sunday evening.


Caldeaba el sol de febrero la tira del asfalto.En el aire del crepusculo se sentia una mezcla de goma quemada, clavo de olor, fritanga de pollo.Podiamos jugar una apuesta a ver quien se sentia mas desubicado. Hubieramos empatado finalmente.
No tendriamos que habernos esforzardo tanto, si igual la vida te da revancha. Despues. Pero ese dia no habia despues. El tiempo coincidia con el concepto exacto de la eternidad.

A los catorce es asi: no podes zafar, te lleva a la vida a meterte en camisa de once varas,  y rodas a como venga , puesto a recitar  un libreto ajeno que no conoces, que te suena impostado  y todo es demasiado azul y demasiado rosa y de bordes negros. Hooper lo sabia, y por eso lo pintó, antes, en otro lado, pero era eso. Sunday evening.
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Mangas de mariposas lecheras, insignificantes, pasaban y se empezo a hacer hilachas el horizonte, naranja y purpura. Metia miedo ese color. El olor cambio a otra cosa, el asfalto dio paso a  tierra con pasto a medio crecer, nos cruzo un caballo con jinete, si a esa penosa yegua te animaras a llamarla caballo, si a ese pobre tipo roto,  nombrarlo jinete.Las piernas de ella crecian mas aun que las sombras. Haciamos el esfuerzo de hilar una conversacion y la primera estrella agujereo el cielo negro. Yo mire para arriba y la estrella era una lucecita de kermese de pobre, colgada en un telon pintado de negro que simulara el cielo. Ella era todo piernas, ojos desmesurados y olor de mujer. Yo era nada, luna que reflejaba su luz.


Papapapapappa ruidos. Olor de mujer salia de ella. Nunca habia olido eso pero no habia duda de que era su olor dulce, oxidado, y yo cada vez mas triste y ella cada vez mas callada.
El dia que termino el verano eramos un cuadro de Hooper; Sunday evening.

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