SIRENAS AHOGADAS EN VODKA
EL BLOG DE NILDA

tomando café.

tomando café.

Marguerite Duras.

El deseo es una actividad latente y en eso se parece a la escritura: se desea como se escribe, siempre."

*Marguerite Duras, entrevista en Le Nouvel Observateur, 14 de noviembre de 1986.-

sábado, 30 de octubre de 2010

el rengo tiene que venir a buscar sus cosas.

Es que nunca lo conté, pero el Rengo vivió un tiempo con la Sirena. Y en la casa de ella quedaron algunas de sus cosas.
Quiero no sonar conmovida  cuando venga a retirar lo suyo pero no se como hacerlo. Necesito encontrar un tono neutro, que no se me noten los sentimientos. Quiero sonar despreocupada, liviana, tan desinteresada como si fuera a retirar mi saco de invierno a la tintoreria.
Encima con esto de Kirchner. Él es peronista ¿que otra cosa puede ser?  Todo lo que se puede decir me sale como ruinoso. Yo la amaba a la Sirena como si fuera parte de mi, como se quiere a una hermana, podria decir sin mentir
Y ella solia contarme de él (las minas somos asi, nos contamos): se de los insomnios, se de los remedios, se de los oraculos, se de los horoscopos chinos y mayas y de pequeños titeres con el cuerpo tejido. Y ahora que la enterramos no se muy bien como sigue la cosa. Bah, se que no sigue, que la muerte clausura las posibilidades. Se que no va a haber puente ni fosforos ardiendo. Se que ya es tarde para el encuentro.
Por ahi ni siquiera viene a llevarse nada. Despues de todo lo que dejo aca en la casa, para el quiza no es valioso. ¿viste como es eso?
Yo no se muy bien que hacer, me siento un tanto devastada. Inclusive hay por ahi un ultimo poema, de antes de morirse, que ella le mando por abajo de la puerta. El dia que se me murio en la Cava me conto que el le habia dicho que mejor que no le mandara mas poemas.
Entonces asi estan las cosas. Las cosas sobreviven a las muertes. Y yo tengo aca en mi regazo las cosas del Rengo, y no se muy bien encontrar el tono para decirle son tuyas, llevatelas. Y seguir con mi vida.

prologo de borges a cronicas marcianas.


Crónicas Marcianas
Prólogo de Jorge Luis Borges

En el segundo siglo de nuestra era, Luciano de Samosata compuso una Historia verídica, que encierra, entre otras maravillas, una descripción de los selenitas, que (según el verídico historiador) hilan y cardan los metales y el vidrio, se quitan y se ponen los Ojos, beben zumo de aire o aire exprimido; a principios del siglo XVI, Ludovico Ariosto imaginó que un paladín descubre en la Luna todo lo que se pierde en la Tierra, las lágrimas y suspiros de los amantes, el tiempo malgastado en el juego, los proyectos inútiles y los no saciados anhelos; en el siglo XVII, Kepler redactó un Somnium Astronomicum, que finge ser la transcripción de un libro leído en un sueño, cuyas páginas prolijamente revelan la conformación y los hábitos de las serpientes de la Luna, que durante los ardores del día se guarecen en profundas cavernas y salen al atardecer. Entre el primero y el segundo de estos viajes imaginarios hay
mil trescientos años y entre el segundo, y el tercero, unos den; los dos primeros son, sin embargo, invenciones irresponsables y libres y el tercero está como entorpecido por un afán de verosimilitud. La razón es rara. Para Ludano y para Ariosto, un viaje a la Luna era símbolo o arquetipo de lo imposible, como los cisnes de plumaje negro para el latino; para Kepler, ya era una posibilidad, como para nosotros. ¿No publicó por aquellos años John Wilkins, inventor de una lengua universal, su Descubrimiento de un Mundo en la Luna, discurso tendiente a demostrar que puede haber otro Mundo habitable en aquel Planeta, con un apéndice titulado Discurso sobre la posibilidad de una travesía? En las Noches áticas de Aulo Gelio se lee que Arquitas el pitagórico fabricó una paloma de madera que andaba por el aire; Wilkins predice que un de mecanismo análogo o parecido nos llevará, algún día, a la Luna.
Por su carácter de anticipación de un porvenir posible o probable, el Somnium Astronomicum prefigura, si no me equivoco, el nuevo género narrativo que los americanos del Norte denominan science-fiction o scientifiction (1) y del que son admirable ejemplo estas Crónicas.
Su tema es la conquista y colonización del planeta. Esta ardua empresa de los hombres futuros parece destinada a la época, pero Ray Bradbury ha preferido (sin proponérselo, tal vez, y por secreta inspiración de su genio) un tono elegíaco. Los marcianos, que al principio del libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilación los alcanza. Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo -que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena-.
Otros autores estampan una fecha venidera y no les creemos, porque sabemos que se trata de una convención literaria; Bradbury escribe 2004 y sentimos la gravitación, la fatiga, la vasta y vaga acumulación del pasado -el dark backward and abysm of Time del verso de Shakespeare-. Ya el Renacimiento observó, por boca de Giordano Bruno y de Bacon, que los verdaderos antiguos somos nosotros y no los hombres del Génesis o de Homero.
¿Qué ha hecho este hombre de Illinois me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad?
¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima? Toda literatura (me atrevo a contestar) es simbólica; hay unas pocas experiencias fundamentales y es indiferente que un escritor, para transmitirlas, recurra a lo "fantástico" o a lo "real", a Macbeth o a Raskolnikov, a la invasión de Bélgica en agosto de 1914 o a una invasión de Marte. ¿Qué importa la novela, o novelería, de la science fiction? En este libro de apariencia fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad, como los puso Sinclair Lewis en Main Street.
Acaso La tercera expedición es la historia más alarmante de este volumen. Su horror (sospecho) es metafísico; la incertidumbre sobre la identidad de los huéspedes del capitán John Black insinúa incómodamente que tampoco sabemos quiénes somos ni cómo es, para Dios, nuestra cara. Quiero asimismo destacar el episodio titulado El marciano, que encierra una patética variación del mito de Proteo.
Hacia 1909 leí, con fascinada angustia, en el crepúsculo de una casa grande que ya no existe, Los primeros hombres en la Luna, de Wells. Por virtud de estas Crónicas de concepción y ejecución muy diversa, me ha sido dado revivir, en los últimos días del otoño de 1954, aquellos deleitables terrores.

1. Sciencefiction es un monstruo verbal en que se emalgaman el adjetivo scientific y el nombre sustantivo fiction. Jocosamente, el idioma español suele recurrir a formaciones análogas; Marcelo del Mazo habló de las orquestas de gríngaros (gringos + zíngaros) y Paul Groussac de las japonecedades que obstruían el museo de los Goncourt.

jueves, 28 de octubre de 2010

solo figuras



me gusta mas la versión de los tipitos, pero esta tiene el bonus track del mar. Tan lindo que es el mar y si te traga te mata. Es como el tiempo, como el devenir. Eso.
si tenes un ratito mirate el mar.

miércoles, 27 de octubre de 2010

yo siempre hablando de la muerte

este no es un blog erotico como yo me creo, tampoco es un blog triste, ni una coleccion de cuentos de amores perros, ni siquiera es un blog de sirenas.
Este es un blog que habla de la muerte, y la puta muerte igual siempre viene y es una sorpresa.

 Cada muerte me provoca.
Cada muerte me sorprende.

 Cada muerte me interpela

cristina: mis respetos

como mina, como ciudadana, como argenta, no quiero dejar de poner en mi blog, que es mi herramienta de comunicacion, algo sobre la vulnerabilidad de la vida.
todo pasa, menos la muerte de los que se quieren. 

miren que linda

es de una ilustradora argentina,  Marcela Burgos- Esta sirena espera ¿no lo ven en la mirada?

martes, 26 de octubre de 2010

siete errores y una musica

Despues del entierro,tomé el colectivo y fui para el barrio de la Sirena.
El colectivo me dejó en la esquina, y si bien parecia un dia cualquiera todo estaba recubierto por una patina irreal.
Manoteando en mi bolso intente vanamente encontrar las llaves del ph de la mujer pescado que ahora yacia en el camposanto (mas mujer, nada pescado, pero volviendose la carne carroña y ella angel o espiritu o nada)
Como en las sagas heroicas supe  que para avanzar tenia que pasar una prueba y  parte de ella era descubrir donde habia un enigma
 Intuí que como en una viñeta de viejos diarios  debia hallar los siete errores del escenario. De lograr encontrarlos se  demostraria no mi pericia, si no mas bien  que yo era digna, casi estoy tentada a decir buena persona.
Puse mis sentidos a trabajar, mi habilidad sensoriomotriz a prueba.(sabía sin embargo que no se trataba de eso, se trataba de algo moral)
A ver. 

uno: un buzón rojo
dos: un cartelito de lata pintado a mano en un poste "pica pica picapedrero, bajada de cordon"
tres: un sol de diciembre en octubre
cuatro: en la ochava, un almacen de antes
cinco: tres niñas jugando al elastico
seis: una pareja magreandose
siete: olor a naranjas dulces, una obsenidad  de olores citricos.

Cuando pasé la proeza de encontrar los errores manotie nuevamente el bolso y di con la llave de la casa de la sirena muerta, mi amiga. Me acerque al pasillo de las puertas de lata y los macetones de malvón.
Se escuchaba esta musica. El rengo estaba apoyado en la pared fumando sus particulares 30 y escuchando con los ojos cerrados

lunes, 25 de octubre de 2010

six feet under

cuando la vi muerta no parecia ella. Mas fragil, como si no tuviera huesos (la enmarcaban cuatro tablitas fragiles, igual al ataud en que llevaban a  Adan Buenosayres) . Tuve la certeza de que él se la iba a olvidar rápido. Es que otras cosas lo afanaban: el esquivo exito, la ventura, su propio sino. Las responsabilidades verdaderas, para ser justa.

Rey muerto rey puesto. Y ademas ella no fue rey, sino peón, o una inutil dama, que volcó

Ser un animal mitológico no le fue en ventaja: fue una en una serie.No importa que fuera una mujer pescado. Mujeresbrujas, mujeressantas,mujerestorreeiffel, mujerescocinadorasdecomidachina, mujeresmoleskine, todo tipo de mujeres unicas formaban la serie de las mujeres olvidables.

Yo no soy de llorar, entonces  lo hice
Lo vi retirarse por pasillos al aire libre, entre los tilos del cementerio,  por sendas que  lo llevaban a otros lado, presto, serio como un hombre serio. Yo me quede sentada en el suelo,y  con un trapito limpié el lugar.El sol calcinaba las flores. Claveles, claro. Y nenufares, y algas verdes, y piedritas de lapizlazuli,
No se si me dio mas tristeza la sirena muerta o el rengo que se alejaba presuroso, dejando la  marca irregular de sus pisadas (llevaba mocasines de cuero marrón y su saco marrón de cuero pero de otro tono, en los dias importantes no tenia su campera lee) en el polvo del camposanto que brulìa en el sol de la tarde. Un polvo, silabee como una loca, porque cuando algo se muere, se le esta permitido a los mortales la locura.
El olvido es nuestro pan, decia en la libreta que se le cayò al agacharse sobre el pozo recien cavado. Estaba escrito con un lápiz de punta roma  y lo firmaba con nombre y apellido.
Como la tierra estaba agrumada y fresca, era una tierra de la entraña de la tierra, agarré un cartón del tambor de la basura, y lo use de improvisada pala, y meti el cuaderno entre la tierra y el cuerpo de la sirena muerta, seis pies abajo.

domingo, 24 de octubre de 2010

un ilustrador de Quilmes, David Pugliese, del 78

como la sirena no aparece, esta en el fondo de la cava y yo dele esperar que Cordoba me tire el I ching para ver que hago con mi vida, busque algo lindo para el blog. A tiro de colectivo està quilmes, y alli hay un ilustrador que hizo este hermosa sirena. Yo no luzco asi, lo cual es una verdadera pena. Pero alcanza con la salú. Dicen. Yo no lo se. Por ahi alcanza con el afecto, eso si. Ayer fui a un cumple y me enteré de que la cuñada del cumpleañero tuvo un bobazo macro. Y es posible que se muera. La mina era una mierda, nadie la quiere, es cruel y egoista como una mala de disney. Nadie la llorará. Tiene mi edad. Y entonces pienso (un poco melancolicamente, que forra) pensar que a mi si, y tan contenta que me pongo, que pelotuda.

viernes, 22 de octubre de 2010

fondo barroso.

¿saben que hizo?. se me escapó de las manos. Yo estaba distraida (de aqui para alla) y ella se fue, y se metio en una cava.
Uds. saben lo que es una cava? Es un lugar donde sacaron algo mineral. Supongase arcilla o marmol o vaya a saber que cosa. >Vinieron maquinas excavadoras y talaron la tierra para adentro. La tierra se tala, claro que si.
Y le vaciaron como cuando le sacan el utero a una mina y ésta dice: me vaciaron.
Entonces en la cava (puf, me viene a la cabeza un cuento de Bioy, Cavar un foso) va el agua de la lluvia, o tal vez, no lo se, de los rios intestinales que guarda la tierra, esos que ni imaginamos. Como no imaginamos tampoco el fuego que hay entre las placas tectonica, el magma de la tierra que se dibuja en rojo en las ilustraciones de hoja rivadavia, numero tres, rayada.

Las cavas no son inocentes, sus pozos enormes con aguas, tienen corrientes abajo y el piso es cieno, y la sirena se me escapo, se me fue a la cava y creo que se ahogo, no salio de ahi, no se que habra sido de ella.Para mi que està muerta, en el fondo, con sus cabellos embarrados y los ojos bien abiertos. Y que al morir dejo de ser un pescado y ahora es una mujer.
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y como bonus track un poema que habla de las cosas que se hacen con amigos.Es de Fernandez Retamar, el cubano. y cuenta como brilla la noche a veces.

Hacia el anochecer, bajábamos
Por las humildes calles, piedras
Casi en amarga piel, que recorríamos
Dejando caer nuestras risas
Hasta el fondo de su pobreza.
Y el brillo inusitado del amigo
Iluminaba las palabras todas,
Y divisábamos un poco más,
Y el aire se hacía más hondo.
La noche, opulenta de astros,
Cómo estaba clara y serena,
Abierta para nuestras preguntas,
Recorrida, maternal, pura.
Entrábamos a la vida
En alegre, en honda comunión;
Y la muerte tenía su sitio
Como el gran lienzo en que trazábamos
Signos y severas líneas.

jueves, 21 de octubre de 2010

por los miles de homenajes que nos dimos.

carpe diem

claro que Abelardo Castillo escribe para mi ¿quien no lo sabe? Yo estoy en los pliegos de esas palabras, me hablan solo a mi, me cuentan secretos. En este blog debe estar guardado el Capitulo para Laucha y casi seguro La Madre de Ernesto. Bellisimos relatos, que me escupen aceite de islandia directo al corazon, me agujerean la piel como ácido y el corazon empieza a borbotear sangre. Por eso no hace falta que yo llene el espacio virtual de basura, mientras alguien cuente las cosas que necesitamos leer, para nuestro bien o tal vez nuestro mal.

Carpe Diem


–A ella le gustaba el mar, andar descalza por la calle, tener hijos, hablaba con los gatos atorrantes, quería conocer el nombre de las constelaciones; pero no sé si es del todo así, no sé si de veras se la estoy describiendo –dijo el hombre que tenía cara de cansancio. Estábamos sentados desde el atardecer junto a una de las ventanas que dan al río, en el club de pescadores, ya era casi medianoche y desde hacía una hora él hablaba sin parar. La historia, si se trataba de una historia, parecía difícil de comprender: la había comenzado en distintos puntos tres o cuatro veces, y siempre se interrumpía y volvía atrás y no pasaba del momento en que ella, la muchacha, bajó una tarde de aquel tren. –Se parecía a la noche de las plazas –dijo de pronto, lo dijo con naturalidad: daba la impresión de no sentir pudor por sus palabras. Yo le pregunté si ella, la muchacha, era la que se parecía a las plazas. –Por supuesto –dijo el hombre, y se pasó el nacimiento de la palma de la mano por la sien, un gesto raro, como de fatiga o de desorientación–. Pero no a las plazas, a la noche de ciertas plazas. O a ciertas noches húmedas, cuando hay esa neblina que no es neblina y los bancos de piedra y el pasto brillan. Hay un verso que habla de esto, del esplendor en la hierba, en realidad no habla de esto ni de nada que tenga que ver con esto, pero quién sabe. De todas maneras no es así, si empiezo así no se lo voy a contar nunca. La verdad es que me tenía harto. Compraba plantitas y las dejaba sobre mi escritorio, doblaba las páginas de los libros, silbaba. No distinguía a Mozart de Bartók, pero ella silbaba, sobre todo a la mañana, carecía por completo de oído musical pero se levantaba silbando, andaba entre los libros, las macetas y los platos de mi departamento de soltero como una carmelita descalza y, sin darse cuenta, silbaba una melodía extrañísima, imposible, una cosa inexistente que era como una czarda inventada por ella. Tenía, ¿cómo puedo explicárselo bien?, tenía una alegría monstruosa, algo que me hacía mal. Y, como yo también le hacía mal, cualquiera hubiese adivinado que íbamos a terminar juntos, pegados como lapas, y que aquello iba a ser una catástrofe. ¿Sabe cómo la conocí? Ni usted ni nadie puede imaginarse cómo la conocí. Haciendo pis contra un árbol. Yo era el que hacía pis, naturalmente. Medio borracho y contra un plátano de la calle Virrey Melo. Era de madrugada y ella volvía de alguna parte, qué curioso, nunca le pregunté de dónde. Una vez estuve a punto de hacerlo, la última vez, pero me dio miedo. La madrugada del árbol ella llegó sin que yo la oyera caminar, después me di cuenta de que venía descalza, con las sandalias en la mano, pasó a mi lado y, sin mirarme, dijo que el pis es malísimo para las plantitas. En el apuro me mojé todo y, cuando ella entró en su casa, yo, meado y tembloroso, supe que esa mujer era mi maldición y el amor de mi vida. Todo lo que nos va a pasar con una mujer se sabe siempre en el primer minuto. Y, sin embargo, es increíble de qué modo se encadenan las cosas, de qué modo un hombre puede empezar por explicarle a una muchacha que un plátano difícilmente puede ser considerado una plantita, ella simular que no recuerda nada del asunto, decirnos señor con alegre ferocidad, como para marcar a fuego la distancia, decir que está apurada, que debe rendir materias, aceptar finalmente un café que dura horas mientras uno se toma cinco ginebras y le cuenta su vida y lo que espera de la vida, pasar de allí, por un laberinto de veredas nocturnas, negativas, hojas doradas, consentimientos y largas escaleras, a meterla por fin en una cama, o a ser arrastrado a esa cama por ella, que habrá llegado hasta ahí por otro laberinto personal hecho de otras calles y otros recuerdos, oír que uno es hermoso, y hasta creerlo, decir que ella es todas las mujeres, odiarla, matarla en sueños y verla renacer intacta y descalza entrando en nuestro cuarto con una abominable maceta de azaleas o comiendo una pastafrola del tamaño de una rueda de carro, para terminar un día diciéndole con odio casi verdadero, con indiferencia casi verdadera, que uno está harto de tanta estupidez y de tanta felicidad de opereta, tratándola de tan puta como cualquier otra. Y no una sola vez, cinco o seis. Hasta que un día cerré con toda mi alma la puerta de su departamento de la calle Melo, y oí, pero como si lo oyera por primera vez, un ruido familiar: la reproducción de Carlos el Hechizado que se había venido abajo. Se da cuenta, una mujer a la que le gustaba Carlos el Hechizado. Y me quedé un momento del otro lado de la puerta, esperando. No pasó nada. Ella esa vez no volvía a poner el cuadro en su sitio: ni siquiera pude imaginármela, más tarde, ordenando las cosas, silbando su czarda inexistente, la que le borraba del corazón cualquier tristeza. Y supe que yo ya no iba a volver nunca a esa casa. Después, en mi propio departamento, cuando metí una muda de ropa y las cosas de afeitar en un bolso de mano, también sabía, desde hacía horas, que ella tampoco iba a llamarme ni a volver.
–Pero usted se equivocaba, ella volvió –me oí decir y los dos nos sorprendimos; yo, de estar afirmando algo que en realidad no había quedado muy claro; él de oír mi voz, como si le costara darse cuenta de que no estaba solo. El hombre con cara de cansado parecía de veras muy cansado, como si acabara de llegar a este pueblo desde un lugar lejanísimo. Sin embargo, era de acá; se había ido a Buenos Aires en la adolescencia y cada tanto volvía. Yo lo había visto muchas veces, siempre solo. Pero ahora me parece que una vez lo vi también con una mujer. –Porque ustedes volvieron a estar juntos, por lo menos un día.
–Toda la tarde de un día. Y parte de la noche. Hasta el último tren de la noche.
El hombre con cara de cansancio hizo el gesto de apartarse un mechón de pelo de la frente. Un gesto juvenil y anacrónico, ya que debía de hacer años que ese mechón no existía. Tendría más o menos mi edad, quiero decir que ya era un hombre mayor, pero era difícil saberlo con precisión. Como si fuera muy joven y muy viejo al mismo tiempo. Como si un adolescente pudiera tener cincuenta años.
–Lo que no entiendo –dije yo– es dónde está la dificultad. No entiendo qué es lo que hay que entender.
–Justamente. No hay nada que entender, ella misma me lo dijo la última tarde. Hay que creer. Yo tenía que creer simplemente lo que estaba ocurriendo, tomarlo con naturalidad: vivirlo. Como si se me hubiera concedido, o se nos hubiera concedido a los dos, un favor especial. Ese día fue una dádiva, y fue real. Y lo real no necesita explicación alguna. Ese sauce a la orilla del agua, por ejemplo. Está ahí, de pronto; está ahí porque de pronto lo iluminó la luna. Yo no sé si estuvo siempre, ahora está. Y fulgura, y es muy hermoso. Voy y lo toco y siento la corteza húmeda en la mano; ésa es una prueba de su realidad. Pero no hace ninguna falta tocarlo, porque hay otra prueba. Y le aclaro que esto ni siquiera lo estoy diciendo yo, es como si lo estuviese diciendo ella. Es extraño que ella dijera cosas así, que las dijera todo el tiempo durante años y yo no me haya dado cuenta nunca. Ella habría dicho que la prueba de que existe es que es hermoso, y todo lo demás son palabras, y cuando la luna camine un poco y lo ilumine mal y lo afee, o no lo ilumine y desaparezca, bueno: habrá que recordar el minuto de belleza que tuvo para siempre el sauce. Y la vida real puede ser así, tiene que ser así, y el que no se da cuenta a tiempo de esto es un triste hijo de puta –dijo casi con desinterés, y yo le contesté que no lo seguía del todo, pero que pensaba solucionarlo pidiendo otro whisky. Le ofrecí y volvió a negarse: era la tercera vez que se negaba. Le hice una seña al mozo. –Entonces la llamé por teléfono. Una noche fui hasta la Unión Telefónica, pedí Buenos Aires y la llamé a su departamento. Eran como las tres de la mañana y habían pasado cuatro meses. Ella podía haberse mudado, podía no estar o incluso estar con otro. No se me ocurrió. Era como si entre aquel portazo y esta llamada no hubiera lugar para ninguna otra cosa. Y atendió, tenía la voz un poco extraña pero era su voz, un poco lejana al principio, como si le costara despertarse del todo, como si la insistencia del teléfono la hubiese traído desde muy lejos, desde el fondo del sueño. Le dije todo de corrido, a la hora que salía el tren de Retiro, a la hora que iba a estar esperándola en la estación, lo que pensaba hacer con ella, qué sé yo qué, lo que nunca habíamos hecho y estuvimos a punto de no hacer nunca, lo que hace la gente, caminar juntos por la orilla del agua, ir a un baile con patio de tierra, oír las campanas de la iglesia, pasar por el colegio donde yo había estudiado. A ver si se da cuenta: sabe cuántos años hacía que nos conocíamos, cuántos años habían pasado desde que me sorprendió contra el plátano. Le basta con la palabra años, se lo veo en la cara. Y en todo este tiempo nunca se me había ocurrido mostrarle el Barrio de las Canaletas ni el camino del puerto, el paso a nivel de juguete por donde cruzaba el ferrocarril chiquito de Dipietri, la Cruz, el lugar donde lo mataron a Marcial Palma. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Qué sé yo, no comprende que ése era justamente el problema. Y ella no sólo me atendió y se fue despertando y habló por teléfono conmigo, sino que vino: ella bajó de ese tren... –Y no sólo había bajado de ese tren sino que traía puesto un vestido casi olvidado, un código entre ellos, una señal secreta, y era como si el tiempo no hubiese tocado a la mujer, no el tiempo de esos tres o cuatro últimos meses, sino el Tiempo, como si la muchacha descalza que había pasado hacía años junto al plátano bajara ahora de ese tren. Vi venir por fin al mozo. –Sí, exactamente ésa fue la impresión –dijo el hombre, que tenía cara de cansancio–. Pero usted, cómo lo sabe.
Le contesté que él mismo me lo había dicho, varias veces, y le pedí al mozo que me trajera el whisky. Lo que todavía no me había dicho es qué tenía de extraño, que tenía de extraño que ella viniera a este pueblo, con ése o con cualquier otro vestido. Tres o cuatro meses no es tanto tiempo. ¿No la había llamado él mismo? ¿No era su mujer?
–Claro que era mi mujer –dijo, y sacó de un bolsillo del pantalón un pequeño objeto metálico, lo puso sobre la mesa y se quedó mirándolo. Era una moneda, aunque me costó reconocerla; estaba totalmente deformada y torcida. –Claro que yo mismo la había llamado. –Volvió a guardar la moneda mientras el mozo me llenaba el vaso, y sin preocuparse del mozo ni de ninguna otra cosa, agregó: –Pero ella estaba muerta.
–Bueno, eso cambia un poco las cosas –dije yo–. Déjeme la botella, por favor.
Ella no era un fantasma. El hombre con cara de cansancio no creía en fantasmas. Ella era real, y la tarde de ese día y las horas de la noche que pasaron juntos en este pueblo, fueron reales. Como si se les hubiera concedido vivir, en el presente, un día que debieron vivir en el pasado. Cuando el hombre terminó de hablar, me di cuenta de que no me había dicho, ni yo le había preguntado, algunas cosas importantes. Quizá las ignoraba él mismo. Yo no sabía cómo había muerto la muchacha ni cuándo. Lo que haya sucedido, pudo suceder de cualquier manera y en cualquier momento de aquellos tres o cuatro meses, acaso accidentalmente y, por qué no, en cualquier lugar del mundo. Tres o cuatro meses no es tanto tiempo, como había dicho yo, pero bastan para tramar demasiados desenlaces. El caso es que ella estuvo con él más de la mitad de un día, y muchas personas los vieron juntos, sentados a una mesa de chapa en un baile con patio de tierra, caminando por los astilleros, en la plaza de la iglesia, hablando ella con unos chicos pescadores, corrido él por el perro de un vivero en el que se metió para robar una rosa, rosa que ella se llevó esa noche y él se preguntaba adónde, muchos la vieron y algún chico habló con ella, pero cómo recordarla después, si nadie en este pueblo la había visto antes. Cómo saber que era ella y no simplemente una mujer cualquiera, y hasta mucho menos, un vestido, que al fin de cuentas sólo para ellos dos era recordable, una manera de sonreír o de agitar el pelo. Entonces yo pensé en el hotel, en el registro del hotel: allí debía de estar el nombre de los dos. Él me miró sin entender.
–Fuimos a un hotel, naturalmente. Y si eso es lo que quiere saber, me acosté con ella. Era real. Desde el pelo a la punta del pie. Bastante más real que usted y que yo.–De pronto se rió, una carcajada súbita y tan franca que me pareció innoble. –Y en el cuarto de al lado, también había una pareja de este mundo.
–No le estoy hablando de eso –dije.
–Hace mal, porque tiene mucha importancia. Entre ella y yo, siempre la tuvo. Y por eso sé que ella era real. Ni una ilusión ni un sueño ni un fantasma: era ella, y sólo con ella yo podría haberme pasado una hora de mi vida, con la oreja pegada a una taza, tratando de investigar qué pasaba en el cuarto de al lado.
–Ustedes dos tuvieron que anotarse en ese hotel, es lo que trato de decirle. Ella debió dar su nombre, su número de documento.
–Nombres, números: lo comprendo. Yo también coleccionaba fetiches y les llamaba lo real. Bueno, no. Ni nombre ni número de documento. Salvo los míos, y la decente acotación: «y señora». Cualquier mujer pudo estar conmigo en ese hotel y con cualquiera habrían anotado lo mismo. Trate de ver las cosas como las veía ella: ese día era posible a condición de no dejar rastros en la realidad, y, sobre todo, a condición de que yo ni siquiera los buscara. Escúcheme, por favor. Antes le dije que ese día fue una dádiva, pero no sé si es cierto. Es muy importante que esto lo entienda bien. ¿Cuándo cree que me enteré de que ella había muerto? ¿Al día siguiente?, ¿una semana después? Entonces yo habría sido dichoso unas horas y ésta sería una historia de fantasmas. Usted tal vez imagina que ella, o algo que yo llamo ella se fue esa noche en el último tren, yo viajé a Buenos Aires y allí, un portero o una vecina, intentaron convencerme de que ese día no pudo suceder. No. Yo supe la verdad a media tarde y ella misma me lo dijo. Ya habíamos estado en el Barrio de las Canaletas, ya habíamos reído y hasta discutido, yo había prometido ser tolerante y ella ordenada, yo iba a regalarle libros de Astronomía y mapas astrales y ella una gran pipa dinamarquesa, y de pronto yo dije la palabra ‘cama’ y ella se quedó muy seria. Antes pude haber notado algo, su temor cuando quise mostrarle la hermosa zona vieja del cementerio donde vimos las lápidas irlandesas, ciertas distracciones, que se parecían más bien a un olvido absoluto, al rozar cualquier hecho vinculado con nuestro último día en Buenos Aires, alguna fugaz ráfaga de tristeza al pronunciar palabras como mañana. No sé, el caso es que yo dije que ya estaba viejo para tanta caminata y que si quería contar conmigo a la noche debíamos, antes, encontrar una cama, y ella se puso muy seria. Dijo que sí, que íbamos a ir a donde yo quisiera, pero que debía decirme algo. Había pensado no hacerlo, le estaba permitido no hacerlo, pero ahora sentía que era necesario, cualquier otra cosa sería una deslealtad. No te olvides que ésta soy yo, me dijo, no te olvides que me llamaste y que vine, que estoy acá con vos y que vamos a estar juntos muchas horas todavía. Pensé en otro hombre, pensé que era capaz de matarla. No pude hablar porque me puso la mano sobre los labios. Se reía y le brillaban mucho los ojos, y era como verla a través de la lluvia. Me dijo que a veces yo era muy estúpido, me dijo que sabía lo que yo estaba pensando, era muy fácil saberlo, porque los celos le ponen la cara verde a los estúpidos. Me dijo que hay cosas que deben creerse, no entenderse. Intentar entenderlas es peor que matarlas. Me habló del resplandor efímero de la belleza y de su verdad. Me dijo que la perdonara por lo que iba a hacer, y me clavó las uñas en el hueco de la mano hasta dejarme cuatro nítidas rayas de sangre, volvió a decir que era ella, que por eso podía causar dolor y también sentirlo, que era real, y me dijo que estaba muerta y que si en algún momento del largo atardecer que todavía nos quedaba, si en algún minuto de la noche yo llegaba a sentir que esto era triste, y no, como debía serlo, muy hermoso, habríamos perdido para siempre algo que se nos había otorgado, habríamos vuelto a perder nuestro día perdido, nuestra pequeña flor para cortar, y que no olvidara mi promesa de llevarla a un baile con guirnaldas y patio de tierra... Lo demás, usted lo sabe. O lo imagina. Entramos en ese hotel, subimos las escaleras con alegre y deliberado aire furtivo, hicimos el amor. Tuvimos tiempo de jugar a los espiones con la oreja pegada a la pared del tumultuoso cuarto vecino, resoplando y chistándonos para no ser oídos. Ya era de noche cuando le mostré mi colegio. La noche es la hora más propicia de esa casa, sus claustros parecen de otro siglo, los árboles del parque se multiplican y se alargan, los patios inferiores dan vértigo. En algún momento y en algún lugar de la noche nos perdimos. Yo sé guiarme por las estrellas, me dijo, y dijo que aquélla debía de ser Aldebarán, la del nombre más hermoso. Yo no le dije que Aldebarán no se ve en nuestro cielo, yo la dejé guiarme. Después oímos la música lejana de un acordeón y nos miramos en la oscuridad. Mi canción, gritó ella, y comenzó a silbar aquella czarda inventada que ahora era una especie de tarantela. Me gustaría contarle lo que vimos en el baile: era como la felicidad. Un coche destartalado nos llevó a tumbos hasta la estación. Ahora es cuando menos debemos estar tristes, dijo. Dios mío, necesito una moneda, dijo de pronto. Yo busqué en mis bolsillos pero ella dijo que no; la moneda tenía que ser de ella. Buscaba en su cartera y me dio miedo que no la encontrase. La encontró, por supuesto. Ahora yo debía colocarla sobre la vía y recogerla cuando el tren se hubiera ido. No debería hacer esto, me dijo, pero siempre te gustaron los fetiches. También me dijo que debía sacarle un pasaje. Se reía de mí: Yo estoy acá, me decía, yo soy yo, no puedo viajar sin pasaje. Me dijo que no dejara de mirar el tren hasta que terminara de doblar la curva. Me dijo que, aunque yo no pudiera verla en la oscuridad, ella podría verme a mí desde el vagón de cola. Me dijo que la saludara con la mano.

miércoles, 20 de octubre de 2010

la sirena entre dos frazadas sueña con cañas de bambu.

Curiosos sus dedos
ensuciados de nicotina
particulares treinta dijo
dedos de artista
camuflados en dedos de trabajador
digo
son cosas distintas
manos de acariciar otros vientres
no veo mas que eso
unas manos que ademanan gestos que no me estan dirigidos
lejana caricia
que no es para mi espalda
El hombre mueve esa mano con ademan masculino acompañando algo sutil
como una caña de bambu que baila en el viento
en la orilla
de un rio que no me moja
Sueño su mano que mueve
cuando habla
rugosidad, belleza o calor que no me seran dados
solo el olor de los particulares treinta que traspasa el eter
en un lenguaje que ignoro
y con interferencias
las manos se mueven como bambu
far away, un bambu
ajenas,

allà.

martes, 19 de octubre de 2010

la inspiracion poetica

Es un pasillo largo, con una puerta de laton desvencijada.Si pasás por ahi, no te podés perder. Es un barrio de todas casas bajas,  y justo al lado, hay un taller abandonado, con los vidrios rotos y un paraiso en la vereda. Dice en el paredon Patria o Muerte. Y la calle es empedrada.
Donde vive ella, en el pasillo del que te hablé balconean 7 puertas, y todavia hay malvones, quien lo pudiera creer, macetones con malvones que se fueron en vicio, es decir con ramas retorcidas como sarmientos y unas flores insignificantes, Los macetones son blancos, con patas, y alguna vez estuvieron pintados tambien de rojo.
El pasillo largo tiene las baldosas rotas. En un departamento interno, (ni la luz del fondo, ni la de la vereda, ensanguchado entre otros dos, y con un patio que de tan minimo solo sirve para colgar corpiños chorreantes y la ropa berreta de la sirena) vive ella.
Por la vereda de enfrente, pasa el Rengo. On and on. Fuma particulares 30, y lleva un saco de cuero marron que supo de mejores tiempos. Un libro en la mano, sus putos cuadernos, pasa, mira el pasillo, pasa.
El rengo pasa por la vereda de la sirena. y deja un reguero de colillas de particulares 30, que arroja con desprecio hacia el colchon de adoquines traidos del sur de la patria. El no sabe que para mi sus colillas son como migajas de pan que trazan un surco para un lugar que no me se.
Es que el Rengo pasa muchas veces, y no sabe golpear la puerta del departamento cuatro, aunque seguro que querrìa. No sabe como.Le falta la tecnologia, tiene el corazon cerrado, cree que no la quiere,no sabe que hace alli.No piensa.(se puede ser feliz sin pensar es una linea de Casa Tomada que la Sirena repite como un mantra, mientras se arropa entre dos frazadas, muy sola, en el fondo del utero del departamento cuatro)
Un tipo que fuma particulares 30, con saco de cuero marron no sabe. Pasan perros olisqueando. Alguien saca una bolsita de basura en nylon de supermercado. Una radio suena cumbia.
este es un relato demasiado triste. Entonces yo salgo de aca y recojo todas las colillas de particulares treinta del empedrado y las guardo. No me da asco el olor, para nada. Para algo serviran me digo, mientras tomo mi nescafe y me preparo para otro dia de laburo.

lunes, 18 de octubre de 2010

energia

cada vez que ando en un kilombo, cierro el blog, lo desaparezco.
Ahora me parece que puedo esperar ponerme bien, y que el blog se me quede esperando.
No tengo ganas de matar las historias del rengo y la sirena que tan bien me estaban saliendo.
Asi que yo seguirè con mis cosas y espero que la sirena y el rengo me hagan el aguante.

y uds. tambien,¿por que no?

viernes, 15 de octubre de 2010

tipos de minas.

El Rengo es un especialista en lapices. Guardó de su otra vida algunos, los preservó de la caída.Su fetiche es un lapiz 4H, con muchas B, o sea claro y blando, de trazo grueso: esa noche, perdida la Moleskine en el hospital, usa el laburo para ocupar el escritorio de algun cagatintas de la fabrica  y escribir en una libreta  rustica, con  tapas de vinilo simulando telas de arañas,  el nombre secreto de ella. Luego, lentamente y en circulos empieza a manosear el grafito , circulos sucesivos con el pulgar, en circulos allí. Justo allí.  En  el papel, se armaba algo como un embudo, Cada circulo sobre el nombre  borroneaba, difuminaba el gris, le manchaba el pulgar, que se calentaba en el recorrido energetico del lapiz sobre el papel.
En otro espacio, lejos de la fabrica, entre el clonazepan  y los circulos del Rengo sobre la mina, insistentes, profundos, lentos, la sirena se duerme, como si el circulo se trazara allí.







































caligrama.

Estaban  guardados, ahi,  habia jurado no leer los poemas de rengo, pero  fui a buscarlos. A sus palabras.
no eran  poemas, eran cosas dichas con los dientes apretados, coplitas robadas, sentencias sanscritas, puteadas en lunfardo, era él insultando a la sirena, letritas escritas una abajo de otras, como pilas de cajones inestables que se movian con magia de acrobata chino, palabras que temblaban  en letra negra de lapiz faber, trazadas con esas minas blandas que uno pasa el dedo y se hacen nubes o sombras, las palabras parecian que se iban a venir abajo en cualquier momento, graciosos elefantes arriba de mosquitos, y yo las sorbia como si fueran delicuescentes jugos dulces. Tengo sed del Rengo.
No llores, decia, biutiful-luser, metejones de vos. El papel tenia el olor al tabaco de hombre que usa, como si fuera un viejo fullero,aunque yo me se que el Rengo no llega a los cincuenta. Es un hombre de cincuenta años, poco menos, buena edad para los tipos. Se vuelven suavecitos, menos pelotudos, diria yo. Empiezan quiza a exorcizar la muerte y se toman la vida en serio, o sea que se vuelven inmortales de a ratos.
Odio revolver mis bombachas, y araño los poemas del rengo.Quiero hacerle caligramas y pintarle las paredes de la casa donde vive  Con brocha, a la madrugada. Con la palabra metejón Un caligrama que solo entienda él.  Y que me odien sus exmujeres o la patrona que le alquile llame a la cana, y me retiren con un coche de la policia, como a una loca, y me lleven al psiquiatrico para dejarme en observacion, y me metan clonazepan hasta dejarme muda. Yo exalaría olor a santidad, el que tienen los bebes despues de ser amamantados.
Hoy no voy a poder dormir. Lo del clonazepan me da ideas que aparto.
No puedo irme esta noche a dormir  sin leer cuarenta y ocho o tal vez cincuenta y cuatro veces la palabra metejon hablando de mi.

miércoles, 13 de octubre de 2010

gente hermosa como estrellas.

Desde que tengo el blog no paro de conocer gente hermosa. Por ej. hoy me levante con que el Tomi D Esposito Muller, mitico dibujante de Fierro, me mandó un poema, por los relatitos de la Sirena y el Rengo. Este

Deje que al hastío
el amor lo expulse,
sirena de río
respira agua dulce.

Ya no ponga excusas
y devore el mar,
sirena inconclusa
no aprende a nadar.

Si al pirata cruento
le da el corazón
sirena de cuento,
ambos rengos son.

Mas yo le sostengo
que aunque se flotar,
todos somos rengos
en algún lugar.

 Y la chica uruguaya de La Oriental, me da maquina para que presente algun proyecto a una editorial y sea escritora de verdad como ella, que esta por sacar un libro con Santillana. Y Laura, que me ofrece un espacio en la UBA para que presente el libro casero que me hice con los cuentos del otro blog.
Y Grace, que ahora estudia filosofia y no tiene tiempo para bloguear pero que fue tan buena conmigo, Y asi siguen las firmas.
Les juro, con una mano en el corazón y esto de verdad, que para mi, las pocas entradas que tienen mis blogs (y Artemio Lopez de Ramble, tuvo con 1000 en un dia segun he leido) son tan calidas, que es como si de verdad fueran amigos,no solo por estos gestos tan generosos, sino porque me hacen sentir mejor de lo que soy. Mi amor a todos, pero a todos.

Y no acabamos en la cama, que es donde acaban estas cosas, (un pañuelo de seda por cada vez que me hiciste llorar)

santa marilyn ruega por nosotras las sirenas
Cuando llegué a mi casa, ya era hora de irme al trabajo. Yo  manejo el horario, pero igual me esperan. Siempre.
El Yuyo me mandó un mail preguntandome un par de cosas sobre la noche del hospital.No se porque, si da lo mismo, quería saber el nombre del Rengo.(su amado nombre)  Ni en pedo. Ni en sueños.Cuando duermo me ato yo al mastil para no nombrarlo. No es porque alguien me pueda escuchar -vivo sola- pero no le permito al señor que escribe los sueños que el Rengo venga y me magree dormida, y yo acabe con él, sin estar ahi. Yo no me voy a hacer eso. Yo, como los arboles, de pie.
El Yuyo me preguntaba por que no lo seguí y me decía que no le gustan las historias con final abierto. Ay Yuyo!!! ¿tenes 55 años para na?¿ No sabes acaso -por propia experiencia- que la única que clausura historias es la Mala?
¿Acaso vos vivis, Yuyo hermoso, en la ilusión cobarde de que ya es tarde para ir tras esa que me dijiste que amabas, esa que se te escapó -y que no era yo- por desidia?.

Por su parte la sirena es un corredor de fondo, espera, y  quien va a decir que la espera valió la pena solo si Él llega? Yo quisiera tener un diez mangos por cada sonrisa que la sirena dibuja en su cara pensando en las cosas que el rengo le dijo y un pañuelo de seda de la China por cada lagrima que le hace llorar (y él sabe). La emocion es puro oro, y si es el oro de los tontos, no tenemos una joyeria en la calle Libertad.Nosotras compramos igual y lucimos nuestra bisuteria con orgullo de ricachona.
La sirena espera calentandose con fosforitos, como la fosforerita del cuento, pero no alucina, sino que meta palo y a la bolsa con la vida verdadera. Aprendé Yuyo.Dame bola una vez en la vida.

La sirena no es de esas que se quedan chapaleando. Ella nada. La sirena agarró la libreta y se aprendio el poema mas terrible, El poema era un fucking malentendido.Por eso era bello.Tambien le habló por telefono para ver como estaba despues de la borrachera que lo dejó en hospital. El la ninguneó. Era de esperar.
Guardó la libreta en el cajón de las bombachas, para no verla. Bien al fondo.
El Rengo llena libretas, libros, cuadernos, diarios. Siempre lleva algo, debe tener miedo que el tiempo le afane la Memoria, esa con mayusculas. O querra dejar testimonio.
La sirena se tatuó en el tobillo un dibujo que el  Rengo habia hecho con un lapiz romo en la libreta ajada.Fue a la bond street y dijo:hagame esto..
Y ya no es una chica. Y el rengo tampoco. Eso es lo realmente maravilloso. Que el puto corazon sigue dando vuelcos, dejando su babita de sangre negra. El puto corazon de la sirena no es una pasa de uva.Esta lleno de linfa, de hemolinfa, de cosas de colores fluorescentes, amarillo y rojo. O rojo y negro como la propaganda de lucky strike.
Este blog es una enseñanza para los jovenes: los amores perros no se rinden.

lunes, 11 de octubre de 2010

hospital. Rengo ¿puedo pedirte una actitud multimedia, que lo leas escuchando fire and rain?

Recibí cierta llamada de un hospital. Era un trabajador social de la guardia. Un residente. (por eso llamaba, para cualquier otro no hubiera sido urgente).
El rengo estaba internado, y tenía una pequeña libretita donde decía mi nombre en el renglón "en caso de accidente llamar a".
Pensé en estafas telefónicas, estoy advertida.
Evalué la posibilidad de negarlo, tres veces, decir " no conozco a nadie llamado así" pero no me dio la tripa.
El pibe (tenía voz de pibe) me tranquilizó: no es algo grave, está confuso, la llama, vengasé.
El hospital no era el de mi ciudad, pero yo sabia que él había nacido allí, así que no me extrañó que anduviera por esos pagos. Pero le veía mas sustento a la hipótesis de la estafa que a me llamaran en su nombre.
Tiene familia, entiendo que hay un par de mujeres con las que estuvo casado, y se lleva bien, amigos. Yo lo ando rondando sin éxito, pero no figuro ni a placeé.Ni para la cama le sirvo.
El no me quiere y me lo hace ver.
No me van cagar, pensé al tiempo que  me vestía, agarraba plata para eventuales remedios,  y buscaba en la guía el teléfono.Era una guia vieja pero el hospital tiene mas de cien años.
Habían ingresado un tipo  con el nombre del rengo (su amado nombre). No daban otra data por teléfono.
Junté fuerzas y fui. Cuando llegué todavía no clareaba.Yo amanecida soy mas fea que pegarle a la madre con toalla mojada .Tenia el pelo sucio, y estaba muy asustada. Me daba un poco de pena no ser linda.
Y temblaba.
Hice el gesto inútil de la compra de agua mineral, por llevar algo. Junte coraje y me mandé. Pense en que cuando lo viera le iba a besar los labios, dulcemente.
El hospital a la madrugada.. Gente acurrucada en bancos, alguno que llora, la puerta solitaria. El olor a hospital, mixturado con olor a ciudad vieja que todavía no se despertó, un vago olor a desinfectante, a lavandina, a cigarrillo. A desamor.(El olor a sexo es como de picantes, el olor a desamor es como a  humedad)
Pregunté por el rengo en informes:  lo tenían en un box. Cuando me vio, pidió que llamara a la agencia de seguridad, porque no había ido a su laburo de sereno. Salvo eso, ni una palabra.Me miraba como por atrás de un vidrio, Por que viniste, parecía decirme, mirándome desde  lejos, los ojos llenos de lágrimas Me llamaron, nada  mas, le conteste a una pregunta que no me hizo.Es que siempre hablo de mas, siempre creo que se lo que el quiere preguntarme. Es una tara que tengo.
De besarlo en los labios, no hubo manera. 
Entra un enfermero marica, le saca la vía, y le dice Guapo, no te quiero ver mas por acá, vos tenes la bebida mala, cortala y ahora que vino tu chica, te podés ir.
El rengo agarra sus cosas, se pone la campera y me deja allí.
Lo veo irse, y  a mi se me van las fuerzas. Yo no lo sigo. Me recuesto en la camilla, tratando de snifar su olor,  de acodarme en el calor que su cuerpo había dejado.Me siento estúpida. Cuantos infelices habrán cagado fuego en ese mismo lugar. Y yo buscando su aura.
A los tres minutos vienen a limpiar el box, me ve la mucama y me pide que me retire.Cuando salgo, sin el agua mineral, me corre un tipo.Dice: " yo hable con ud. por telefono, ud. vino por (acá dice su amado nombre), Si, digo, soy yo. Su novio se olvido ésto, haga que no tome mas alcohol, lo encontraron tirado en la calle, lo trajo la cana, borracho perdido.No paraba de nombrarla. Yo le pregunte quien era ud. Y dijo, mi sirena, llamala.
Trasca, sorpresivamente.me abraza y me da una libreta, la libreta  del rengo, con mi nombre. en caso de accidente, y apretada escritura hoja tras hoja  con poemas y  mi nombre por todos lados, manoseados escritos, en lápiz.  con poemas que en la noche de trabajo de sereno me escribe el rengo..Quiero quedarme en ese abrazo, quiero morirme en ese abrazo indispensable,quiero hundirme en un abrazo humano.
No hay buena luz para leer los textos.Me guardo la libreta en el bolsillo trasero del vaquero y salgo. Hay niebla, y el sol que sale es opaco.Son casi las seis.
Me fijo si tengo monedas, busco un locutorio abierto en las cercanías (hay un kiosco con dos pc, una esta ocupada, un tipo mira pornografía) .
Llamo desde de la cabina a la empresa de seguridad, me quedo mirando detrás del vidrio de la cabina la espalda del pajero y en la pantalla una pareja copulando aburridamente, jadeando en ingles.El tipo es negro y tiene una verga insoportablemente larga, y los ojos como si fueran botones. Ella es una joven vieja. Me dan lástima y un poco de nausea. En la pantalla de la pc apagada el vidrio negro  me refleja,y veo que estoy llorando
Y me voy. Hace frío, y hay mucha niebla. Cuando escampe va a ser un día de sol.

domingo, 10 de octubre de 2010

salud sexual.

dedico este post a pablo (de una palida idea) y a jonatan (de roca genocida) a quienes no les gusta leerme post eroticos y me quieren casta y me quieren alba. Y al rengo, por otras razones (basicamente para que se cague de risa) Abajo està la letra.

Oh, baby ahora venite esta noche.

estoy tan caliente como un horno.Necesito tu amorY baby, no puedo aguantar mucho más tiempoAhora esto es cada vez más fuerte y más fuerteY cuando llegue ese sentimientoNecesito una curación sexual, una terapia sexualY me hace sentir tan bienY ayuda a liberar la menteSalud sexual es bueno para míla curación sexual es algo que es muy bueno para mí
Siempre que estas lágrimas azules están cayendo¡Oh, no - y mi estabilidad emocional me está dejandoHay algo que puedo hacerOh, puedo conseguir en el teléfono y llamarteCariño, sé que estaré allí para aliviarEl amor que me das me liberaráY si usted no sabe las cosas que estamos tratandoOh, puedo decirte querida, oh, es la curación sexualArriba!Hagamos el amor esta nocheDespierta, Despierta, Despierta, DespiertaPorque lo haces bien
Sáname, mi amor

sábado, 9 de octubre de 2010

no soy mala hierba, solo soy hierba en un mal lugar.

beautiful boy

matamos dos pájaros de un tiro. Publicamos la canción que Lennon le hizo a su pequeño hijo y le agradecemos a Curiyú que nos haya pedido la descripción del Rengo,lo que podrá, eventualmente, funcionar de advertencia para que las mujeres puedan cuidarse de caer bajo sus encantos.
Es que pasa que el tipo viene y se pone a cantar y las mujeres solas (somos legión)empezamos a licuar aguas por los orificios: por ej. a llorar.
En el caso de la sirena, ella llora vodka y él lo sabe y como es malo acude a cantarle con una latita de paté vacia y recoge (en vez de recogerla a ella)sus aguas. Mirenlo: con su patita de palo a la vista, para conmoverla le canta canciones, y en la que esta posteada aca abajo se habla de un niño muy pequeño al que se lleva a dormir, y la sirena llora vodka y el rengo se lleva la lata de pate llena para sorber con la lengua aplanada y rotunda. La sirena llora porque no puede tener hijos y lo anhela (no sabrìan donde llevarla, si al mundo marino o la maternidad Sardà) lo cual es bastante triste, por cierto.
En cuanto a ud. Curiyú, acabo de advertir que es una enorme serpiente del rio barroso.Y que tambien tiene un niño pequeño, un beatiful boy. Tengo miedo que le haga mal a esta sirena del río, a la que nadie quiere bien a excepción, por solidaridad de gènero, de las buenas mujeres que estan a un pequeño paso de convertirse, con solo una mirada de el bienamado, en chicas pescado,dejando de lado toda racionalidad.
A ellas, una conseja: huyan, mujeres, los amores perros no garpan.

viernes, 8 de octubre de 2010

Arte conmemorativo frente al Pozo de Banfield

Arte conmemorativo frente al Pozo de Banfield

alli estaremos. (queriamos estar en el encuentro nacional de mujeres, pero no fue, sigo llorando por la raja), pero si mañana sale el sol, nos vamos para el camino negro, cantando por la vida, dice la milonga del fusilado que los compañeros solo se mueren si los olvidamos. No aflojamos. no señor.

jueves, 7 de octubre de 2010

vos queres que te explique lo que pasa con el rengo????

 Maestro ¿que es el zen?
He estado explicando Zen toda mi vida, dijo el maestro, y, sin embargo, nunca he podido comprenderlo. Pero, dijo el alumno ¿cómo puede usted explicar algo que no entiende? 
Oh, exclamó el maestro, ¿también tengo que explicarle eso?

miércoles, 6 de octubre de 2010

como no quiero que me traten mal, dejarè de ser una sirena.

asi como la oruga se vuelve mariposa, el lechon chancho, y el guarro jovencito en un aburguesado bancario yo hoy mismo me propongo dejar de ser una sirena. Serè otra cosa. Una mesera de un bar de rutas, una alimentadora de pajaros de plaza, no quiero ser sirena para que el rengo me bardee.Y ademas creo que este poema de neruda me dañó la mañana..


Todos estos señores estaban dentro
cuando ella entró completamente desnuda
ellos habían bebido y comenzaron a escupirla
ella no entendía nada recién salía del rio
era una sirena que se había extraviado
los insultos corrían sobre su carne lisa
la inmundicia cubrió sus pechos de oro
ella no sabía llorar por eso no lloraba
no sabía vestirse por eso no se vestía
la tatuaron con cigarrillos y con corchos quemados
y reían hasta caer al suelo de la taberna
ella no hablaba porque no sabía hablar
sus ojos eran color de amor distante
sus brazos construídos de topacios gemelos
sus labios se cortaron en la luz del coral
y de pronto salió por esa puerta
apenas entro al rio quedó limpia
relució como una piedra blanca en la lluvia
y sin mirar atrás nadó de nuevo
nadó hacia nunca más hacia morir.

domingo, 3 de octubre de 2010

elogio de los años.


si este blog tuviera tags, si los sapos tuvieran pelos, si yo tuviera una segunda oportunidad...
si este blog tuviera tags uno sería "pasan los años" porque por primera vez en mi vida, despues de los cincuenta, empecé a preocuparme por los años.
Eso coincidió con que no tuviera que dedicar mas tiempo a las mieles de la crianza de niños. Una vez que tus pibes terminan la secundaria se te vuelve el tiempo para vos.
Un dia, mis dos pibes vivian en casa aún y me di cuenta que hacia mucho tiempo que no hacia algo por primera vez. De ahi en mas empece a hacer cosas.No fue una decisión, fue un proceso. Lo cuento esto porque a veces se puede suponer que a medida que pasan los años solo advienen perdidas. Hoy, leyendo el diario,el Tiempo Argentino, porque no soy peronista, pero soy una chica progre en el buen sentido de la palabra, vi unos hermosos dibujos de Max Cachimba (antes de tener el blog la plástica no era mi preocupación, pero uno encuentra nuevos intereses, y desangela otros, eso no para) y un reportaje donde le preguntaban al tipo  ¿te preocupa notar el paso del tiempo? Estoy conforme, dijo, de ser cada vez mas viejo porque soy menos pelotudo.
hago mia esas palabras, si señor.
Efectivamente desde un tiempo hasta esta parte, y contrariando lo que pueden pensar los demas, me noto mucho menos pelotuda. Y eso me hace muy feliz.

sábado, 2 de octubre de 2010

una de dolina.

Leyendo a Dolina, y las sirenas de Santa Rita, me preguntaba porque tanta gente ha escrito algo de las sirenas. Yo no era una entendida en el tema, hasta tener el blog y si ud. me apura, si se trata emitir criterio sobre criaturas inexistentes, me preocupaban mas los zombies y los chinos. (No hablo de los chinos de supermercado, esos existen, hablo de los chinos de la China, imperio improbable y lejanísimo, donde hay una ciudad prohibida con 999 cuartos y la gente se arrodilla ante una emperatriz que no se corta las uñas)
Las sirenas me vinieron a buscar, yo no las busqué a ellas. Se me pegaron como piojos, y se multiplicaron y ahora soy, que mas, una puta sirena de río.
El blog se llama sirenas ahogadas en vodka, como un chiste para el rengo. Sin embargo y con infinita sorpresa la primera vez que escribí mi primer post en mi primer blog hablé de sirenas, y no de zombies y no de chinos.
La cuestión es que si bien se las puede encontrar dibujadas en  trios o cuartetos, arriba de piedras, las sirenas son minas solitarias. Minas imposibles, minas que no se van a dar el gusto. Yo lo sé. Si yo fuera un zombie o una emperatriz de la china, tendría mas chance. ¿Por que nos siguen hablan algunos significantes? 
Las mujeres que pasamos por aqui somos sirenas. Yo lo sé. Nadie lo diría si me ve que lo soy. Pero con una fotografía kirlan, una tomografía computada o zampandomé un beso de amor en la boca, se podría corroborar cientificamente esta afirmación. Yo lo se, y a veces me basta. Bueno, acabemos de una buena vez con estas pelotudeces, que ya estás grande Sirena, no pierdas el tiempo que se te viene la noche. Escuchemos a los que saben: Dolina y las sirenas de Santa Rita.

Todas las noches a las dos, en una esquina de la calle Sanabria, lejos de los poderes del Ángel Gris, aparecen las Sirenas de Santa Rita.
Se trata de criaturas de perversa belleza, mitad princesas y mitad milongueras.
Atraen a los caminantes desprevenidos con indecentes pasos de danza y con un canto provocativo que dice así:
Aquí bailan las Sirenas,
Sirenas de Santa Rita.
Lo que te dan con el cuerpo
con el alma te lo quitan.
Nuestros amores eternos
son como estrellas fugaces.
Somos fieles y constantes
con el primero que pase.
Sirenas, Sirenas…
que se miran y se tocan.
Le regalamos la muerte
al que nos bese en la boca.
Tal como anuncia la copla, el beso de las Sirenas es fatal. Pero es imposible resistir la tentación.
Algunos camioneros audaces se atan con cadenas al volante de sus vehículos y pasan por la calle Sanabria para poder ver y escuchar este prodigio.
Por eso es que hay en esta zona muchísimos accidentes de tránsito

viernes, 1 de octubre de 2010

mujeres que hacen cosas con las palabras. Un poema que encontre en un blog. No es mio pero podria serlo, claro que si.

(hice trampa, cambie el poema.
Trampa para quien? para mi. Este nuevo, es mejor que el anterior, es mas sirena, y a la vez es menos quejica.
Tengo a veces la tara de ser una mina quejica. Es de mentirillas, pero podria ser  por lo menos un poco agrandada, que como vicio, es infinitamente mas empoderante)

Este poema de Gioconda Belli, famosa poeta nicaraguense (si el mapa que hay adentro de mi cabeza no se esta deteriorando) habla de uno de los tópicos mas transitados por este blog: como envejecer con gracia, que podria ser el subtitulo de las Sirenas Ahogadas en Stolichnaya. Si viviera sola, por ej. ahora me tomaría, en ayunas un trago de stolich directamente del pico. Me dieron ganas. ¿saben que el vodka no da aliento alcoholico?¿que no da resaca?
Pero solo compro stolich para regalar, en mi bar del comedor unicamente hay licores de abuelas, whiski, legui puede ser, y eso que se usa para hacer cashasha y seguro un   poco de mezcal con gusano.Nada digno de una sirena a las siete de la mañana.
 
Desafío a la vejez
Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.

la mejor poesia es ver ahora al presidente Correa hablarle a su pueblo

Los golpes de estado no pueden tener mas lugar en nuestro mundo. Latinoamerica UNIDA


 O SALGO COMO PRESIDENTE DE UNA NACION DIGNA O SALGO COMO CADAVER!!!