a los lectores de este blog

mandenme en un post cualquiera,en comentarios, los links a los blogs que escriben. Quiero leerlos, como uds. a mi y he perdido el rumbo. Prometo pasar por todos. Estoy tejiendo blogues.


un poema de Mariana Kruk

# (de "fuego o nada")

#

cualquier vicio
conjuga por igual
placer y riesgo.
tu boca se prestaba
y yo,
ludópata del amor,
no me iba a tirar a menos.

viernes, 16 de abril de 2010

jitajanforas.

hubo un tipo que yo me se.
Y era uruguayo y murio (se mato)el año que yo naci.
Y como Cesar Bruto, como los chicos, como Oliverio, como tantos, gustaba de los juegos de palabras. Porque no hay nada mas divertido que usar las palabras para hacer del malentendido una broma.
JITAJANFORAS, se llamaban esas hermosas palabras luminosas como soles verdaderos,explotando de sentido, como coladas de arrabio, dejando luces y astillas.

Va un cacho del Gusano Loco, de Wimpi, el yorugua que murio el año que yo naci.
Jitanjáforas. Lo que dice de los locos es verdad, se les rompe el vinculo inestable que ata significado y significante, y asi revientan las palabras, buscando su sentido. A veces, a nosotros nos pasa lo mismo.


WIMPI: El gusano loco, Buenos Aires, Borocaba, 1953.


Los psiquiatras prudentes no se atreven, ya, a marcar el límite que separa la supuesta locura de la -desde luego que también supuesta- cordura de los hombres.
Y bien: los locos inventan palabras[i].
El doctor Enrique Mouchet[ii] le oyó decir a una paciente cosas como: señoritas periodicasténicas, dentistas astojacménicas, leyes calusticias.
El doctor Emilio Mira y López[iii] asistió a la confesión de otros demorados en el sentido de que tenían ideas trasmetalizadas y eterimagnetocolubrizadas por el estado helicoidal. Hubo los que afirmaban que eran hidústicos, relipetánicos, carjovéticos o simpulíneos. Otros, aún, se han sentido mixinetizados, teorquizados y veían estrumigencias.
A propósito de estas perturbaciones del lenguaje en la esquizofrenia dicen los psiquiatras que “el sujeto nos produce la impresión de que no siente lo que dice o no dice lo que siente”.
Pero es justo reconocer que esa impresión no sólo se recibe oyendo hablar a esquizofrénicos declarados…
De pronto el tipo normal hablando con palabras normales a las que el uso o las Academias les asignaron un significado, no dice absolutamente nada o dice lo contrario de lo que piensa o dice, aun, lo que nunca habría querido decir.
Entonces ¿qué se gana con que quieran decir algo las palabras?
Además, en el mejor de los casos, siempre se dice lo mismo: “el lechón de noche es pesado”, “ya vendrán tiempos mejores”, “no somos nada”…
El tipo adulto y normal no demuestra la necesidad de decir otras cosas.
En cambio el esquizofrénico, con su regreso al estado del criterio mágico, dispone de asociaciones insólitas y -¿por qué no?- bien pudiera ser que aunque no se produjera, paralelamente, en él, un descuartizamiento del pensamiento lógico, lo mismo necesitara palabras inexistentes para expresar estados o percepciones que no tuvieran precedentes en la historia mental del tipo sano.
También el niño, que está más cerca de lo mágico inventa palabras[iv].
En el terreno poético -el único en que se registra alguna tentativa más o menos honorable de meterle una cuña al horizonte que se aplasta contra el suelo de las horas y levantarlo para contemplar el día 367- no hay ninguna necesidad de entender lo que se dice para desentrañar su sentido.
Dijo Paul Eluard: El cisne de mi sangre se ha comido todas las grosellas del mundo.
Y Federico García Lorca:
Verde que te quiero verde
verde viento. Verdes ramas,
el barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Y si se dijera:
Pachilitama lifina
Cocaringo muningón.
Titocurrita tatina,
Papacota bilondina
¡chacharrá colingundina!
Lumitón.
¿No sería lo mismo?
¿No podría ser esa una solución en tanto que cuando se oye conversar a dos personas tiéntase, quienquiera que atienda, a suponer que con la palabra -signo arbitrario y convencional le llamó Whitney- y, particularmente, con las palabras a las que se les acordó una acepción, ya no puede decirse nada?
- Hola, ¿qué tal?
- Acá andamos. Ya lo ve. ¿Por allá?
- Más o menos. Hoy bien, mañana regular. Pero, nos defendemos.
- Bueno, mientras haya salud. Lo principal es la salud.
- Ah, seguro. Salud hay una sola y una vez que se pierde no se puede comprar
con plata.
- Por eso le estoy diciendo.
Uno de ellos se acomoda el diario debajo del brazo. El otro se tira para abajo las puntas del chaleco y hace una pequeña flexión para desincrustarse el pantalón de la entrepierna.
- Parece que se asentó el tiempo, ¿no?
- Hasta que no cambie el viento, no crea. Ahora, si cambia el viento, sí. Pero yo,
a mí, mire, no habiendo humedad ¿no es cierto? Yo soy una persona que, a mí, la humedad me voltea.
- Sí, claro. La humedad es lo que tiene.
- Por eso le digo.
Y cuando regresan a sus respectivas casas, los dos dicen lo mismo en la mesa: “Hoy me encontré con fulano. Charlamos como una hora de un mundo de cosas”.
Es preferible creer que el tipo cuando habla no dice nada -con lo cual sólo se admite la inocuidad de las palabras actuales- que creer que algo se dice al hablar y el tipo no entiende, junto a lo cual habría que admitir una involución hacia el estadio de la bestialidad en el que todavía no se habían inventado las palabras.
Las jitanjáforas podrían constituir un ensayo de solución todavía inédito.
Fue Alfonso Reyes[v] quien bautizó con el nombre de jitanjáforas a las palabras que no quieren decir nada.
Cita, el ilustre mexicano, unos versos que decía, siendo niño, y cada vez que se enojaba, el poeta Miguel Ángel Osorio -que también se llamó Ricardo Arenales o Porfirio Barba Jacob:

La galindijóndi júndi
la járdi, jándi, jafó,
la farajíja jíja
la farajíja fo.
Yáso déigo, déiste, húndio,
dónei sopo don comiso,
¡Samalesita!

Revela el autor su impresión de que estos versos debieron ejercer determinante influencia en el poeta Mariano Brull quien, y para que los recitasen sus hijas cuando iban visitas a la casa, componía otros como éstos:

Filifama alabe cúndre
ala olalúnea alífera
alveoléa jitanjáfora
liris, salumba, salífera.

Olivia oleo olorife
alalái cánfora sandra
milingítala girófara
zumbra ulalíndre calandra.

Al conocer esa producción, Alfonso Reyes eligió, de entre las otras de tal estrofa, la palabra jitanjáfora, y le puso Jitanjáforas de sobrenombre a las hijas declamadoras de Mariano Brull, para luego, a manera de homenaje, extender la designación de jitanjáforas a todas las palabras con que el poeta componía sus versos.
Por no atreverse a llevar a fondo su reforma -una de las más alentadoras de las registradas en estos últimos milenios- los surrealistas se vieron limitados a decir, como Benjamín Peret: “Los elefantes son contagiosos”, “Aplastemos dos adoquines con la misma mosca”, “Hay que pegarle a la madre mientras es joven”[vi].
O como Najda, la mujer de André Bretón: “La garra del león aprieta el corazón de la viña”.
Teniendo en cuenta que se ha llegado a una altura del desentendimiento en la que nadie pone, ya, atención en lo que va a decir el otro porque calcula, de antemano, que no le convendrá entenderlo, cabe reconocer que la jitanjáfora sería por lo menos una novedad.
¡Qué alivio se experimentaría diciéndole al semejante “Fucunimbú mamicordión pipotín. ¿Bichauquera? ¡Peñute!
¿Qué quiere decir mamicordión? ¿Qué quiere decir peñute?
Todavía no se sabe.
Pero ya llegará el día en que al salir el tipo a la calle de mañana se la encuentre llena de peñutes y de mamicordiones. Y hasta de jolijántoros.
Más vale que no se deje agarrar desprevenido.
Y, después de todo, decir lo que todavía no quiere decir nada, es aprovechar a decir decentemente aquello que, cuando quiera decir algo, ¡quién sabe para decir qué van a decirlo!

[i] Se la llama jargonofasia a esta facultad.
[ii] “Psicopatología del pensamiento hablado”. Ed. Médico Quirúrgica. Buenos Aires, 1945.
[iii] “Psiquiatría”. Ed. Salvat. Barcelona, 1935.
[iv] Entre muchas otras cosas está aquello de: la vieja / viruela / de picopicotueja / de pomponirá.
[v] “La Experiencia Literaria”. Losada, Buenos Aires, 1942.
[vi] 152 Proverbes mis au gout du jour”.

4 comentarios:

  1. ey, cortazar tambien usaba esto. El juego del cementerio de rayuela, por ej.

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  2. ¡Yo escuché un disco de wimpi! Cuando era chico.

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  3. sabe quien hablaba siempre de Wimpi? Mareco. Y un dibujante de historietas que se llamaba Brocoli, y murio joven tenia un personaje, el mago Fafa, que en vez de decir abracadabra decia (dice) Jitajanfora!!!!
    en cuanto a usted, yo y aun lectores de este blog que leen solo los comentarios y no los post somos deudores de esta logica. Cuando decimos "buen dia, como va la patrona" en realidad estamos diciendo "sofrenate la magnolia que la cabreada de la mifta no acepta euros"
    Hablando de otra cosa, muy feo que me de la cana en el blog oficial, ja.

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  4. claro, puede ser que su juventud no le permita saber quien era mareco.!!!
    ay patria mia.

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las palabras son redes que nos ayudan a sostenernos.
no te podes imaginar lo importante que es para mi tu comentario.

algo viejo que merece volver a leerse.

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