usted pueda comprender, señorita Finnegan.
    Los latinos, los nativos de esta nación argentina de la cual es posible usted jamás haya escuchado hablar, somos descendientes de españoles e italianos. Gente afectuosa y emotiva, que demuestra sus estados de ánimo sin temor al ridículo, sin falsos pudores, pero lejos del mayestático y digno hieratismo que lucen los súbditos de la Rubia Albión.
    No quiero distraer su precioso tiempo, señorita Finnegan, ya que imagino que estará ocupada en sus trabajos de jardinería o en la cocción doméstica de esos deliciosos scones que ustedes tan bien saben hacer. Pero abrigo la esperanza de que no sea este nada más que un contacto pasajero, si no que se trate del comienzo de una prolongada y fructífera amistad. También me ha impactado, le confieso, su perfecto dominio del idioma español, aun sabiendo positivamente que el acopio cultural es un rasgo predominante en los sajones y que por ello supieron, en algún momento, expandir sus dominios por todo el mundo. De todos modos, no hubiese pensado nunca que una persona como usted se interesara en una lengua como la castellana, tan pobre y carente de gracia ante la precisa consistencia del inglés.
    Aguardando su próxima carta con renovada esperanza, suyo
    Lamberto.


29 de agosto de 1987.     Estimado señor Lamberto Margulis:     Debo confiarle que yo también, en un primer momento, vacilé en contestar a su generoso petitorio, su amplia convocatoria al diálogo. No soy de las que responden a la propuesta del primer hombre, no se si me comprende. Pero intuí en su prosa, breve pero serena, el espíritu de alguien que no desea perder su tiempo en bromas tontas si no que ansía una real comunicación a nivel humano. Por otra parte, admito, me atrae el contacto con una persona que habita tierras tan ajenas a estas islas y sobre las cuales me gustaría saber mucho más, pues me reconozco ignorante de todo aquello que no este bajo los dominios del Commonwealth.
    ¿Cómo es Rosario? ¿Está sobre el mar? ¿Es también castellano lo que se habla allí? ¿Es una población amurallada? ¿Es la harina de pescado su principal fuente de ingresos? ¿O la copra? Espero no agobiarlo con mis preguntas, pero he sido siempre una persona inquieta, curiosa, que todo lo consulta. Le diré que tampoco soy yo lo que puede llamarse una mujer joven; lo digo en relación a su suposición de que este tipo de contacto epistolar está reservado para la juventud; pero tampoco me considero una mujer madura. Creo firmemente que la juventud reside en la personalidad de cada uno y no en el paso del tiempo cronológico. Con respecto su interés por mi dominio del español, le informo que accedí a él por pura necesidad, ya que mi familia tomó, dentro del personal de servicio, a una señora natural de Cádiz, España, que no hablaba en absoluto nuestro idioma. Esto nos ocasionó un sinfín de inconvenientes, en especial cuando procuramos explicarle el funcionamiento del lavarropas y procuro cocinar dentro de él un pavo trufado. Fueron tantos sus desatinos que me vi obligada a adentrarme en las dificultades del castellano en procura de dominar a esa mujer.
     Dispense lo breve de mi misiva, pero aqui los días son muy cortos y tampoco somos los ingleses gente muy dada en un primer momento. Espero, no obstante, recibir sus interesantes noticias desde el otro lado del mundo.
    Miss Finnegan.


 
  11 de setiembre de 1987.     Mi querida señorita Finnegan:     Antes de cualquier disquisición, le pido humildemente disculpas por anteponer el calificativo "querida" antes de su apellido. No lo tome como una audacia de mi parte, por lo que mas quiera: es que los hombres de estas tierras adolecemos del pecado de la osadía, como alguna vez lo demostraran el almirante Bouchard, el comandante Espora, Justo Suárez, Rugilo y otros criollos que pululaban por nuestras pampas. Pero es que su respuesta a mi carta ha iluminado mi vida. No puede usted imaginar la exaltación que hizo presa de mí cuando mi madre me trajo su sobre con el matasellos británico. Le confieso que el paso de los días se había convertido en un suplicio ya que veía desvanecerse mis esperanzas. Llegué a pensar que un argentino, señorita Finnegan, no era de la suficiente estatura intelectual como para entablar una relación postal con una súbdita inglesa, acostumbrada a codearse con ciudadanos de las primeras potencias mundiales. Yo sé que suena un tanto dramático, señorita Finnegan, pero hay otro dato que me angustió durante toda la espera, y es el referido al consabido y prolongado conflicto por las islas Malvinas, o Falklands, que se antepone entre nosotros como una muralla de incomprensión. Por todo esto, el haber recibido su carta esta mañana me ha inundado de una emoción difícilmente transmitible y bajo este impacto emotivo es que me atreví anteponer ese ingenuo pero genuino "querida" a su apellido. Sin embargo, pese a la distancia física, pese al océano que nos separa, ¿o nos une?, le aseguro que su presencia espiritual durante la tensa espera fue constante junto a mí.
    Vivo en un barrio de Rosario llamado Saladillo. Este barrio, señorita Finnegan, fue originario asentamiento de empleados ingleses del ferrocarril; por lo tanto aún quedan, como testigos de aquella época maravillosa, viejos y señoriales edificios de estilo británico, que me la recuerdan a usted constantemente desde sus muros descascarados, paredes cochambrosas, tapias desconchadas y sus castigados techos de zinc. Pero, además, y esto ya parece una confabulación del destino, cerca de mi casa se levanta el frigorífico Swift, de reconocidos capitales ingleses, y todo el aire que se respira en Saladillo esta impregnado del perfume que de allí emana. Y es como estar percibiendo su lavanda, señorita Finnegan, y perdone lo sensorial de mi tono.
    Me ha conmovido, además, el relato suyo sobre su servidumbre hispana y su maravilloso espíritu solidario de aprender el idioma. Esa grandeza hizo colosal su imperio, señorita Finnegan. Me agradaría que me contase más del tema, si no es avanzar demasiado sobre la intimidad de su casa.
    Antes de despedirme, con dolor, le solicito dos cosas, y espero que no lo tome a mal: ¿podría envirame alguna foto suya, alguna foto que le sobre, que le haya salido movida o muy oscura? Se convertiría para mí en un verdadero tesoro. Y otra cosa: ¿puedo llamarla Margery?
    Suyo,
    Lamberto.

2 de Noviembre de 1987.     Amigo Lamberto:     Como verá, yo también me he tomado el atrevimiento de pasar al tratamiento de "amigo", en lugar del impersonal "estimado". Es que, aunque a los súbditos de las corona nos cuesta admitir desequilibrios emocionales, le confieso que yo también aguardo con particular anhelo la llegada de sus líneas, siempre interesantes. Le aseguro que mi demora en contestar no obedece a ningun sentimiento que yo pueda albergar en desmedro de los latinos u otras sub-razas. Después de todo, no es usted un bosquimano o un malayo. Por otra parte, le aseguro que desconocía por completo la existencia de un conflicto en torno a las islas denominadas "Malvinas" o "Falklands". Es mas, ignoraba la existencia de las islas mismas ya que contemplar el mapa más abajo de la línea del ecuador me produce vértigo.
    Le juro, Lamberto, que estoy estudiando con detención el mapamundi en procura de detectar la ubicación de su país. No me resulta fácil --poco propensa, como soy, a la cartografía-- dilucidar donde se halla la Argentina entre tanta línea de puntos, ríos y elevaciones. Pero ya he señalado Guyana y Venezuela. ¿Es Argentina una superficie triangular, verde clarita? Me complacería me lo confirme. Con respecto a la servidora española, no tuvimos mas remedio que despedirla ya que nos destruyó gran parte de la vajilla al meterla dentro de la cortadora de cesped con la sana intención de lavarla. El problema es que ella aduce no entender nuestro deficiente español y no se ha dado por enterada del despido. Se ha encerrado en el sótano y clama por su embajador. No es la primera desilusión que me llevo con gente no sajon, amigo Lamberto, pero espero que sea la última.
    Cavile mucho sobre su pedido de una foto mía. No soy del tipo de mujer que acostumbra a darse con facilidad, pero intuyo en usted un ser humano sensible y cuidadoso con las fotografías. Disculpe si, al arrancarla del álbum familiar, quedó adherido en el reverso un trozo de una foto de mi perro Excalibur sobre su cojín favorito. Hubiese preferido que nuestras fisonomias quedasen en el anonimato, ya que ello agudiza la imaginación y otorga un halo de misterio siempre beneficioso a una amistad, pero entiendo que un hombre desee conocer a su interlocutora. A la recíproca, también me veo movida por la curiosidad a solicitarle alguna foto a usted, ya que ignoro cuál puede ser el aspecto de alguien que viva en zonas tan alejadas.
    Con respecto a la franquicia de llamarme Margery, déjeme pensarlo. Primero, porque no me gusta nada cuando las cosas se hacen de forma tan precipitada. Y segundo, porque Margery no es mi nombre. Si se fija bien en el sobre, observará que se trata del nombre de la calle, 17th Margery Street. Mi nombre es Annie.
    Esperando su próxima carta, lo saluda,
    Miss Finnegan.


  28 de Noviembre de 1987.     Querida Annie:     Un tumulto de sensaciones contrapuestas estremece mi alma. La comprobación de que nuestro contacto epistolar se prolonga y solidifica me ha insuflado nuevos ánimos, pintando de bellos y alegres colores el gris desvaído de mi vida. Le confieso que su carta me ha llenado de sensaciones olvidadas, me siento como un adolescente, pleno de dudas y ambivalencias. Antes que nada, quiero agradecerle enormemente su fotografía. Sé que le ha significado un esfuerzo económico enviármela. Le juro que no era mi intención inducirla a destruir su álbum, que imagino un documento familiar de insoslayable valor. Es una pena que no haya señalizado, precisamente, quién es usted dentro de ese maravilloso ramillete de jóvenes que, sin duda alguna, gozan de los placeres de un pic-nic. Pese a la oscuridad de la toma, pese a lo neblinoso que, al parecer, se presentaba el día, pese a la poca definición del foco, creo advertir que había algunos muchachos entre ustedes. No es fácil individualizarlos entre los abrigos y las capelinas. No obstante, con tenacidad detectivesca, he logrado separar una quincena de personas entre las que podría encontrarse usted, Annie, bella como siempre.
    Advierto en usted un cierto regusto por el misterio, fiel a los pasos maestros de la inmortal Agatha Christie. Y no vacilo en arriesgar una posibilidad: usted es la que reposa sobre el césped, casi bajo el capot de la camioneta, envuelta su cabeza en un echarpe claro, junto a algo blanco que bien podría ser una cabra.
    Le remito, en retribución de su gesto, una foto mía. Tardé mucho en seleccionarla, ya que no soy muy afecto a retratarme. El latino, bajo su aparente desfachatez y desparpajo guarda un espíritu austero, Annie, créame, tal vez heredado de José de San Martín o de Edmundo De Amicis.
    Deberá disculparme por mi confusión con respectoa su nombre. Es que la excitación que me invade al recibir sus cartas me obnubila hasta el límite de la estupidez. Pero lo que le confieso me embargó de dudas, fue la denominación que usted me da de "amigo". Le seguro que me enorgullece que uted me considere como tal, pero mi secreta ambición es constituírme en otra cosa. Un amigo, así como puede considerarse algo exxcelso y maravilloso también configura tan sólo una persona que queda afuera de otro tipo de sentimientos, más profundos, más complejos y más inherentes a la relación hombre-mujer. No sé si me comprende, Annie. Temo que nuestras diferencias culturales impidan que me entienda con claridad. Y si lo entiende, espero que no lo tome a mal. No quisiera ser una decepción más que le brinda alguien no sajón.     Para terminar, deseo hacerle una consulta que es posible usted considere audaz o atrevida, pero que quema mi pecho si no lo hago: ¿Hay alguien más en su vida, Annie? ¿Hay otra persona en su esfera sentimental, alguien a quien usted considere más que un "amigo"? De ser así, hágamelo saber, por favor, para no alentar vanas esperanzas.
    Suyo,
    Lamberto.

14 de Diciembre de 1987.     Lamberto:     Temía este momento. Sabía que iba a llegar y ha llegado. Mi padre estuvo en Dunkerque y mi abuelo cayó en Verdún. Por lo tanto, no son las situaciones difíciles las que pueden hacer vacilar a un miembro de la familia Finnegan. Antes que nada, le agradezco la foto. No imaginaba, a través de su pulido texto, que fuese usted un atleta. Me sorprendió el grosor de sus bíceps en el acto preciso de levantar esas enormes pesas. Y la vastedad de su tórax, como así también lo notorio de la transpiración, lo que me revela un país húmedo. Advertí, asimismo, que esa foto ha sido publicada en alguna revista especializada ya que, al dorso, puede leerse parte de una suerte de tabla de posiciones de algún campeonato, se me antoja de football, nuestro deporte por antonomasia.
    Volviendo a lo que a usted lo inquieta, quiero pedirle dos cosas: primero, que tome esto que voy a decirle con serenidad y no cometa el disparate de tomar decisiones apresuradas. Segundo, que no use palabras que me obliguen a recurrir a cada momento al diccionario. Me insumió una barbaridad de tiempo hallar el significado de la palabra "capelina" que, en un primer momento, me sonó como algo muy grosero.
    Le diré, Lamberto, tengo novio. Es una relación que data de mucho tiempo atrás, doce años, para ser mas exacta. En estos momentos estamos algo distanciados ya que Edwin, tal es su nombre, reside en Brisbane, Australia, desde donde ha jurado llamarme para vivir a su lado. Yo ya estoy dudando de que cumpla con su promesa porque, desde el primer año de relación, me viene prometiendo lo mismo. Es un hombre inteligente, educado, pero algo frío en el trato, al menos así se entrevé a través de sus cartas, ya que a él también lo conocí mediante un correo postal que publicara la revista "New Commonwealth", en Blefast, en el año 75. Parece ser buena persona bajo su redacción huraña. Al menos su letra es pareja y redonda, aunque sus cartas, en lo que respecta a prolijidad dejan bastante que desear; suelen venir manchadas de tabaco y con aureolas de alcohol. Su manejo de la sintaxis es pobre y, lo compruebo ahora comparando, su temática se reduce a la descripción de matanzas de hotentotes y a la utilización comercial del cuero de cocodrilo.
    Lo advierto ahora, Lambert, cuando he decidido abrir mis fronteras y conocer nuevos mundos, nuevas sensaciones, experimentar el regocijo de contactar culturas diferentes.
    Por otra parte, lo considero a usted algo más que un amigo, Lambert. Lo que ocurre es que no hallé en el diccionario una palabra que contuviera, sin caer en excesos, mis apetitos personales.
    Annie.


  28 de Diciembre de 1987     Annie:     Hay algo que no puedo evitar al recibir sus cartas, en especial si éstas son como la última. Aprecio la curva de su caligrafía y sigo, como un mastín, el ritmo de sus trazos. Después, el cabo de madera que sostiene la pluma. De inmediato su mano, su mano sosteniendo ese cabo de madera. Subo, entonces, por su mano, Annie, persiguiendo la tersura enloquecedora de su brazo, esa carne firme aún, la piel blanca y levemente trémula. Imagino entonces, Annie, que deposito mis labios sobre esa piel y la recorro, brazo arriba, hasta el hombro y, allí, no me detiene el bretel angosto de su vestido sastre, no.
    Mi boca se entreabre, ávida, húmeda, y va dejando una estela acuosa sobre su hombro desnudo, trepa luego por su cuello tibio, mi rostro se sumerje bajo su cabellera y muerde su nuca estremecida. Usted ya no puede escribir más, Annie. Su cuerpo palpita bajo mis manos curiosas. Mi boca oferente resbala por la curvatura de su clavícula y mis dedos audaces oprimen los senos formidables. Su letra se ha hecho ilegible y despareja, Annie, del mismo modo que su respiración se torna angustiosa y entrecortada. Se le hace difícil escribirle a un hombre que está, ahora, Annie, encaramado sobre el respaldar de su silla, sujetándola por los pechos, hurgando con los dedos bajo su sostén, mordiéndole frenéticamente una oreja, Annie.
    Discúlpeme si mi imaginación se hace algo procaz y arrebatadora, Annie, pero es una condición, la imaginería, particular de los pueblos tercermundistas. Ahora, le he pasado mis dos fornidas piernas por detrás, apresándola por la cintura, y he quedado casi colgado, aferrado como un molusco a sus senos incomparables. No puedo seguir escribiendo, Annie. Me he desatado completamente y siento como si fuera algo inútil e hipócrita continuar sojuzgando mi exaltación, mi pasión por usted, mi legítimo reclamo de argentina virilidad.
    Lamberto.

Brisbane, 6 de febrero de 1988     Señor Lamberto Margulis:     Por una jugarreta del destino, llegó a mis manos una carta que mi prometida Annie Finnegan le enviaba a usted. Sin duda, la costumbre, la vieja costumbre alimentada durante doce años, de escribirme, ha llevado a Annie a colocar en el sobre que me destinaba, la carta que le correspondía a usted, señor Margulis. No me extrañaría que recibiese usted, en cambio, un sobre a su nombre, pero con un contenido destinado a mi persona.
    De todos modos, me he visto conmovido por varios factores, principalmente por el total descontrol, el lamentable vocabulario que Annie emplea en esa carta maldita que a usted le escribe, plagada de sucias invocaciones, puercas reflexiones sobre sus atributos masculinos y promesas de todo tipo de bajezas que ella podría intentar de tener en sus manos ciertos apéndices sobresalientes de su físico sudamericano. Jamás, en los doce años de relación, imaginé que la señorita Finnegan, si es que puedo llamarla aún "señorita", pudiese diseminar tamaña cantidad de inmundicias en un texto. Pero, aparte del enojo que me provoca el párrafo que a mí me toca ("australiano bruto e impotente sólo apto para la polución nocturna") que ofende mi condición de profesor de letras de la facultad de Melbourne, no puedo comprender la predilección de una inglesa por alguien que, como usted, es nacido en tierras dejadas de la mano de Dios y de su Majestad, la Reina. Sólo puedo comprenderlo bajo el cariz de una curiosidad animal, o de una perversión rayana en la entomología o la zoofilia. De cualquier forma, lo que más ha herido mi sensibilidad y honorabilidad es la noticia, suministrada por la misma Annie, de que se halla embarazada. Ultrajado en lo más profundo de mi dignidad, no me cabe otro camino que citarlo a usted en el campo de honor, donde las armas lavarán esta incalificable afrenta.
    Dentro de tres años, cuando finalize mi tesis en la Universidad de Melbourne, tengo dispuesto viajar a Puerto Príncipe, aceptando una invitación que gentilmente me hiciera, años atrás, Papá Duvalier, para dar una charla a sus Tonton Macoutes. Si bien, hasta el día de ayer, estaba dudando aceptar dicha oferta, hoy he dispuesto aceptarla, ya que, estando en Haití, península tan cercana a su tierra, señor Margulis, fácil será encontrarnos y dirimir lo nuestro mediante el viril, noble y tradicional reto duelístico.
    Edwin Littlehales.


Rosario, 3 de marzo de 1988     Señor Littlehales:     No soy de los que tiran la piedra y esconden la mano. Si fui más allá de lo tolerable con la señorita Finnegan, lo hice mobilizado por el impulso macho que nos caracteriza a todos los argentinos. Seremos tercermundistas y poco desarrollados, pero hay partes de nuestros cuerpos donde el desarrollo se nos da con generosidad asombrosa. Y no le escapamos el bulto al compromiso frente a una mujer, mi querido profesor. Tampoco voy a dar demasiadas explicaciones a un hombre que, si bien se ufana de su condición de profesor de lenguas, no vacila en leer una correspondencia que no le pertenece y fisgonea en ella como un miserable y despreciable ladrón de ideas y sentimientos.
    ¡Arrojé mi semilla y hallé tierra fértil, eso es todo! La señorita Annie es ya una persona grande, dueña de sus actos y sabe dónde le aprieta el zapato. No dudo que nuestro hijo llevará, el día de mañana, un nombre con resonancia española, mal que le pese, mi estimado profesor de lenguas.
    Puede ser que no llegue a verlo porque, quizás, me toque en suerte caer en el campo de honor, ya que estoy decidido a aceptar su reto. ¡No será un pirata ensoberbecido quien arredre a un caballero criollo! Es más, le dejo la prioridad de elegir armas ya que, de ser por mí, optaría, sin duda alguna, por la vulgar alpargata, con la que ya corrimos en un par de oportunidades, tiempo atrás, a muchos que, como usted, pretendieron invadirnos bajo la inepcia de otro impotente, el australiano Beresford. Y, para demostrarle que no soy lerdo en estos trances, ya he designado mis padrinos. Uno es el ecuatoriano Elpidio Fuentes Sepúlveda, de calle 8 entre 14 y 87, Guayaquil, con quien sostengo un contacto epistolar desde hace tres años y quien no sólo le exigirá condiciones vía postal, si no que le propondrá, también, intercambio de sellos postales. El otro es Bayhan el Qalb, de Adén, quien todavía no me ha contestado, pero que aceptará, sin duda alguna, mi designación, con ese desprendimiento que exalta al pueblo yemenita.
    No es mucho más lo que puedo agregar a estas líneas, mi estimado señor. Esperaré a pie firme sus respuestas y no será Haití mal lugar para el encuentro. En tanto, sólo me resta despedirme, parafraseando a un criollo cuyo apellido, Yupanqui, es de difícil traducción a una lengua tan carenciada y precaria como la inglesa:

Yo me voy con mi destino
pal lau donde el sol se pierde,
tal vez alguno se acuerde
que aquí cantó un argentino.
    L.M.

viernes, 26 de noviembre de 2010

jueves, 25 de noviembre de 2010

la violencia de genero no tiene genero.

Siempre que se ven imagenes de violencia de genero, el estereotipo (y con justicia) es hombre golpea mujer. Pero hay una violencia terrible, mas invisible aun, de mujeres sobre mujeres. Mujeres verdugas de mujeres, mujeres torturadoras de mujeres, mujeres entregadoras, mujeres ninguneadoras.
Mucho mal nos han hecho las mujeres a las mujeres, tambien. Por eso, yo le agrego a este poster, otra consigna.
NO TE ATREVAS A TOCARLA, HIJA DE PUTA.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

no se debe llamar a engaño.

El post anterior y algunas cosas que digo pueden llamar a que alguien piense que soy una estudiosa de orientalidades. Nada mas lejos de mi. Lo mas lejos que lleguè en mi chinoisse es a comer empanadas de la feria de los sabados hechas por tres generaciones de japoneses. Cuando estaba el verdadero japones eran bocado de cardenal, ahora son un triste remedo de eso. Tambien tuve un compañero hijo de japoneses y llevo la ropa a la tintoreria.
Me interesa la idea de lo oriental por configurar "lo otro", lo exotico, tal como los zombies o las sirenas o los vampiros. Algo ajeno y sin embargo humano. Buceando como una sirena en el youtube di con esta mina que a todas luces lleva su chinoissiere hasta extremos bizarros, y supongo que debia tener unos buenos mangos para comprar cosas chinas:El Sucesos Argentinos es de la decada del 50 y un detalle es que la mina dice llamarse Maya Devi ¡como la esposa de Buda!!!!, nada menos. Yo hare bromas con el zen y el satori, pero sepan amigos que no paso del arrolladito primavera. Y para que sonrian, un video que no fue hecho para ser bizarren pero lo es,

Momotaro. Cosas que se encuentran en el agua dos.

En vez de abrevar en fabulas criollas yo busco el satori leyendo chinoises. Sabia de un cuento tradicional japones. Lo lei tantas veces para ver si me volvia zen y el cuento, como una delicada orquidea, ofrecia su sentido a mi mente conurbana. Les cuento el cuento y les pido, gentiles lectores, que oren para que me deje de pensar en que las chinoises me daran claridad.
Para uds. Momotaro


En el tiempo de antes,  vivian una pareja de viejos, leñadores de la montaña, sin hijos. Un dia de sol radiante y cielos azules, el hombre viejo fue a buscar leña mientras la mujer vieja iba a lavar a un arroyo transparente y angosto que corria entre las colinas. Y sobre el agua vieron un durazno enorme.
La vieja le pide al viejo que abra el durazno y ante la sorpresa de ambos adentro habia un niño. Si señores, adentro de un durazno un pibe. Lo llamaron Momotaro,porque estaba adentro de un momo, un durazno y era  hermoso como la luz. El pibe crece, sano y feliz en la casa de los viejos, pasa el tiempo y cada vez crecia mas y mas y superaba en fuerza y musculo a los otros pibes del pueblo.
Como en toda sociedad que se precie habia enemigos y terror a los enemigos.

-¿Quien nos salvara de los Demonios y de los Genios y de los terribles Monstruos!

-Yo sere quien los venza, dijo Momotaro-. Yo ire a la isla de los Genios y los vencere.

Y asi fue, que en el pueblo, confiando en la fuerza de Momotaro, le dieron una armadura y con
un estandarte enarbolado alla fue Momotaro, llevando comida para mantenerse fuerte a la isla de los genios.

En el camino encuentra un perro que habla y que le pide ir con él a cambio de comida, prometiendo ayudarlo. Y a un mono, y a un Faisan. La isla de los demonios quedaba lejos, el mar estaba loco y Momotaro y sus ayudantes siguen la marcha, valientes.
Llegan a la fortaleza y se disponen a vencer a los guardias, el Faisan con su pico, el Perro con los dientes, el Mono con las uñas y Momotaro. Todos luchan con crudeza, y vencen a los genios y a los demonios

¡Nos rendimos! ¡Nos rendimos! Sabemos que hemos sido muy malos, nunca mas volveremos a serlo. Les devolveremos el tesoro y todas las riquezas.

Sobre una carreta cargan todo el tesoro y todo lo que habia en poder de los Genios. El Perro tira de ella, el Mono empuja por detras y el Faisan les indica el camino.

Y Momotaro, sentado encima,entra en su pueblo donde todos le aclamaban como vencedor, repartiendo el tesoro entre la gente del pueblo.


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Y cuál es la moraleja? Nunca jodas con un perro, un mono y un faisán que van con un niño que salió de un melocotón. Asi nunca jamas podré ser zen. El zen no es lo mio, el peronismo tampoco, nunca estuve en Disneylandia y no soy ni sere flaca.

lunes, 22 de noviembre de 2010

cosas que se encuentran en el agua. Sirenas y obreros del agua.


Río abajo voy llevando la jangada
río abajo por el Alto Paraná
es el peso de la sombra derrumbada
que buscando horizonte bajará.

Río abajo, río abajo, río abajo
a flor de agua voy sangrando mi canción
en el sueño de la vida y el trabajo
se me vuelve camalote el corazón.

Jangadero... jangadero
mi destino sobre el río es derivar
desde el fondo del obraje maderero
con el anhelo del agua que se va.

Padre río, tus escamas de oro vivo
son el sueño que nos lleva más allá
vamos tras el horizonte fugitivo
y la sangre con el agua se nos va.

Banda a banda, sol y luna, cielo y agua
espejismo que no acaba de pasar
piel de barro, fabulosa lampalagua
me devora la pasión de navegar.


aliberti galeano y el subcomandante marcos. En contra de ingrid betancur que no me gusta.

Lei una entrevista que Aliberti le hace a Galeano. Los dos sobrevivientes de un cancer. Y hoy doy con una carta del subcomandante Marcos a Galeano. Estos hombres que hablan, fascinando. En la tele, ahorita mismo esta Ingrid Betancourt que no me gusta y no se muy bien porque será porque esta hablando con Mirta Legrand y no le puedo creer no se porque. Se que debería, se que es una victima, se que. Se que no me gusta.
La copio acá sabiendo que no es para acá, por la arbitrariedad que las sirenas tienen.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional
México

2 de mayo de 1995
A: Eduardo Galeano.
Montevideo, Uruguay.
De: Subcomandante Insurgente Marcos
Montañas del Sureste Mexicano. Chiapas, México.
Señor Galeano:
Le escribo porque... porque me dieron ganas de escribirle. Porque ya pasó el día del niño acá en México y se me ocurre que a usted le puedo platicar lo que acá pasa, en un día del niño, en medio de una guerra sorda. Le escribo porque no tengo ninguna razón para hacerlo y, entonces, puedo así contarle lo que pasa o lo que me viene a la cabeza, sin la preocupación de que no se me vaya a olvidar el motivo de la carta. Porque sí, pues.
También porque perdí el libro que me regaló y porque ese ratón cambista que suele ser el destino (?) ha repuesto el libro perdido con otro libro. Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte de su libro "Las palabras Andantes".
Porque dice así:
"¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?".
Ventana sobre la palabra (VIII), p.262.
Y entonces yo me he recostado para pensar y fumar. Es de madrugada y como almohada tengo un fusil (bueno, en realidad no es un fusil, es una carabina que fue de un policía hasta enero de 1994. Antes servía para matar indígenas, ahora sirve para que no los maten). Con las botas puestas y la pistola recostada a un lado, cerca de la mano, pienso y fumo. Afuera, alrededor de humo y pensamientos, mayo se engaña a sí mismo fingiendo que es junio y hay ahora una tormenta de lluvia, rayos y truenos que logró lo que parecía imposible: callar a los grillos.
Pero yo no estoy pensando en la lluvia, no estoy tratando de adivinar cuál de los relámpagos que está por rasguñar la tela de la noche será el de la muerte, ni siquiera me preocupa que el techito de nylon que cubre mi estancia es demasiado pequeño y se moja la orilla del camastro (¡Ah! Porque resulta que me hice una camita de ramas y horcones, amarrados con bejucos. Lo hice porque la uso de escritorio, bodega y, a veces, para dormir. En la hamaca no me acomodo o me acomodo demasiado, me quedo muy dormido y el sueño profundo es un lujo que, acá, se puede pagar muy caro. En la cama de varillas de palo se está lo suficientemente incómodo como para que el sueño sea apenas un pestañazo).
No, no me preocupan ni la noche, ni la lluvia, ni los truenos. Me preocupa eso de "¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?". El libro me lo mandó la Ana María, una indígena tzotzil que tiene el grado de mayor de infantería en nuestro ejército. Alguien se lo mandó a ella y ella me lo mandó a mí, sin saber que yo perdí un su libro de usted y este libro repone el libro perdido, que no es lo mismo pero tampoco es igual. El libro está lleno de dibujitos en tinta negra y yo creo que así deben ser los libros y las palabras: dibujitos que salen de la cabeza o la boca o las manos y que van y se ponen a bailar en el papel, cada que el libro se abre, y en el corazón cada que el libro se lee. El libro es el regalo más grande que el hombre se ha dado a sí mismo. Pero volvamos a su libro de usted que yo tengo ahora. Lo leí con un cabito de vela que cargaba en la mochila.
El último tramo de pabilo se fue con esa página 262 (¡capicúa!, ¿no? ¿una señal?). Y entonces me recordé la frase aquella de Perón que me mandó y luego mi torpe respuesta y, más después, el libro que me envió. Y aquí la pena de contarle que el libro lo dejé botado en la "graciosa huida" de febrero. Y entonces me llegan este libro y las letras sobre el saber callar. Y yo ya llevo varias noches dándole vueltas al asunto, aun antes de que me llegara el libro. Y me pregunto si no llegó la hora de callar, si no será que ya se pasó el momento y ya no es el lugar, si no es la hora de morir la boca...
Y le escribo esto en una madrugada de mayo, pasado ya el 30 de abril de 1995, que es el día del niño acá en México. Nosotros los niños mexicanos celebramos ese día, las más de las veces, a pesar de los adultos. Por ejemplo, gracias al supremo gobierno, hoy muchos niños indígenas mexicanos celebran su día en la montaña, lejos de sus casa, en malas condiciones de higiene, sin fiesta y con la pobreza más grande: la de no tener un lugar donde recostar el hambre y la esperanza. El supremo gobierno dice que no ha expulsado a estos niños de sus hogares, sólo ha metido a miles de soldados en sus terrenos. Con los soldados llegaron el trago, la prostitución, el robo, las torturas, los hostigamientos. Dice el supremo gobierno que los soldados vienen a "defender la soberanía nacional". Los soldados del gobierno "defiende" a México de los mexicanos. Estos niños no han sido expulsados, dice el gobierno, y no tienen por qué sentirse espantados de tantos tanques de guerra, cañones, helicópteros, aviones y miles de soldados. Tampoco tienen por qué asustarse, aunque esos soldados traigan órdenes de detener y matar a los papás de estos niños. No, estos niños no han sido expulsados de sus casa. Comparten el piso irregular de la montaña por el gusto de estar cerca de sus raíces, comparten la sarna y la desnutrición por el simple placer de rascarse y por lucir una figura esbelta.
Los hijos de los dueños del gobierno pasan su día en fiestas y regalos.
Los hijos de los zapatistas, dueños de nada como no sea su dignidad, pasan su día jugando a que son soldados que recuperan las tierras que les quitó el gobierno, juegan a que siembran la milpa, a que van por leña, a que se enferman y nadie los cura, a que tienen hambre y, en lugar de comida, se llenan la boca de canciones. Por ejemplo, esa canción, que les gusta cantar en la noche, cuando más cerradas son la lluvia y la niebla, y que dice, más o menos así:
"Ya se mira el horizonte,
combatiente zapatista,
el camino marcará
a los que vienen atrás"
Y, por ejemplo, en el horizonte aparece, marcando el paso, el Heriberto. Y atrás del Heriberto, por ejemplo, va el hijito del Oscar que lo llaman Osmar. Y van, los dos, armados de sus dos varitas que pasaron a llevar de un acahual cercano ("No son varitas", dice el Heriberto y asegura que se trata de poderosas armas que son capaces de destruir un nido de hormigas arrieras que está cerca del arroyo y que le picaron al Heriberto y hubo de tomar represalias). Avanzan el Heriberto y el Osmar en columna. Y por el frente opuesto avanza la Eva, armada de un palo que tiene la ventaja de convertirse en muñeca cuando el ambiente es menos bélico. Y detrás de la Eva viene la Chelita, que levanta sus casi dos años apenas unos centímetros del suelo y que tiene unos ojos de venado lampareado que ya desvelarán, alguna noche, al tal Heriberto o al que se deje herir por destello tan moreno. Y atrás de la Chelita va un chuchito (perrito) que de puro flaco parece una marimba diminuta.
Y a mí todo esto me lo están contando, pero como si lo estuviera viendo al Wellington frente a Napoleón en esa película que se llamó "Waterloo" y, creo, salía el Orson Wells y al Napoleón lo derrotaban por culpa de un dolor de panza. Pero aquí no hay Orson que valga, ni flanqueos de infantería, ni apoyo de artillería, ni defensa en cuadro contra las cargas de los de a caballo, porque tanto el Heriberto como la Eva han decidido optar por el ataque frontal y sin escaramuzas ni tanteos previos. Yo estoy a punto de opinar que eso parece batalla de sexos, pero ya se está lanzando el Heriberto sobre la Chelita, evitando la carga directa de la Eva que se ve, de pronto, frente a un Osmar que no la espera cara a cara,, ni de pie sino que está de lado y en cuclillas porque ahí no más le dieron ganas de cagar y la Eva proclama que el Osmar se cagó de miedo y el Osmar no dice nada porque ahora quiere montar el chuchito se le acercó a oler, y en el entretanto la Chelita se puso a llorar cuando vio venir al Heriberto y el Heriberto ahora no sabe qué hacer para que se calle la Chelita y le ofrece una piedrita de regalo ("Acaso es piedrita", dice el Heriberto que asegura que se trata de oro puro) y la Chelita nada que para su chilladera y yo estoy pensando que hasta que le dieron una sopa de su propio chocolate al Heriberto cuando llega la Eva, en maniobra que llaman de "voltear la posición enemiga", y le cae el Heriberto por la espalda (cuando Heriberto ya le está ofreciendo su arma antihormiga-arriera a la Chelita, la cual está considerando la oferta, entre chillido y chillido), y entonces, ¡pácatelas!, la muñeca-arma de la Eva llega en su cabeza del Heriberto y empieza la chilladera, (estereofónica, porque la Chelita se siente estimulada por los gritos del Heriberto y no se quiere quedar atrás), y hay sangre y ya viene la mamá de no sé quien, pero trae un cinturón en la mano y los dos ejércitos se desbandan y el campo de batalla queda desierto y en la enfermería declaran que el Heriberto tiene un chipote del tamaño de su nariz y que, como la Eva está intacta, ganaron la mujeres en esta batalla. El Heriberto se queja de arbitraje parcial y prepara el contra-ataque pero no será hasta mañana porque ahorita hay que comer los frijoles que no llenan ni el plato ni la panza...
Y así pasaron el día del niño, dicen, los niños de un poblado que se llama Guadalupe Tepeyac. En la montaña lo pasaron, porque en su pueblo hay varios miles de soldados defendiendo "la soberanía nacional". Y dice el Heriberto que, cuando sea grande, va a ser chofer de un camioncito y piloto de avión no quiere ser porque, dice, si se le poncha la llanta del carrito, ahí nomás te bajas y te vas caminando, en cambio si se le poncha la llanta al avión no hay para donde hacerse. Y yo me digo que cuando sea grande voy a ser uruguayo-argentino y escritor, en ese orden, y no crea usted que será fácil porque lo que es el mate, no lo puedo tragar.
Pero no era esto lo que yo quería contarle. Lo que yo quería era contarle un cuento para que usted lo cuente:
Me enseñó el Viejo Antonio que uno es tan grande como el enemigo que escoge para luchar, y que uno es tan pequeño como grande el miedo que se tenga. "Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño", me dijo el Viejo Antonio una tarde de mayo y lluvia, en esa hora en que reinan el tabaco y la palabra. El gobierno le teme al pueblo de México, por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes.
Cuéntelo usted en algún escrito. Ponga que se lo contó el Viejo Antonio. Todos hemos tenido, alguna vez, un Viejo Antonio. Pero si usted no lo tuvo, yo le presto el mío por esta vez. Cuente usted que los indígenas de sureste mexicano achican su miedo para hacerse grandes, y escogen enemigos descomunales para obligarse a crecer y ser mejores.
Esa es la idea, estoy seguro que usted encontrará mejores palabras para contarlo. Escoja usted una noche de lluvia, relámpagos y viento. Verá cómo el cuento sale así nomás, como un dibujito que se pone a bailar y a dar calor a los corazones que para eso son los bailes y los corazones.
Vale. Salud y un muñequito sonriente, como ésos con los que firma.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos
P.D. de advertencia policiaca. Es mi deber informarle que soy, para el supremo gobierno de México, un delincuente. Por lo tanto mi correspondencia puede ser implicatoria. Le ruego que se grabe usted el contenido de la presente, es decir, la encomienda que suplica, y destrúyala inmediatamente. Si el papel fuera de chicle, le recomendaría que lo comiera y, masticando, se pusiera a hacer esas bombitas de chicle que tanto escandalizan a las buenas conciencias, y que demuestran la falta de urbanidad y educación de quien las hace. Aunque hay algunos que las hacen con la esperanza de que una de las bombitas sea lo suficientemente grande como para llevarlo a uno de esa ruta luminosa que, allá arriba, se alarga... como se alargan el dolor y la esperanza sobre el cielo de nuestra América.
P.D. improbable. Salude usted de mi parte, si lo ve, al tal Benedetti. Dígale usted, por favor, que sus letras, puestas por mi boca en el oído de una mujer, arrancaron alguna vez un suspiro como esos que echan a andar a la humanidad entera. Dígale también, que quién quita y lo de "Marcos" fue por "el cumpleaños de Juan Ángel".

domingo, 21 de noviembre de 2010

Cartas en tiempos de guerra, una poesia de Miguel Hernandez.

El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.


sábado, 20 de noviembre de 2010

los dos libros. O tres, quiza.

Tengo en la gráfica el libro del blog. Ud.que lee esto esta invitado a la presentación. Seguro que va a haber cerveza gratis y no tiene que comprar el libro. Yo quiero que el pibe peronista y tal vez pablo libre si puede y tal vez jonatan genocida me lean alguna cronica. Y que mi maestra de danza dance algo, un poema. Y que me presente Malena con Emma en la panza. Que no se cuando será, pero que será será.

La tapa del libro es muy linda, me la hizo Mario Rivas.

Pero tengo otro libro que es Kandor, una novela que escribí basicamente el año pasado y que no puedo terminar,porque me faltan algunos capitulos y sobre todo el final. Y del sirenas tengo las historias del rengo y la sirena que bien pueden ser algun dia una novelita de corin tellado
.
Kandor, mi novela, es bastante buena, digo yo, para conformarme. Cada tanto la vuelvo a leer para ver si se me ocurre algo. Y no, pero si algo me da gusto en la vida es la idea de que soy una escritora y que tengo una novela. Me la recorde esta mañana porque en ella abuso de la metafora de Lorca, que me la presta, de las trescientas rosas morenas del post anterior. Y por supuesto es un homenaje al aleph, como no.
Como el seso me ha abandonado apelo a la baja práctica de poner a su consideracion algo que seguro puse alguna vez en el nosoyloquedeberia, mi otro blog.... un cacho de Kandor. Diganme si no es un acto de fe creer que alguien se puede poner a leer un pedazo descolgado de una novela de una escritora inédita, y ademas muy largo.

Capitulo 18 Capitulo  David y la botella de gente

David venía de una estirpe de magos. Pero mas allá del negocio familiar, él creia en la Magia.
Sabia que había trucos, y era un especialista en eso. Cuantos mas trucos sabía, mas sabía que había un Gran Truco que siempre le estaba negado.
A los ventinco ya era amigo de Huang. La diferencia entre la Magia y la magia, era la misma diferencia entre su chinoise y la chinoise de Huang. Huang era un chino en serio, él un impostor.

El nombre de Fu, con el que se hizo famoso, lo había sacado de las novelas baratas de Sax Rohmer, de  un malo malisimo, un chino que odia lo occidental en general  y a la raza blanca en particular ,y que es sistemáticamente vencido por un investigador ingles; Sir Denis Nayland Smith  y al Dr. Petrie, unos Sherlock Holmes y Watson, en  tradición clásica del policial ingles.


Una mañana de 1928 David que entonces no era Fu, sino  Siko -tenia venticinco años- recibe de sus padres consejos, dos pasajes de barco, para llevar a su amigo con él, un arcón con  trucos de magia para poder ejercer el oficio, ropa de escenario, ropa de vestir, fotos para no olvidar a la familia, diarios con fotos que daban cuenta de la gloria de la familia, direcciones de amigos a los que acudir en tiempos de zozobra, más libras de las que creía que podria gastar en una vida 
Y tambien recibe a Kandor, por que él seria el nuevo dueño del mundo embotellado que el padre había recibido en un confuso episodio en el zoco de Estambul, regateando por la compra de una pieza  robada en Egipto por violadores de tumbas. Nunca Fu entendió muy bien porque la acepto, cuando preguntaba su padre solo le decia que aquella tienda tenia  muselinas rojas, olorosa a especias, y una trastienda de donde llegaba una fuerte pelea de tipos que jugaban alguna suerte de juego de naipes, lo cual, por supuesto, no aclaraba nada

Kandor venia sin instrucciones, como una joya, era  grande como una damajuana y era, (es) una campana de cristal con una ciudad en miniatura. adentro. No sirve para nada.

El dia que se la dieron, (no habia asomado el siglo XX) el padre de Fu ve en Kandor un lugar que no conoce,  ve a Buenos Aires, y aguzando la mirada logra ver arriba de una mesa la foto de un hombre con cara de desahuciado (nadie podria haberse imaginado en esa foto que era un importante empresario), y atrás como telon de fondo, un arma larga.

La primera vez que David, el hijo de Okito, que todavía no se llamaba Fu, tuvo en sus manos a Kandor vio  tambien a la Argentina, que quedaba abajo de todo el mundo,  el campo, la llanura inmensa, los rios, la cordillera, las extensiones vacias de la Patagonia, vio con claro detalle una ciudad de altos edificios grises, de suburbios bordados con arboles llamados paraísos, tilos, platanos. Vio en Kandor el año de mil novecientos setenta y cuatro, y gendarmes y policias y soldados, gente armadas, gritos, sangre en heridas de bala, , e imprentas ilegales. Vio fabricas con obreros de paro, vio escuelas y miedo, vio delación y lealtad, el mar,los ingenios tucumanos, chicos pintando carteles en la universidad. Se vio a si mismo en esa tierra muriendo en su cama, vio un chico adentro de un ropero atrás de un colchon y se había visto a si mismo muerto y al muchacho chino que recien había conocido, con esa cara de hambre y exilio llorando su muerte, llorando por un antiguo rencor donde el  juego se entretejia con polleras y alcohol y había visto que  ambos iban a morir, él en su cama y poco después al chino que iba a viajar con él muy viejo, morir en la calle con un  kimono blanco en el lejanisimo de 1974, en un  país exotico,mucho mas raro que aquellos que había visto en su primer arribo al sueño inmóvil del opio.

¿Que si yo vi  Kandor? Si, lo vi una vez, y yo se lo cuento a Ud. y no se si es verdad o es mentira. Yo buscaba allí mi destino,pero no lo encontre. Antes que Norma se deshiciera de él, una vez me lo mostro y yo vivi para contarselo a Ud..  No era tan chico como la esfera que Carlos Argentino Daneri tenia tirada en un sotano de Adrogue. Era grande como una campana para guardar sanguches. Temia ver mi muerte, y lo mire creyendo que iba a encontrar esa version bizarra del Boulevard Artigas,pero no estaba allí y lo que había adentro se movia imperceptiblemente, cambiando con combinacion de caleidoscopio

¿Que vi? Vi el inconcebible universo.

Vi el mar, el día desde que amanece hasta que la luna aparece, vi gente pidiendo pan en America, vi Egipto, la casa de Fu en Londres, vi gente mirandose en el espejo, vi muchas superficies plateadas donde las miradas se encontraban, vi secretos, vi la casa de Borges a la salida de la galeria del Este, vi mosaicos de granito, vi una empresa que contaminaba el rio desde Fray Bentos, vi ramos de flores, y tiempo lluvioso , y cigarrillos y piedras con vetas, vi el agua haciendose nube, vi el desierto del Sahara, vi a la mujer por la que Fu y Huang se enemistaron, vi la muerte de Nilda, vi el lugar donde Lavalle hizo que mataran a Dorrego, vi el libro con el que aprendi a leer, vi el Lo se Todo, con el cual aprendi sobre la mitologia de los nordicos y las fuentes de Italia, vi un poniente en la costanera sur, vi un lugar en Santorini que espero, inutilmente, mi visita, , vi me vi acunando a mis hijos, vi  un caballo corriendo raudo por una Patagonia sin tranqueras, vi a uno de mis abuelos (no se a cual) viniendo en barco desde Europa, vi una osamenta al sol, a los sobrevivientes de un naufragio , vi un jazmin creciendo, vi en una vidriera de Mar del Plata un costurero hecho con caracoles, y vi gatos, destapadores, serpientes, lunas llenas y guerrilleros. Vi la maquina de coser singer de mi madre, vi en un cajon de escritorio cartas de amor que alguien me había escrito y que nunca llegue a leer (y la letra me hizo temblar), y vi el día aciago cuando  Huang, el ñato Oribe y Alfredo se encontraron en la vereda de la galeria, al lado del teatro Opera, el que tiene el interior del techo simulando un cielo estrellado de la calle Corrientes.
Vi el pulso de la vida, y vi ese pulso inercial acabarse.

David era tan jóven que creyo que bastaba con no poner nunca sus pies en el país de los edificios grises y el cielo azul con edificios mas altos que podian existir. David había estado sin saberlo con quien le podria haber dado la respuesta a su equivoca decisión.  En sus primeros días en un fumadero de Opio, en el jergón de al lado dormia el sueño del opio Jean Cocteau.Pero no pudo saber de su texto que después recogeria nuestro Borges, en su cambalache de pulperías y  nombres arabes impronunciables.
Usted tampoco lo conoce? Muy bien, escuche lo que no supo David,Okito o Fu. Por ahí es una enseñanza que le puede servir en algun momento de la Vida

Un joven jardinero persa dice a su príncipe: -¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan. El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta: -Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza? -No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.
.

Como David no había leido a Jean Cocteau y Borges todavía no la había publicado, no pudo aprender esta leccion, Y así fue como el falso chino David y su asistente Huang se fueron desde Inglaterra a España y a Africa y pararon en Mexico y hicieron el Bazar de Magia, un gran espectáculo con actores, acróbatas y magos. Un espectáculo como aquel en el que Alfredo había soñado en su sueño de ser el Payaso Cucharita.

Si Alfredo hubiera visto el “Bazar de Magia”, el espectáculo de Fu, se hubiera caido de culo, puesto que su charla con la vendedora del bazar de magia de la galeria de la calle corrientes parecía una parodia pobre de aquel espectáculo.

Entre Fu y Huang hubo una hermandad que podria haber terminado como La Intrusa, pero finalizo con dos hombres que no volvieron a hablarse y que se extrañaron (con toda la fuerza que la palabra extrañar conlleva hasta el año en que ambos murieron,con una diferencia de pocos meses. Fu murió en su cama el 19 de agosto y Huang termino con un montón de tiros en el cuerpo, y cuando en el hospital lo desvistieron para hacerle la toilette, debajo de su ropa de viejo, su camisa blanca, su pantalón de sarga, su saquito lustroso, las enfermeras encontraron un hermoso kimono de seda de gusano, con trescientas rosas morenas, con  flores rojas, flores dibujadas con el ritmo de la sangre que había salido de su cuerpo. 

Siko invito a Huang al viaje que termino en Buenos Aires ,basicamente porque lo queria pero dijo que necesitaba alguien que lo ayude, que lo acompañe y quien mejor que aquel que iba a morir en la misma ciudad  y en el mismo año pero tantos años después que no valia hacerse problema. Ademas Kandor era un chisme de derviches. Posiblemente mintiera.   Posiblemente ese mundo no fuera mas que una película cinematografo que referia con detalle de orfebre sucesos que jamas pasarian
En todo caso penso Siko (a pesar de las advertencias de su padre, hechas con miradas y no con palabras)  Kandor podria servir para algun truco de magia. Ya veria.

Huang ni siquiera podía pronunciar decentemente la palabra Buenos Aires, pero aceptó porque le gustaba tener un amigo, y ademas su madre estaba perdida en el letargo del opio, cada día más vela que se apagaba. Juntó las tres mudas que tenia y ninguna libra.
Siko tenia para los dos, y un viaje sonaba un poco a gloria. Penso que podria descansar allí, viajando.
Entonces zarparon. David-Siko-Fu llevando sus diez valijas de equipaje, Fu, con un bolson marinero regalado y en la otra mano, una caja embalada con Kandor.

Vinieron a Buenos Aires en un barco de la Cunnard Line, cuyo nombre habían olvidado y tal como lo habían visto en Kandor murieron allí en 1984, con un par de meses de diferencia mientras afuera todas las noches se oian secas balas en paredones.

jueves, 18 de noviembre de 2010

La noche se puso intima como una pequeña plaza.

La primera vez que entre en la Roberto Arlt, una plaza rara para cuando se hizo Y otra, que no era precisamente una plaza, pero era una calle intima: el pasaje Seaver, ahora alli esta la continuacion de la nueve de Julio cuando derrapa en el bajo. Ahi estaba con su pequeño burlesque, sus escaleras al final que te hacian creer en Paris. Y bueno, Lorca escribio este verso, en un poema que tiene versos inolvidables. Y no exagero: lo aprendi en primer año, para un "equipo" de Geografia, nos habia tocado España, fuimos a buscar afiches a la Embajada (use ese cacho de vida para mi novela Kandor) y recitamos este Romance Sonambulo. Eso de trescientas rosas morenas: cualquiera que haya sangrado sabe que cada pequeña sangre arma una rosa y si el sangrado sigue rosa sobre rosa sobre rosa.
Como el maestro de Ciruela, voy a marcar lo que me gusta, para eso tengo un blog, para boludear tranquila si total nadie me esponsorea  y cualquier cosa que haga es igual de arbitraria.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

              *
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

              *
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.

Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
              *
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

              *
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.

¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
              *
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

2 de agosto de 1924

miércoles, 17 de noviembre de 2010

señalador

el libro tiene adentro
un señalador
un parrafo subrayado
tu firma de entonces
(eras menos sofisticada, se ve a la legua)
una fecha que no te dice nada
de un año sin sucesos
un numero de telefono que carece del cuatro adelante
la marca  marron que delata que alli hubo de estar pegada
una etiqueta de libreria
(como si el libro fuera de ellos y no tuyo)
seguro que era dorada
y que decia algo asi como
Sidartha, libros y textos.
El señalador indica que algo se detuvo
en esa precisa pagina.
Elegis un parrafo al azar
de esa hoja
el libro no es una biblia pero siempre te vienen bien las mancias
y confias en que si Dios existiera, eventualmente,
ese preciso parrafo
te explicará como salir del laberinto
por arriba.
Pero Dios no existe y alli solo habla una familia aislada en un hotel cercado por la nieve con un loco que rie que ahora y para siempre tendra la cara del guazon

REDRUM. Esa es la palabra que Danny había visto en el espejo. Y aunque no sabía leer, entendio que era un mensaje de horror. Danny tenía cinco años. Y a esa edad pocos niños saben que los espejos invierten las imágenes y menos aún saben diferenciar entre realidad y fantasía. Pero Danny tenía pruebas de que sus fantasías relacionadas con el resplandor del espejo acabarían cumpliéndose: REDRUM... MURDER, asesinato.

martes, 16 de noviembre de 2010

soplando entre ladrillos con una bic.

Entre los ladrillos de la pared, el revoque se cayò.Pasa la vida y yo hago trucos para ver salir de allì arañas. El arte consiste en vaciar una bic y soplar. Cualquier pajita sirve, a falta de una lapicera.Las arañas piensan que viene un tornado y dejan su hogar para ver que pasa.Y no pasa nada. Con los animales se puede uno entretener   y pensar en la vida. Por ej. tirarse en las baldosas y mirar la imbecilidad de las hormigas, una tras otra, llevando mordidas hojas verdes de algun arbusto.Pienso en esos arbustos que la gente podaba (antes) dandole formas caprichosas y pelotudas. Ligustrinas, (libustrinas) Encolumnadas como africanos que cargan bultos de actores de cines que hacen de exploradores,las hormigas pasan y hacen caravanas en el desierto de las baldosas amarillas  y rojas. Y van. Luego alguien  (alguna Diosa sangrienta, como mi abuela) agarrará una pava de agua hirviendo y viene la muerte. O no. persisten en su hormiguitud, como yo en mi vida.Es verano, claro. Todo es posible en las larguisimas siestas del verano. Que nadie ose contradecirme.
Otro animal inmensamente interesante es la mosca. Hasta es posible pensar en adiestramiento de moscas, quiza dandoles el premio de un poquito de leche azucarada.Soy una pusilanime y ni siquiera lo intento. Cuantas veces pensè en que algo bueno podria conseguir con esfuerzo y los proyectos  solo se enuncian y alli quedan, las ganas, viajar en barco quiza o en globo, mucho mejor, como Tom Sawyer y estar en el extranjero especificamente arriba del desierto del Sahara y ver el oro abajo, no seria tan dificil, subir a un globo y tirar las canastas con peso y subir e ir al Africa.
Ademas, volviendo a los animales, lamento ahora, en este instante, que nunca pude ver un circo de pulgas. Se que existen. Los domadores de pulgas usan sombrero hongo y un traje de solapas brillosas, por ahi un traje serio pero de un color inadecuado. Verde. Nunca vi un circo de pulgas pero no me queda ninguna duda de que existen, de que con disciplina, hay domadores que lograron que las pulgas hicieran cabriolas. Azorada me hubiese maravillado ver una pulga arriba de otra, como si fueran hombres musculosos, mirando a camara,  en Coney Islando o algun otro lugar de  prodigios. Yo alquilaria el numero proveyendo a los interesados de grandes lupas. Por ahi ese truco me haria millonaria, y entonces ni siquiera tendria que huir en un globo, sino me podria comprar uno: le pondria un nombre muy argentino: Los globos saben tener nombre de vientos, Pampero, Zonda. Yo le  pondria algo asi, es cuestion de pensar. Es que el nombre es  muy importante para cualquier cosa. A mi me arruinaron poniendome Nilda. Con otro nombre hubiera llegado lejos.
El fondo de la casa esta lleno de interesantes aprendizajes,  es que la vida esplende, si uno tiene ojos para ver antes que te quedes ciego a toda la maravilla que se derrama obscena ante vos.


(le busque a este texto una cancion, no tengo imaginación entonces,claro una version hermosa de naranjo en flor)

sábado, 13 de noviembre de 2010

das narrenschiff.

Oxidadas por la sal marina, que no respeta fierro ninguno, las poltronas gritan  a quien las observe que deberían haberse renovado hace una decada. Lona verde y naranja, a rayas horizontales, en una trama que en algun momento fue clásica pero que ahora está desvaida.  Las lonas quemadas por el sol, no obstante, resistian el peso de estas mujeres.
Cuando el Rio de la Plata se mixtura con el mar, lo marròn persiste un rato largo. El agua carga sangrìa del Paraná, lleva moleculas de tanta miseria y verdor y tanta tierra roja que no entrega asi nomàs su escencia a la anodina y persistente agua marina.
El mar, desde aca parece, mas que agua, un enorme cobija turquesa que dos invisibles deidades sacuden como si fuera tomada por orillos que no llegamos a apreciar.
Las mujeres recostadas semejan enfermas graves o hombres capturados por la modorra despues de una comida copiosa. Estan entregadas.
Un mozo,  viejo, con callos plantales que lo hacen caminar como un contrahecho, calzado con zapatos de cuero lustrados en exceso, con cordones, atraviesaa cubierta repartiendo sundaes recubiertos de sirope naranja y azul .Al derretirse se forma un reguero de  baba gomosa sobre la popa. El mar, que es limpio, salpica y la injuria se lava
Ellas permanecen con  los ojos cerrados, envueltas en batas, todas iguales, un poco amarillentas, que supieron de mejores tiempos. Las batas son o fueron de Colmegna, la vieja casa de baños turcos, un bordado da testimonio.
Este ramillete de mujeres  estan hermanadas por la mirada perdida y el estigma del desaliento, que les refulge como si fuera una cruz de fuego en la frente..
Al terminar el sundae, se empiezan mover, como si todas ellas estuvieran en una sala de espera de medico y ya pasó demasiado rato y nadie sale a dar explicaciones.
Coloradas por el sol de noviembre, y despeinadas por los vientos que asolaban la planchada, no es necesario una mirada atenta para advertir que ninguna es hermosa, sino todo lo contrario y algunas, como yo, tienen poco pelo.Y como lo tienen largo, parece aun menos pelo.Unas cabelleras lamentables.

Dos hora ha que zarparon de la costa de  Quilmes.El preambulo fue la subida a un pequeñisimo lanchon donde permanecieron  paradas tal como se hace en un colectivo suburbano o en un ascensor atestado :digo, ignorandose unas a otras
Solo abordaron la nave cuando llegaron a la mitad del rio, donde las cartas nauticas indicaban la posibilidad. Me gustaria saber la eslora para explicarles bien.
Puedo decir que ninguna fue obligada. Mansas como corderos. Es que siempre hacemos eso, nos entregamos sin saber, yo hago eso, a mi me podria haber pasado).

Las recibio el mismo hombre del el sundae con sirope, pero con otro uniforme, asegurandose que no resbalaran en la escalerilla, que llegaran salvas a la planchada, a los deteriorados camarotes del unico subsuelo..Ellas no se dieron cuenta lo extraño del asunto, no sabian de rituales de barco, de capitanes, de que -necesariamente-tendrian que haber visto mas gente.

Ahora, mientras cuento esto, en este preciso momento una lo increpa, y le pregunta como se llama el barco. Insiste que es hora de develar el destino del premio de la Loteria Turistica, no quiere que se note pero está asustada.Yo conozco los signos: està asustada.  El sol la ha puesto como un camaròn, el pelo revuelto, la bata abierta que deja ver que abajo continúa (pese a las indicaciones en contrario) vestida con ropa de calle, para irse presta si fuera necesario (ese es el plan)
Inclusive abajo de la toalla en la que recostaba su cabeza segundos antes está su bolsito de mano.
El mozo de los cayos plantales intenta tranquilizarla. Le dice que la nave es Das Narrenschiff y que el viaje serà placentero.
Ella aprieta su bolso en la mano derecha, y por primera vez (es tarde) se da cuenta que en el mar (como en la vida) no hay por donde escapar.Yo, en cambio, intentaré dormir, mientras la nave va.


( alude a la nave de los locos. Foucault relata que tal embarcacion existio ¿es posible imaginarse una sociedad tan cruel que embarca lo monstruoso y lo deja a su suerte en la vastedad del mar? Stultifera navis, )

miércoles, 10 de noviembre de 2010

liquidacion y saldos. un retazo de los setenta, muy mio.

en enero, cuando estaba todo el mundo de vacaciones, me pase una larga tarde buscando un poema de mis catorce años. Lo encontre, lo postie y nadie (nadie) le dio pelota.Hoy con insomnio me levante a leerlo y le quiero dar una segunda oportunidad, porque este blog es de gente mas sensible que el otro (quiero decir exactamente que en este blog yo soy mas sensible que en el otro, eso.)
Lo copio por el gusto de volver a leerlo porque yo soy una incauta.

un pequeño poema de un libro comprado con vueltos en 1970, un autor olvidado o casi.

Ayer me encarajine en encontrarme con un poema que me acordaba vagamente de un libro de rock, crei que se trataba de "Agarrate", que me habia comprado con vueltos de mandados, cuando tenia 14 años. Edad en que las niñas hacian mandados. No como mis hijos, pero eso es otro post.
 Hasta le hinche por mail las pelotas a Fredy Berro, que es una especie de procer de los blogs de rock y que participa conmigo en Magicas Ruinas. Fredy fue a buscar Agarrate a su nutrida biblioteca y del poema niet.
Hoy volvi a la carga y encontre en la hoja de  Dos Potencias, una pagina web tambien de gente que tiene que ver con Magicas Ruinas (dios los cria y el diablo los rejunta) escaneadas todas las paginas del libro, que no era efectivamente Agarrate, sino "el libro de Almendra":dos potencias. El libro de Almendra copie la pagina del poema de Carlos Marcucci, un tipo que era muy conocido en ese entonces y que paso totalmente al olvido. Pero no totalmente por que yo me acordaba de este poema, tantos años despues, ese poema me seguia hablando.. O sea el olvido, como tal, no existe.Puta memoria del pasado.
Va poema de los setenta.
Soy un incauto.



He decidido al fin que soy incauto
Un gestor de ingenuidades
Un incapaz de todo
He descubierto que sigo francamente confundido
No sabia que Colon no estuvo en la Argentina
Nunca termine el Ulises
El de Joyce, se sobreentiende
Jamas comprendi porque Sartre es admirado
Ni porque es tan larga la Odisea
Me he dado cuenta al fin que soy idiota
Pero comienzo a presentir que debo ser sano
Vigoroso
Hasta diria omnipotente
Porque con tantas veces que confie en los amigos con amnesia
Con tanto sueño que preste para que otro duerma su destino
Con tanto amor regalado con un sello diciendo “muestra gratis, su venta esta penada”
Y lo vendieron
Con tantas palabras que dije sin esperar respuesta
Con tanto gesto realizado o propuesto sin otra contestación que mi reflejo
Aún estoy contento
Me rio de mi mismo
Me siento candidato a primavera
Y fijense que asunto delicado, que cosa para locos
No les conte las veces que me han jodido en esta hermosa vida
Por que esto es un poema.
                     Carlos Marcucci (libro de Almendra/ 1970)